Otra vez sopa

 Ezequiel Bauman-. Los costos de la vuelta al FMI.


Como registran la mayoría de las encuestas -realizadas por consultoras cercanas a Cambiemos- no ha caído bien en la inmensa mayoría de la gente la vuelta al Fondo Monetario Internacional.
Aún son frescas las imágenes del Fondo Monetario Internacional dejando caer al doctor Fernando De La Rúa por no aprobarle un préstamo stand-by (del mismo tipo que pide ahora el ingeniero Macri) de apenas 1.300 millones de pesos, que en aquel entonces eran equivalentes a dólares.
Mas lejana en el tiempo está la actitud del FMI de prestarle a la sangrienta dictadura militar, aun cuando el destino de esos créditos sea un misterio. Ahí nació la cuestión de la deuda externa como un problema estructural del país. Ahora está volviendo con todas sus fuerzas. Lamentablemente.

Nos habíamos olvidado de ese problema estructural en el 2006, cuando el Dr Néstor Kirchner, al frente de la Presidencia de la Nación, ordenó pagar con reservas del Banco Central comandado entonces por el economista Martín Redrado, pagar la totalidad de lo adeudado al FMI. Se pagó en efectivo un total de 8.000 millones de dólares, siete veces mas que lo que el FMI nos había negado cinco años atrás.

La asunción del gobierno del ingeniero Macri fue la asunción de un gobierno endeudador serial, que hace pingues negocios personales, junto a los CEOs de los bancos y algunos estudios jurídicos y contables -casualmente parientes de los funcionarios del gobierno- con la hipoteca del país.
La bicicleta financiera -en la jeringosa de la Iglesia Central del Reino del Dolar se le denomina Carry Trade- a través de las Lebacs se licuaron los últimos créditos del exterior, a tasas exorbitantes. El Banco Central, quebrado en los hechos, hizo todo lo que un buen religioso neoliberal recomienda para frenar una corrida bancaria. Al país le costó fortunas, a la economía de los próximos meses le costará millones de nuevos pobres y desocupados, y aún así no pudo frenar la escalada del dolar ni la inflación. La religión neoliberal promete que si el pueblo sufre mientras ellos se enriquecen aún más, luego vivirán todos en un paraíso. Claro que ese paraíso la gente común, la gente de a pie, lo conoce una vez que se murió por falta de medicamentos, por depresión por carecer de trabajo, por mala alimentación, por hambre, por una salud pública precaria.
Vamos derecho a una estanflación. Que significa estancamiento -que es un escalón mas bajo que la recesión- junto con inflación.


Nadie con dinero en Argentina o en el exterior va a montar una fábrica en un país que paga 40% anual de Letras del Banco Central -las famosas LEBACs- y que por lo tanto puede ingresar dólares, pasarlos a pesos, comprar LEBACs y al vencerse éstas, volver al dolar y fugarlo a una cuenta offshore, tal y como hacen los propios funcionarios del gobierno, incluido el Ministro de Economía, Nicolás Dujovne que negocia con el Fondo Monetario Internacional un salvataje credicitio para estos sectores, para que puedan continuar la fiesta financiera pero a tasas mas onerosas para el país y al solo efecto de postergar el estallido social.
Para que tal fiesta financiera sea posible, fueron necesarios desmontar los controles de capitales, los cuales eran mínimos y de acuerdo a las recomendaciones internacionales de los organismos multilaterales. Además de la venalidad de funcionarios que solo saben hacer plata para ellos mismos, no saben cómo manejar un estado, como se demuestra de sobra en estos días, donde ya no pueden vivir de prestado.

El próximo gobierno tendrá la titánica tarea de pagar esta verdadera pesada herencia. El modelo de Cambiemos no hubiera sido posible sin la "pesada herencia" de una baja deuda externa en relación al Producto Bruto Interno, que obtuvo al asumir en 2015.
El próximo gobierno, tendrá como pesada herencia pagar esta fiesta financiera.