¿Hay 2019?



Lucas Carrasco-. Un sector de la oposición -el sector con mayor representación institucional- parió la derrota anticipada de ellos mismos como modo de congraciarse con el presidente Macri en un país unitario, con un poder judicial deslegitimado y con gastos opacos en las cámaras legislativas. A lo cual hay que sumarle la SIDE, que se ha transformado en la más prolífica agencia de noticias que si bien son truculentamente falsas, a diferencia de cualquier agencia de noticias en el mundo, no le cobra a los medios por su servicio informativo sino que les paga.  Sin ese contexto no se entiende ni la vocación de los gobernadores de la UCR por sumarse al kirchnerismo en sus años de oro ni la actual conducta de este sector macrifriendly compuesto por los anteayer revolucionarios vanguardistas del "campo nacional y popular" en el PJ .



Una tibia respuesta, esbozada por opositores vocacionales y otros opositores a los que no les queda otra, fue lanzar la consigna vacía "hay 2019" como si fuera un libro de autoayuda para adictos en recuperación, adictos al poder. El cómo, el para qué, el con quién y el dónde, carecen de importancia al interior de esa consigna de autoayuda.



Sin embargo, ese sector tiene razón. En el 2019 habrá un corriente de opinión, que alguien representará porque la política aborrece el vacío y los políticos aborrecen la coherencia, una corriente de opinión marcadamente opositora. Y otra corriente de opinión débilmente opositora.

La amplitud que tenga la primer corriente para captar los votos de la segunda corriente es lo que definirá la suerte de Macri, que sabe que tiene dos caminos: reelección o cárcel (por cárcel hay que entender al Servicio Penitenciario Para Ex Presidentes, también conocido como Senado Nacional).

La moderación del opositor no parece una buena alternativa, aún cuando los votos para pescar en esa pecera sean muchos. No es una buena alternativa porque el gobierno de Macri es un gobierno centrado en el odio y la venganza disfrazado con marketing para preescolar, lo que hace que la minoría abiertamente opositora se pase de mambo y sea extremadamente dura (en sus dichos, no pasa de ahí, por suerte) y así sea funcional al oficialismo: somos nosotros, o ésto, que es francamente horrible. Cierto. Pero en la medida que el desgaste que genera una economía de guerra contra las mayorías va avanzando, esa misma conveniencia se invierte y deja a los moderados siempre afuera del espectáculo, es decir; la táctica de la confrontación y la pelea permanente, que Durán Barba aconseja a sus alumnitos de adolescencia sexagenaria que junto a sus familias ocupan el Estado porque el mercado laboral privado es menos rentable, tiene ese inconveniente: cuando se gobierna para la mierda, la gente se enoja. Y el haber impulsado el enojo para distraer al ciudadano promedio de que se gobierna para la mierda, se invierte y pasa lo contrario: el señor Ciudadano Promedio comienza a insultar al gobernante. En el ínterin, los moderados quedan de un lado o del otro.

Es el error de repetir una táctica exitosa, como es en ciertos casos la polarización, para elevarla a la categoría de estrategia. Es el error que cometió Cristina desde el 2012 y derivó en la presidencia de Macri. Es el error que está cometiendo Macri y derivará en la presidencia de alguien completamente opuesto, que de paso, haga lo mismo que él impulsa con jovialidad y buena onda: carpetazos de la SIDE y prisión para los opositores.

Es una pena que volvamos a repetir este círculo vicioso, pero la única manera de salir es con gobiernos que achiquen realmente la brutal desigualdad social, que mejoren la educación y la salud, que garanticen los derechos constitucionales de los trabajadores y que se animen a hacer una reforma fiscal justa. Nada de eso va a pasar. Ni en el 2019 ni en el 2023.