¿Macri se equivocó en la comunicación de la crisis?



Alexis Gravier-. Me han pedido una nota, desde Noticias Entre Ríos, sobre la comunicación de la crisis financiera y económica de estos días, la cual está lejos de resolverse pero eso no indica, per se, que el gobierno nacional no pueda capear el temporal o enderezar el barco.
Un principio básico del Marketing Político es evitar, como si fuera la peste, dar malas noticias.
Otro principio básico del Marketing Político es dar la cara en situaciones difíciles, que ameritan malas noticias.
Ambos principios parecen contradictorios, pero de lo que se trata es de hacer un correcto balance entr ambos. Un equilibrio que lo resuelve el olfato político, con independencia de los números de las encuestas y de los focus groups, ya que ante las crisis, el líder político debe tomar decisiones que pueden ser impopulares para su base electoral pero a la vez ser correctas, y de ser así, cuando esa decisión impopular de sus frutos -siempre y cuando sea una decisión correcta- el líder político ganará más imagen de la que perdió y pasará de la categoría de líder político a estadista.
Esto no equivale a decir que toda decisión impopular sea necesariamente buena. De hecho, la mayoría de las decisiones impopulares, son malas.

Lo que se ve desde el gobierno nacional es que utilizan un principio básico y gastado, no acorde a la magnitud de la crisis (o a cómo ve la gente la magnitud de esa crisis, que es casi lo mismo) basado en que las malas noticias y las explicaciones las dan los ministros, las buenas nuevas las da el Presidente.
Es un esquema básico, simplista, y en esta ocasión a mi juicio errado.

La imagen de radicales saliendo con el rostro tenso de Casa Rosada, o Carrió diciendo lo contrario del relato PRO pero sin ninguna visión propositiva sino meramente alarmista, son catastróficas para la imagen light y relajada que el gobierno se esmeró en construir durante tantos años.
Recuerdo una pequeña anécdota.
Nos encontrábamos en Buenos Aires con Lucas Carrasco a la espera de una charla en un bar con un funcionario de alto rango en la comunicación del PRO. Recientemente, este funcionario había sacado un libro sobre la Comunicación del PRO que se había convertido en bet-sellers.
Le pregunto a Lucas si lo había leído y qué le parecía. Recuerdo que le hizo algunos elogios a la redacción del libro y a algunos conceptos sobre lo bien que entendía la posmodernidad y la sociedad líquida. Pero luego hizo una acotación lapidaria, que recuerdo más o menos así: "es un discurso para el triunfo, un marco ideológico y conceptual solo para el triunfo. No tiene una explicación para la derrota o los malos tiempos, que inevitablemente pasarán, como todo gobierno, una vez que asuman".


La caracterización me vino a la mente en estas semanas donde se veía a Ministros pálidos y encorvados, dubitativos, transmitiendo mas preocupación que confianza y se veía a un Presidente que no aparecía, que no tenía un plan con un rumbo estratégico y que repetía discursos que fueron eficaces en otro momento. "No tienen un discurso para la derrota". Exacto.

Si uno le presta atención al discurso de la mayoría de los radicales o de Elisa Carrió, va a encontrar aún en el triunfo, un componente fundamental del discurso que son las potenciales amenazas. Un clásico en el esquema FODA de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas.
La "pesada herencia" como Amenaza estaba destinada a tener su tiempo contado. Era absolutamente inevitable que así fuera. Mas aún luego de que la primer minoría de la sociedad argentina revalidara a Cambiemos en las elecciones legislativas de octubre del 2017.
Es increíble que gente altamente capacitada en Comunicación en Crisis, Marketing Político y Análisis del Discurso no hayan previsto ese desgaste de sus postulados, principalmente en cuanto a las Amenazas.

Conclusión: la actual comunicación gubernamental es desordenada, genera intranquilidad en la población y carece de un horizonte. Pero peor aún, el problema es mas profundo, es conceptual y hasta diría ideológico: no previeron que todo gobierno atraviesa trances dificultosos.