Narcos Superstar


Daniela Sánchez-. ¿No se les está yendo la mano en Netflix en pintar como superhéroes a tipos desalmados y cabezas huecas?

Desde siempre, el cine comercial norteamericano ha producido malos con rasgos poéticos. Rasgos míticos que hacían que una se enamorara y quisiera que triunfaran sobre los buenos, que siempre eran mas tontos y siempre que los perseguían iban a un paso detrás de él, el malo superstar.
Pero...
¿No se les está yendo un poco la mano?
Entre el pintoresquismo exagerado, el salvajismo con que retratan las sociedades latinoamericanas, el Yanqui Buenón que viene a salvarnos y no es parte del problema sino de la solución y la ausencia de víctimas reales y concretas con vida propia y seres queridos en las olas de asesinatos...me parece que sí, que se les está yendo la mano.

Las producciones norteamericanas a través de striming, especialmente Netflix, ahora coproducen con cada país dándole un tinte universal a lo local. Así, los narcos latinoamericanos han pasado a ser una especie de “Breaking bad”, que fue una serie sobre drogas que era una droga en sí misma. El problema es que el pasaje de la serie a lo documental dramatizado, al tratar de narrar sucesos reales sobre personas de la historia contemporánea, se está perdiendo sensibilidad para con las víctimas. Los narcos retratados son, en la realidad concreta, hombres horribles. Personas salvajes, crueles, psicópatas, atroces, sin ningún rasgo que la sociedad pueda valorar.

Es comprensible el hecho de que los guionistas traten de que sus personajes no sean planos, es decir que no sean ni el Bien Absoluto ni el Mal Absoluto. Nadie se tragaría una historia así.
Pero de ahí a hacer a los narcos como personajes legendarios, a olvidar detrás de la trama que su poder se funda en el terror, que el gran negocio es la ilegalidad de lo que venden, que si bien es cierto que las sociedades latinoamericanas son corruptas, no son solo la corrupción. Ni la violencia extrema. De hecho, en Estados Unidos, que es el gran beneficiario tanto del narcotráfico como de su supuesto combate para erradicarlo, hay mas asesinatos que en la mayoría de los países latinoamericanos, algunos de los cuales, como Bolivia y Perú por ejemplo, son grandes productores y exportadores de droga hacia todo el mundo pero especialmente hacia territorio norteamericano. Pero son países con menos asesinatos que EEUU, menor tasa de prisionalización y que no tienen pena de muerte. A todas luces, son países mas civilizados que no atacan y masacran poblaciones civiles en nombres de sus dioses, como hace Estados Unidos de manera cruel en todo Medio Oriente. Para de paso, robarles sus recursos naturales a la fuerza y forjar así un poderío militar mayor, que es la base de su poderío económico, que es la base a su vez de su poderío político. Sin embargo, en la factoría Netflix, el poder político de los yanquis se funda en una supuesta superioridad moral.
¿Quién se traga ese cuento?
Nadie: siglos y siglos de propaganda no han logrado ni un ápice que lo que lograron sus bombas atómicas, sus masacres sobre poblaciones civiles indefensas, la expropiación del lucro del crimen organizado y el enorme negocio mundial de combatirlo.
Esta trama mas real que la estilización del Buen Salvaje latinoamericano está ausente de las aburridas y previsibles biografías truchas de los narcos.
Sin embargo, hay que reconocer que entretienen. Que terminan mostrando a los mojigatos la inutilidad de la Guerra contra las Drogas, su hipocresía e inutilidad. Además, demuestran que lo distintivo de las producciones cinematográficas yanquis es el presupuesto y un estilo narrativo, un lenguaje audiovisual que han logrado universalizar. Fuera de eso, hay talentos locales que tienen su oportunidad de oro gracias a estas nuevas plataformas.