Por más que me arremango no descubro un mango



Ezequiel Bauman-. A veces sin darse cuenta, hay opinadores profesionales que entienden a la economía como una guerra permanente contra la sociedad. A la que encima le echan la culpa cuando sus teorías fracasan.


El dinero que va a parar a pagar los combustibles, las tarifas de servicios públicos y los altísimos intereses de las tarjetas de créditos; es dinero que las familias argentinas destinan a empresas hiperconcentradas que alimentan la fuga de capitales. Es decir que ese dinero que se saca de la calle para el consumo y generar empleo, se va al exterior, para generar consumo y empleo en otro país.

Si a esto le sumamos la presión impositiva en el marco de una creciente desigualdad fiscal para alimentar un Estado Nacional caótico, cuyos ingresos en impuestos mayormente injustos van a parar a pagar la fiesta de los ricos con la timba financiera, entendemos lo que está sucediendo en el país.

La religión neoliberal siempre promete un futuro mejor, prácticamente en otro mundo y en otra vida. Mientras tanto, hay que sufrir en pos de ese supuesto futuro mejor.
Ese discurso explicaba Cambiemos para justificar los golpes al bolsillo de su propio electorado al inicio del gobierno. Sigue esgrimiendo ese discurso pero como era de esperar, la gente comienza a desconfiar. Especialmente en la base electoral del gobierno, que es la clase media. Que es también el motor de la economía a través del consumo y el gasto en el mercado interno.
Como es sabido, en economía la desconfianza es un virus que si no se lo inocula a tiempo, puede resultar mortal. La agonía es lenta y dolorosa aunque en un inicio apenas se percibe.
Los argentinos que peinamos canas hemos visto muchas crisis y hemos visto muchos fracasos económicos. Así que a diferencia de cualquier otro mortal en el mundo, tenemos un olfato certero para anticiparnos a una crisis y actuamos en consecuencia, muchas veces precipitando esa crisis o agravándola.
Ahora bien ¿cómo esperan que reaccione la clase media cuando los ministros del gabinete nacional y el propio Presidente, por no mencionar sus familiares, se llevan el dinero al exterior porque no tienen confianza en su propio gobierno? Además, que ningún fiscal o juez de preventiva fácil los cite siquiera para explicar estos confesos actos de corrupción, elusión y evasión, es la frutilla del postre.

Como dinosaurios escapados de Tecnópolis, en los canales porteños con evidentes simpatías con el macrismo, invitan a dinosaurios de la economía que corren el arco pidiendo un ajuste aún más brutal. Eso tranquiliza a los sectores que se esfuerzan en confiar en el gobierno, por el bien del país. Pero hay que nseñalar que esos dinosaurios nunca aciertan una, que están puestos justamente para hacer creer que el gobierno no es tan de derecha. La realidad es que quienes corren por derecha al gobierno no tienen ningún apoyo de la gente, ni siquiera mínimo. Son expresiones ultramarginales. No es justo hacerlas pasar como opiniones de un sector importante de la sociedad, porque no es así.