Desventuras del justicialismo

Gerardo Pressman-. El nuevo escenario del peronismo a partir de datos fundamentales que cambian el escenario, como la intervención al PJ nacional, la caída en la imagen de Macri y la falta de arraigo en los candidatos del peronismo federal.


Una encuesta de Synopsis, consultora ligada a un funcionario de Cambiemos, le otorga a Miguel Ángel Pichetto un 1,7 de intención de voto para presidente. La mitad que Jorge Altamira, del Partido Obrero.
Sorprende en esa misma medición que el gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey, solo llegue al 7%, tras casi cuatro años de campaña como candidato a presidente (hay que recordar que se lanzó en el 2014, aunque se bajó por Scioli).



El Partido Justicialista, por lo tanto, carece de un candidato a presidente. Pero carece de dos cosas fundamentales: un candidato a gobernador competitivo en provincia de Buenos Aires y una agrupación política, más allá de quien sea el candidato, de alcance nacional que pueda bancar territorialmene a ese eventual candidato presidencial. Una agrupación al estilo de la Renovación, de la cual surgió la candidatura tanto de Menem como, en la interna, de Antonio Cafiero y José Manuel De La Sota, o bien el armado nacional de Eduardo Duhalde, que luego se lo quedó Néstor Kirchner, quien lanzó su agrpación nacional en el año 2000 pensando en las elecciones de 2007, previo paso en la interna del 2003 -que no se celebró y terminó ungiéndolo presidente. Sino el eventual candidato presidencial, tendría que negociar con los PJ locales, los cuales están más interesados en la supervivencia de su respectivo caudillo provincial. O su propia supervivencia como partido cuasi provincial.



A su vez, el Partido Justicialista está intervenido a pedido de Macri (formalmente, por la juez Servini de Cubría) por el dirigente del Frente Renovador, el impresentable José Luis Barrionuevo, lo que le imposibilita acceder a los fondos partidarios para una elección presidencial a un eventual candidato, también a los locales partidarios y las unidades básicas, la infraestructura, los minutos en televisión de acuerdo a la Ley PASO y la mochila de cargar con semejante impresentable como interventor, que genera mala imagen en cualquier partido político.

Por eso todas las miradas se posan sobre Cristina Kirchner, quien es la dirigente proveniente del Justicialismo -hoy está frente a un conglomerado de partidos pequeños, llamado Unidad Ciudadana (el frepasito tardío, le dice con su habitual acidez, Jorge Asís)- que tiene mayor intención de voto para presidente del conglomerado opositor. Y una carta fuerte de negociación: su alta imagen negativa puede pesar en un eventual balotage contra Mauricio Macri, pero si fuera candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cuya elección se resuelve sin balotage, arrastraría a cualquier candidato presidencial lo suficiente para ir a un balotage, siempre y cuando el gobierno nacional siga cayendo en las encuestas y el egocentrismo de Macri le impida jugar su mejor carta electoral para la presidencia, que es la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que podría ser candidata a presidente, con Carrió como candidata a gobernadora bonaerense, Macri de senador y Rodríguez Larreta reelecto en Ciudad de Buenos Aires. En ese esquema, Cambiemos sería imbatible, porque a los radicales les darían la cabeza de fórmula de las mayorías de las candidaturas a gobernador más varios legisladores.

Tanto Sergio Massa como Florencio Randazzo se achican al escenario bonaerense, y hoy por hoy, su suerte no depende de ellos mismos, sino de lo que los otros hagan. Por lo tanto, difícilmente puedan encabezar una propuesta nacional, excepto que Cambiemos les financie una campaña para fragmentar aún más la oferta electoral del peronismo. Y que ellos aceptaran.
En ese caso, su intención de voto sería marginal -alrededor del 5%- pero desde Cambiemos, sueñan con que la fragmentación opositora les impida un balotage.