Can you help me occupy my brain?



Joakito.- Llevamos nuestro celular que nos delata por donde caminamos, nuestros mensajes, nuestras llamadas, las fotos nuestras y de nuestra familia, también nuestros contactos, nuestras opiniones y nuestras preferencias en todos los ámbitos de la vida. Aunque no lo veamos todos nuestros actos son vigilados. Ser vigilado u vigilar se está transformando en algo aceptado como natural en nuestras vidas. Los riesgos de creerse Black Mirror.

Vivimos prácticamente en un mundo de ciencia ficción, como si estuviésemos dentro de una serie de Netflix, un mundo tecnodigital que nos absorbe y desplaza cada vez más a la vieja vida del encuentro cara a cara o de la actividad al aire libre.
En este sentido, las redes sociales si bien resultan ventajosas, han contribuido a la perdida de privacidad y los riesgos que ello acarrea, ya que cuanto más se sabe de una persona más vulnerable se vuelve. Pensemos sino en el acoso, en los caso de ciberbullying o en un traumático fin de una relación personal.

El avance de la tecnología ha dejado a la literatura de ciencia ficción en el pasado. Todo lo que se imaginaba, ahora son  procesos reales y presentes: la inteligencia artificial, la robótica, los implantes, la vigilancia informática de la privacidad, los drones. La imaginación futurista no apunta solo hacia el mañana sino hacia caminos ya abiertos en el desarrollo técnico actual. Hoy la ciencia ficción queda rezagada tras el desarrollo exponencial de lo tecnológico.

El uso excesivo de la tecnología, la dependencia de los "likes" como símbolos de estatus tienen que ver con que existe una tendencia del capitalismo a encerrarnos a nosotros dentro de un mundo unidimensional que nos condiciona a consumir. El trasfondo de esto tiene que ver con que en el capitalismo el centro de todo es el rendimiento, la productividad, y donde el tiempo es dinero.
Hemos perdido la intimidad y vivimos una cotidianeidad hiperconectada, que nos lleva a hacer visible y compartir toda nuestra intimidad. Construimos una imagen para las redes. Esta intimidad pública es en realidad una construcción manipulada por el propio sujeto y por el poder que tienen las empresas globales informáticas. De todas maneras la intimidad aún no se ha traslado definitivamente al plano de las redes sociales ya que lo más íntimo aún tiene que ver con nuestros pudores y con los secretos que guardamos incluso quienes están atravesados completamente por las redes sociales. Las representaciones que tenemos sobre la tecnología producen una transformación en las relaciones interpersonales, Así, pese a que la tecnología ha facilitado el contacto y comunicación con personas con las que no se comparte el mismo espacio físico, las pantallas, sus mensajes, se han convertido también en elementos absorbentes y sumamente intrusivos.

A diferencia del proceso que desarrollamos en el mundo físico cuando conformamos nuestra identidad, la capacidad de moldear y seleccionar ciertos elementos, comentarios e imágenes, con la pausa, con la reflexión y  la posibilidad de transformación que otorgan las tecnologías digitales hace que, en ocasiones, el reflejo que observamos en las redes sociales virtuales se distancie de la persona en el mundo físico. Es por eso que las platafomas para conseguir citas como Tinder y Match se hayan vuelto tan populares.
El sociólogo y crítico cultura norteamericano Neil Postman sostenía a mediados de la década del 80 que, desconocer que la tecnología viene equipada con un programa de cambio social, mantener que la tecnología es neutral, y asumir que la tecnología es siempre una amiga de la cultura es una estupidez simple y llana. En este sentido hay que señalar que  los peligros del uso de la tecnología no esta solamente en la pérdida de la intimidad sino también que la introducción de nuevas tecnologías conlleva a riesgos en la salud de la población. Los llamados millennians o la generación tecno o high tech que son aquellos que no pueden dejar el MP3 o el celular de lado ni siquiera en la escuela o el trabajo en un futuro van a sufrir consecuencias físicas. El peligro de la conducta de estos jóvenes-más allá de los aspectos negativos como el encierro- es que pueden provocar daños irreversibles en el oído que pueden, incluso, llevar a la sordera. Por eso es que los especialistas están advirtiendo que dentro de 20 años, esta generación podría conformar una "generación de sordos". Pero no es solamente los oídos los que son afectados, el sedentarismo y los trastornos en el sueño también se relacionan con el uso indiscriminado de aparatos tecnológicos como los celulares, las tablets o las playstation.