La cumbia de la clase media



Enrique Mario Martínez-. La mirada de los sectores medios

La fracción de la población que tiene una calidad de vida inferior en su memoria familiar y una calidad de vida supuesta superior en su imaginario, o sea: la llamada clase media, se expandió al ritmo del crecimiento de las ciudades. Éstas a su vez convocaron con la mayor fuerza en la etapa de sustitución de importaciones, que desarrolló industrias de todo tamaño y actividad, junto con servicios asociados a los procesos productivos; otros servicios vinculados al uso de la mayor capacidad de consumo y finalmente, las burocracias públicas consiguientes.
En 60 años, la mayoría de la clase media pasó de ser compatriotas nacidos pobres y posiblemente migrantes internos, a ser compatriotas nacidos en familias de clase media.


Aquellos sabían lo que dejaban atrás. Estos son propensos al miedo a perder, sobre todo cuando el país anduvo a los bandazos varias décadas.
Aquellos escuchaban a Perón preguntar desde el balcón quien había visto alguna vez un dólar. Estos aprendieron a usar el dólar como refugio de valor a medida que las devaluaciones salvajes les iban despojando de sus ingresos.
Paradójicamente, aquellos tenían una visión más optimista de su entorno y del futuro. Estaban creciendo. La actual clase media tiene una subjetividad más torturada. Está aguantando.
No les faltaba ni falta razón. Aquellos probablemente estaban comprando en 100 cuotas lotes en los conurbanos y construyendo palmo a palmo su vivienda. Éstos, en condiciones normales, no pueden comprar una vivienda, en un espacio que ha quedado controlado por la especulación en tierras y las constructoras rentistas.
Allá había pleno empleo y los hijos de esa naciente clase media llenaban las escuelas técnicas y más tarde las universidades, de las cuales egresaban con proyectos propios de nuevos talleres para profundizar la sustitución de importaciones. Acá y ahora el desempleo se considera bajo en el 7% y el trabajo independiente es cada vez más una quimera, a menos que se refugie en el comercio o tareas menores.
Con relación a sus expectativas, que las comunicaciones globales instantáneas convierten en necesidades- al menos aparentes- la clase media actual vive mal. Y haciendo uso del reflejo natural de casi cualquier ser humano, le echa la culpa a los sucesivos gobiernos, que le quitaron esa expectativa de crecimiento lineal, que duró apenas 10 años en la posguerra, pero que se asume como una condición posible, en un país que se dice rico en recursos, con migración interna e inmigración fronteriza a las ciudades, justamente por esa riqueza mítica que otros vienen a compartir.
Por ese motivo, toda mejora que provenga de una medida oficial tiende a verse como insuficiente, a la vez que toda mejora que llegue a los excluidos se ve como exagerada.
Los sectores políticos conservadores, que creen poder montar su futuro en esa psicología de masas procuran mostrar:
  • Que en lo esencial nada puede ser mejor para todos a la vez. Hay que vivir con lo que está a mano y algunos podrán disponer de un golpe de suerte que los mejore.
  • Por lo tanto un buen gobierno es aquel que administra el edificio social como quien administra un consorcio. No cambia el edificio sino que trata que los servicios rutinarios funcionen bien.
  • Adicionalmente, es responsabilidad del gobierno evitar que se sumen otros a disfrutar de los bienes que los sectores medios y altos tienen a disposición. Es una forma de evitar el “retroceso”.
    Por su parte, aquellos que intenten ir en otra dirección, que busque una mejora general, tienen un problema serio para establecer su comunicación con los sectores medios.
    Una opción simple sería mimetizarse con los conservadores e intentar confrontar a partir de mostrar la baja eficiencia en alcanzar los logros pretendidos. Pero eso tiene el problema que el electorado solo admite ese discurso a partir de propuestas sin historia, que resulten solo divergencias reales de gestión con lo ya establecido. Una propuesta que quiera ser transformadora no puede limitarse a discutir si el gobierno conservador incumplió lo prometido y esperar sacar de eso un rédito electoral.
    La única opción que parece fértil, aunque dura, es identificar las carencias objetivas de esos sectores medios que hoy están resignados a seguir así y defenderse de los que vienen de afuera o de abajo y plantear soluciones creíbles y concretas a esas cuestiones. Esas carencias son temas gruesos, como vivienda, trabajo masivo, infraestructura que hoy sea frágil – como la energía eléctrica -, educación y salud de calidad. En una jerarquía superior aparece – coronando el menú – la posibilidad de participar activa o pasivamente de mega proyectos de inversión masiva, que den mayor seguridad económica al futuro personal y familiar.
    Si se cuenta con esas propuestas más allá de la retórica y además si en ellas los ciudadanos podrían tener mayor control de los resultados mediante alguna participación en la implementación, se tiene un conjunto de conceptos con los cuales intentar un cambio en la tendencia que agrupa los núcleos conservadores de la población al interior de las grandes ciudades.