Acá está todo podrido

Ezequiel Bauman-. Una economía paralizada con alta inflación y alta deuda externa, es el prólogo a una crisis duradera que vaya aumentando de intensidad. Los costos sociales ya se hacen sentir, ante la insensibilidad de un gobierno de ricos que toma medidas para enriquecerse más.


La reprimarización de la economía ya era una tendencia desde hace varios años, a pesar de los tibios intentos industrializadores de Cristina Kirchner. Pero la situación se agravó al llegar Cambiemos, o mejor dicho el PRO, al gobierno. La tendencia se profundizó.
Ahora, la tendencia es en realidad una política de estado. Por un lado, el Ministerio de Industria y el Ministerio de Agricultura -presidido por el polémico empresario entrerriano que no paga los salarios en El Diario de Paraná- fueron, en los hechos, suprimidos y quedaron a cargo de lo que podríamos denominar como Ministerio FMI, donde el experiodista Nicolás Dujovne es el encargado de cumplir las directrices del organismo manejado en los hechos por EEUU, aún no se sabe a cambio de qué. Aunque nadie espera que sea a cambio de algo que le sea redituable al país o por lo menos a la mayoría de sus habitantes a mediano plazo. Quizás sea un salvavidas de plomo para financiar la fuga de capitales de quienes huyen de la locura de las LEBCAs al 40%, la tasa mas alta del mundo.



A pedido del FMI, el gobierno argentino puso un 15% de retenciones al biodiésel, el combustible producido con granos. Mientras tanto, eliminó las retenciones a las materias primas, y va bajando 0,5% por mes a la soja.
Aunque estas nuevas retenciones al biodiésel significan apenas poco mas de 1.000 millones de dólares de recaudación para el Estado Nacional, el impacto en el empleo es brutal. La señal que
emite, también. Los tomadores de decisiones en el mundo financiero del agro,  entienden estos mensajes a la perfección. La algarabía de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos es una prueba de ello.
Fundamentalmente, el biodiesel genera trabajo en Argentina y es una de las pocas oportunidades que tiene Entre Ríos de generar trabajo de calidad en el sector privado. La exportación de soja a granel, no. Por lo tanto, el gobierno argentino está creando trabajo para otros países.
Además de las retenciones al biodiésel también se impuso retenciones al aceite de soja y especialmente al aceite exportado para la venta en envases menores a cinco litros. Todo lo poco de trabajo genuino y bien pago que genera el campo, lo único que en realidad "se derrama" en el mercado interno. Porque los empresarios del agro fugan sus ganancias al exterior o las hacen multiplicar en la timba financiera que les pagamos todos.
Es de esperar la quiebra de esta cadena agroindustrial, la única del sector rural que paga salarios en blanco y más o menos decentes. Es una locura. Un suicidio como país.

El lobby hecho por la Sociedad Rural y sus aliados de la Mesa de Enlace sirvió para que no se postergue la baja de las retenciones a la soja. La excusa que pusieron en esta ocasión no tiene importancia. Son las mentiras de siempre. Lo que tiene importancia es entender por qué la Sociedad Rural le pagó una coima institucionalizada a Luis Miguel Etchevehere: para que en vez de ser Ministro de la Nación, sea Ministro del loby de los no más de 20 terratenientes -entre los cuales está la mitad en el gobierno, empezando por la familia Blanco Villegas, del exsuegro del ingeniero Mauricio Macri- que se ven beneficiados por esta reprimarización espantosa de la economía.
El esfuerzo "de todos" que pide el ingeniero Macri es en realidad, hasta ahora, el esfuerzo de los jubilados, beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, trabajadores, desocupados, pobres e indigentes.
Sus amigos la están pasando muy bien con esta crisis. Probablemente nunca ganaron tanto en tan poco tiempo.

Que quede claro: los que tienen dinero, los tomadores de decisiones económicas, frenaron cualquier tipo de inversión que pueda tener algún efecto social beneficioso aparte de su propia ganancia. Lo hicieron porque no hay crédito, no hay certezas y el gobierno nacional fomenta ganancias extraordinarias con la timba financiera. Que el Banco Central alguna semana no haya vendido muchas reservas de los argentinos para enriquecer sus amigos no es porque la crisis terminó: están vendiendo los bancos estatales (Nación, Provincia, Ciudad, Hipotecario) que son los más grandes del país. Están vendiendo los dólares depositados por los ahorristas.
De esta manera, el panorama que se asoma es negro y desolador. Especialmente para los que no tenemos dinero en cantidades ni somos responsables de la toma de decisiones económicas pero estamos obligados a pagar las consecuencias.