Pasa las lluvias, quedan las desidias



Pablo Mori-. Cada vez que llueve se repiten dos escenarios que si bien padecen los efectos del diluvio, no son atendidas las demandas de la misma manera. Por un lado los ricos, que con sus botas de cuero y camionetas de lujo piden no pagar impuestos y por el otro, los pobres, los que perdieron todo (ropa, colchón y techo de la casa) que no son escuchados ni mucho menos recibidos para la foto oficial.
Esto último, por ejemplo, se vive en Concordia, donde el intendente Cresto, a principios de año, con bombo, con platillos, catering, prensa y  Macri cantándole el feliz cumpleaños al gobernador, sostuvo que en una de las zonas "mas populosas" (palabra utilizada por los políticos porque le da vergüenza la pobreza), se iban a invertir mas de 40 millones a través del Programa de Mejoramiento Barrial (PROMEBA) en la zona noroeste de esa ciudad.
Todo una puesta en escena, las obras no se han hecho y las casas mas precarias, sobre todo en las del Barrio que lleva el nombre del abuelo del intendente- se caen a pedazos.  Lo único que queda de las promesas son los piquetes que siguen haciendo los vecinos cada vez que llueve en reclamo de chapas.

Siglo XXI y aún en una provincia que le da de comer a muchos y que recibe a "turistas" gustosos de  gastar su plata en ella, estamos hablando que aún existen ciudadanos que viven en condiciones paupérrimas (para quien no le gusta googlear "paupérrimo" es la palabra que se utiliza para designar la máxima situación o grado de pobreza en el cual se encuentra una persona, grupo social o Nación. Fuente Wikipedia) y que viven no en una pequeña Junta de Fomento ubicada en el Kilómetro tanto, perdidos entre la Cuchilla de Montiel, sino que viven la segunda ciudad en importancia de Entre Ríos.
Es cierto que los financiamientos a veces se demoran (en este caso en concreto el PROMEBA III corresponde a la Secretaría de Vivienda y Habitat que depende del Ministerio del Interior) aunque los problemas básicos de los ciudadanos (cloacas, agua potable, conservación vial) en cualquier lado, la responsabilidad es de quien gobierna directamente, los intendentes, quienes son los que cobran las tasas e impuestos para cumplir con esos servicios.
Algún chupamedias y defensor de los poderes de turno me dirá: "La culpa es de Frigerio, no del pobre Enriquito, en Buenos Aires atiende Dios". Según estos chupamedias, Frigerio demoraría el envió de las partidas para poder ser manejadas por él cuando se acerque la campaña.
Si este razonamiento fuera real, entonces, solo me queda decirle al pobre Intendente Cresto que se fije en sus defensores: se supone que "la buena relación" entre los gobiernos nacional, provincial y municipal, de la que Bordet y Cresto se jactan, debe servir para poder manejar mas eficientemente los recursos que administra la nación.
Hay que decir también, que los problemas que ocasionan las lluvias no se producen solamente en la "Capital de la Pobreza Citrus", pasa también en las mayoría de las ciudades urbanizadas de la provincia, donde el crecimiento desmedido y sin planificación ha llevado a que se constituyan nuevas barriadas y en condiciones de precariedad.  Y si nos ponemos exquisitos, el tema de las "villas" no es un problema excluyente de Entre Ríos o de Argentina sino que afecta a todo el mundo y prácticamente ya son un "Patrimonio de la Humanidad".



Es  de resaltar, sin embargo que en la capital provincial, en medio de las grandes precipitaciones, el gobierno municipal se hizo cargo de la asistencia inmediata, mientras por otro lado tenía que soportar el embate judicial de vecinos "emponderados" de la zona mas residencial que en un ataque de sentimentalismo ambiental, se quejan de las torres de departamentos, cuya construcción -en potencia- no solo genera puestos de trabajo sino que además, contribuiría a resolver el problema de que existan zonas de la ciudad pobladas de manera precaria y afectadas cada vez que llueve.
Porque una de las soluciones arquitectónicas a la mala planificación y desarrollo con la que creció Paraná, es la densificación.  Densificar, significa utilizar de forma más intensiva el suelo urbano.

Paraná desde hace varios años se viene densificando debido a la necesidad de las personas de vivir en centros más activos y no vivir en barrios que están lejos de sus lugares de estudio o trabajo, entonces, oponerse a la construcción de edificios es básicamente aportar a que siga habiendo segregación, empujando a cada vez mas vecinos a vivir en la periferia, beneficiando a algunos pocos  provocando el alza de los precios de sus casas o  departamentos, ya que se reduce la oferta de vivienda con posibilidad de ser construida en altura.