Hojalateros



Manuel Langsam-. El teflón no se había inventado y la vajilla Essen no existía.

Los utensillos que se utilizaban, ollas, sartenes, jarros, pavas, fuentones, eran de hojalata o enlozados. Había unos pocos de aluminio o de hierro (ollas). La gran mayoría de las familias eran de pocos recursos y cuando se agujereaba alguna olla, jarro, pava o fuentón, había que recurrir a los hojalateros para arreglarlos. También el herrumbre hacía su daño. Y entonces había que cambiar todo el fondo para dejarlo en condiciones de uso.

En Dominguez había dos hojalateros que hacían esos trabajos. Martin Espindola (Tingue) y Bruno Vargas (Juan Acero). Los dos tenían una condición común: eran alcoholicos perdidos. Pero la diferencia estaba en que Tingue tenía una borrachera alegre, en tanto Bruno se enojaba y amenazaba.

En caso de necesitar de sus servicios, se dejaba dicho en alguno de los bares el pedido y venían por el trabajo. Había que adelantarles parte del pago para la compra de ácido, estaño o remaches, ya que nunca tenían material de trabajo ni un peso encima. El resto del pago quedaba para hacerlo contra entrega del trabajo terminado, única forma para que cumplieran. Entonces inmediatamente se iban a tomar sus vinos en el bar. Porque eran borrachos de vino, nada de otras bebidas fuertes. Tingue ponía su dinero sobre la frente, ajustado con la boina, y entraba haciendo pasos de baile al bar y cantando “aca está el gaucho Martin Espíndola, que tiene plata y se va a tomar un vino”.

En cambio Bruno, se iba hablando para sí mismo murmurando cosas ininteligibles. A veces le afloraban dotes de orador, sobre todo en épocas de campañas políticas, y se instalaba en la plaza, al pie del mástil o del busto de San Martín y empezaba a hablar a un supuesto auditorio empezando siempre de la misma manera: “Hermanos y hermanas mías, ¿Por qué le pegan al obrero, eh? Díganme todos, ¿Por qué le pegan al obrero?" Luego saludaba a sus imaginarios oyentes y se iba a dormir la borrachera a su casa.

Como tantas otras cosas, con el tiempo desapareció su oficio, Y desaparecieron ellos seguramente destruidos por la cirrosis. Pero queda el recuerdo de esos dos personajes tan típicos en Domínguez.