El futuro de nuestros jóvenes



O. Rivarola Salduna-. Demos por sentado que el lector conoce de sobra el tipo de crisis económica y, a su modo también, política, que los argentinos estamos atravesando. Pero hagamos un esfuerzo por pensar más allá de la coyuntura.

Hay mucho material disponible en internet si no es así, si no se está al tanto de la crisis económica que vivimos, para informarse. Incluyendo las distintas miradas de Noticias Entre Ríos.
Pues bien, centrémonos en pensar las consecuencias psicológicas que esto genera en las nuevas generaciones, en los jóvenes. Que son el futuro pero también el presente.

Los que peinamos canas hemos conocido crisis de todo tipo. Corridas cambiarias, golpes de mercado, renuncias de presidentes, asonadas militares, proscripciones, hiperinflaciones, devaluaciones, dictaduras militares, cambios de moneda, etc...Y aunque esas experiencias de algún modo nos condicionan y también, por qué no, nos enseñan a la hora de afrontar cada crisis nueva, el mundo cambia y cada crisis tiene su particularidad. Su cuestión específica, lo cual a menudo implica que tendrá una salida distinta, para bien o para mal. Ésto no quiere decir que la experiencia no sirva para nada, al contrario.
Pues bien, la particularidad de esta crisis, a mi juicio, es que no hay alternativas a la vista.
Por alternativas no me refiero a las cuestiones de mala praxis de los eventuales equipos económicos u otros actores importantes de la sociedad civil, ni a los matices ideológicos que conforman cada cuadro gubernamental, sino a que vamos hacia un mundo donde las crisis financieras serán cada vez más frecuentes y cada vez más atroces. Se va reduciendo el poder de los ciudadanos para cubrirse de las crisis financieras, que terminan siendo vendavales en todos los ámbitos, desde el social hasta el político, pasando por el criminal. En estos días, tanto el jefe de la policía federal, el entrerriano Roncaglia, como anteriormente el jefe de policía de la provincia de Buenos Aires -la fuerza armada mas grande del país- coincidieron en que el drama social que se vive impacta en el aumento del delito. Nos referimos al delito callejero, los arrebatos, hurtos, etc.

En un mundo capitalista donde se deja de lado la producción y la variable principal es lo financiero, donde la única alternativa ideológica real son los califatos petroleros, porque hasta las dictaduras de los partidos comunistas son capitalistas como en China y Vietnam; en un mundo financiero y volátil, el horizonte psicológico de nuestros jóvenes no está forjado en la creencia de que con el trabajo y el estudio se logrará una vida digna y podrán formar una familia en el marco de una movilidad social ascendente en cierto modo natural, pues hoy esos dos baluartes que son el trabajo y el estudio de lo que otrora fuera la tradición nacional, no garantizan ni siquiera una supervivencia digna.
A la vez, como las crisis son financieras y resultantes en muchos casos de decisiones tomadas en el exterior, el poder del ciudadano se reduce. Lo que lleva a que los jóvenes, al sentirse impotentes y pequeños en un mundo que no los tiene en cuenta ni les ofrece un futuro para todos, se sientan desinteresados por la política. Ya no por los partidos políticos, las doctrinas o ideologías, sino por la política entendida como el arte de administrar los bienes públicos y garantizar el ejercicio de las libertades individuales. Eso se está perdiendo. Y las causas son las que enumeramos.



Así las cosas, el horizonte psicológico de nuestra juventud es inestable, frágil, cortoplacista. No podemos culparlos, es el mundo en el que les tocó crecer y aprender.
Como dijo el cantante español Joan Manuel Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".