Se agranda la oposición



Osvaldo Quinteros-. Hay sutiles pero persistentes movimientos de dos pinzas que amenazan con adelgazar la alianza policlasista que había logrado conformar el PRO orbitando sobre clases medias bajas y empresarios pymes e industriales.
El estallido de esa empresa social, esa alianza policlacista, aún no se produjo ni es probable que se produzca. Pero hay esquirlas que están desvaneciendo el cuerpo compacto que, no solo por el discurso vacío del plano publicitario, sostuvo a Cambiemos.
A medida que el gobierno fracasa una y otra vez con sus promesas de un futuro mejor en la economía y a la vez que no acierta en la política exterior, como si viviera congelado en el mundo post soviético de la década del noventa del siglo pasado. La alianza social que logró expresarse de manera contundente en el balotage del 2015 comenzó a desvanecerse en las elecciones legislativas del 2017, pero como Cambiemos triunfó holgadamente, no le prestó atención a que su volumen electoral, en realidad, se achicaba. E iba perdiendo, por goteo, en diversas franjas sociales, a medida que cierto sector del gobierno avanzaba con sus planes -el sector ultra, el mas corrido a la derecha, encabezado por el Banco Central, el Ministerio de Energía y Minería, el Presidente de la Nación y los lobistas del jugoso negocio de endeudar el país-. Se iban alejando las clases medias bajas, los sindicatos colaboracionistas, el propio peronismo federal, que intentó acercarse al macrismo paladar negro, comenzó a tomar sutil distancia y el sector duro de la oposición pasó a tomar consistencia, tanto en la izquierda clásica y minoritaria, que ahora se ve revitalizada, como en los abundantes sectores nacionales y populares del peronismo.

Por ahora y como es de esperar, los consultores no registrarán en sus encuestas, para alivio momentáneo del gobierno nacional, este corrimiento, porque falta mucho para que los desencantados decanten, justamente, en una opción política. Entre otras cosas, porque falta mucho para las elecciones.
Sin embargo, hay que prestar atención a este fenómeno, porque si el gobierno no da un volantazo, se agravará.

Si por un lado frena su batería de medidas contenedoras de cierto progresismo, como el debate que disparó sobre el aborto o el nepotismo gubernamental, y a la par no prosigue con iniciativas filofascistas que buscan seducir el electorado de Massa como la defensa de los asesinos que matan jóvenes pobres por la espalda pero con armas otorgadas por el estado y con salarios de sicarios o el decreto de puesta en marcha de la pena de muerte sin juicio previo si no se saluda a una torre de control aéreo o el decreto racista para expulsar inmigrantes de acuerdo al color de piel, frenado parcialmente por la Justicia. Si no prosigue con esas medidas políticas o si esas medidas políticas quedan en la nada por el fragor del desastre económico, tendrá problemas aún mas graves de los que ya tiene.
Si frena la obra pública, la Patria Contratista, buscará generar turbulencias. Y además, afectará el empleo, el consumo, la pobreza.
Si logra controlar el dolar, tendrá disgustos en el sector oligárquico exportador, que hoy representan los gobernadores del peronismo amigable de las Pampa Húmeda, como el entrerriano Bordet. Si controla el dolar y la inflación, afectará a los verdaderos sectores productivos, los fabriles, que están bajo el ejido del PRO o aliados en Rosario, Córdoba, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires.

La crisis que el gobierno se autocreó para hacer pingues negocios financieros y fugar lo recaudado al exterior, pone en juego también su pericia política para contener a los sectores sociales que supo representar y que en tan poco tiempo comienzan a abandonarlo.