Basavilbaso, ciudad del tren y de los gauchos judios



Santiago Zorrilla-. En momentos donde el Ferrocarril era el medio de transporte por excelencia, no solamente para trasladarse de una parte a otra de la provincia, sino también para el desarrollo económico, la ciudad de Basavilbaso vivió un boom que se fue atenuando con el tiempo.


Fue Eduardo Racedo, que al frente de la gobernación de Entre Ríos, decide la construcción de una línea ferroviaria que una las dos costas. Se empieza entonces en 1887 a dar vida al Ferrocarril Central Entrerriano, obra fundamental para el nacimiento de la ciudad de Basavilbaso.
Racedo, quien tenía una extensa carrera militar, asume la gobernación de Entre Ríos en 1883 y su gobierno se caracteriza por ser de los mas importantes para el crecimiento y desarrollo provincial. No solo lleva adelante la extensión de la trama férrea hacia toda la provincia, sino que también instala la educación laica y gratuita y funda el Banco de Entre Ríos, entre otras obras de vital importancia. Durante su gobierno, nacen y se consolidan nuevas ciudades debido al desarrollo económico y al crecimiento del ferrocarril.

Basavilbaso, al igual que la capital entrerriana, no tiene una fecha exacta de fundación, es por eso, que su aniversario se lo relaciona con la llegada del tren. ya que no existe documentación sobre los orígenes de la ciudad. Por eso es que el 30 de junio de 1887, al inaugurarse el último tramo proyectado del Ferrocaril Central Entrerriano que unía las ciudades de Rosario del Tala con Concepción del Uruguay, se conoce como la fecha de fundación de Basavilbaso, que lleva el nombre de quien estaba al frente de la gobernación en ese entonces, que era una práctica habitual de los políticos el bautizar a los nuevos poblados con su propio nombre.

A diferencia de los centros poblacionales clásicos que fueron fundados por españoles, la ciudad no se construyó alrededor de la Plaza de Armas sino que el centro de desarrollo era la Estación Ferroviaria. La ciudad de Basavilbaso por ese entonces, era un punto neurálgico donde se unían los distintos ramales y desde donde se realizaban todas las combinaciones. Como el servicio no era muy bueno, las esperas en la ciudad se hacían demasiadas largas, ademas de forzadas.

Cuando uno recorre las calles de Basavilbaso y sus lugares históricos (como la sinagoga) puede descubrir las reminiscencias de estilo italiano en muchas casas de la ciudad, ya que junto con el ferrocarril llegaron muchos jornaleros de origen italiano que decidieron quedarse en la ciudad.
Año tras año, el tren crecía y también lo hacía Basavilbaso.



Según el censo nacional de 1916, tenía una población de mas de 2000 habitantes, razón por la cual, el gobernador Miguel Laurencena decide mediante un decreto en mayo de 1917 crear la Junta de Fomento del pueblo Gobernador Racedo, hasta entonces, el poblado solo contaba con la autoridad del “Comisario”, quien junto a un grupo de soldados estaban encargados de mantener el orden, de intervenir ante hechos delictivos, custodiar la estación con el movimiento de viajeros y mercaderías que el devenir diario generaba y velar por la seguridad. La creación de la institución municipal es fundamental para el ordenamiento urbano, pero también, con el nacimiento de la autoridad política municipal se cambian las formas de relacionarse entre los habitantes del pueblo.
Años después el crecimiento demográfico, la instalación de una usina generadora de luz y el nacimiento de nuevas instituciones, transforman paulatinamente al pueblo.

Basavilbaso no fue solo un lugar de paso forzado de quienes se trasladaban de una punta a la otra de la provincia, sino que también se convirtió en lugar de recibimiento de los colonos judíos que llegaban a Entre Ríos por iniciativa de la Jewish Colonization Association, la asociación de Beneficiencia fundada por el Baron Moritz von Hirsch, el principal impulsor de las colonias judías en América, fundamentalmente en Argentina.
Basavilbaso en su historia y en su desarrollo es la síntesis del pasado ferroviario de la provincia y también lo es del famoso "gaucho judío". Los gauchos judíos, tan bien retratados por Alberto Gerchunoff  fueron la expresión de aquella utopía agraria de los colonos judíos en los campos argentinos. Para ellos, estas tierras, este "otro lugar", era  casi como la Tierra Prometida.

A pesar de que en la triste década del 90 del siglo pasado, los trenes dejaron de funcionar gracias a esa también triste frase de "ramal que para, ramal que cierra", al día de hoy es conocida como la "capital de los trenes" y se mantiene hoy gracias al desarrollo turístico, siendo parte del Circuito Histórico de las Colonias Judías, junto a Villa Clara, Ingeniero Sajaroff, Villaguay y Villa Domínguez.