La solución a la inseguridad



Salustriano-. La importancia fundamental de que reine la igualdad ante la ley. Sin igualdad ante la ley, es imposible combatir el delito pequeño, que no afecta tanto la propiedad sino que afecta la integridad y la vida de las personas de a pie, las que más sufren por la inseguridad.

Los planes drásticos y facilistas siempre seducen.
Acá va nuestro aporte a este clamor histérico. 



Estoy a favor de la mano dura.
La ley debe prevalecer, debe imperar en nuestras vidas.
Para ello, es necesario primero dar fuertes señales de que a partir de ahora la igualdad ante la ley, el principio constitutivo de una democracia, comenzará a ser una realidad. Una realidad verdadera. No una realidad imaginaria, con garantismo para quienes puedan pagarlo.

El flagelo de la riqueza, que es el origen de nuestros principales males como sociedad, se combate con más educación. Enseñando a los hijos de los ricos algún oficio, dándoles algún horizonte en la vida, dándoles una razón esperanzadora para realizar sus vidas como sujetos libres y plenos.
Las políticas clientelares han fracasado para combatir la riqueza. Por el contrario, las han promocionado. Las grandes fortunas de este país se han hecho a costa de las políticas clientelares del Estado. Como si los políticos lo hicieran adrede, para tenerlos de rehén a los pobres ricos. Hay que liberarlos. Hay que liberar a los ricos de las cadenas opresivas del clietelismo estatal, la dependencia del político de turno, la falta de educación, la tentación por el camino fácil a una vida de lujos. Y esto solo se combate con educación, enseñanza de oficios honestos, una guía de valores morales para regirse por la vida, en medio de esta crisis de valores donde los ricos viven siempre deprimidos y tienen que acudir a las drogas y los fármacos para sentirse que están vivos. Para sentirse menos solos. Para encontrarle algún sentido a la vida.



Es necesario otorgarles una tarjeta bancaria desde la cual todos sus gastos sean monitoreados por el Ministerio de Desarrollo Social. Exigirles que se eduquen, que no sean como sus padres, que corten la cadena de analfabetismo funcional y las cuevas clericales que los apadrinan, como potrillos, para que jamás entiendan nada del mundo. Hay que infundirles confianza en sí mismos. Tratar de que sean emprendedores, que puedan valerse por sí mismos, que no busquen el acomodo, la coima, el atajo, los privilegios.
Sin educación, los niños ricos estás destinados a robar, estafar, delinquir, como primeros pasos de su andanada criminal.



Es necesario urbanizar los countries, darles los servicios de sociabilidad para que esas mansiones, de donde sale la delincuencia organizada, no se constituyan en universidades del delito. Ya llevamos tantas generaciones de ricos que miran a sus padres y abuelos y jamás los vieron trabajar. Incluso en la escuela privada, donde se juntan solo con niños igual de malcriados que ellos, con sus mismas aspiraciones aristócratas contrarias a la ley y el esfuerzo, a los niños les cuesta decir exactamente en qué trabajan sus padres, qué cuernos hacen, a qué se dedican. Entonces optan por mencionar el título comprado en la UCA o alguna herencia de algún familiar ya lejano con un fin productivo, casi siempre, tierras que producen otros y que nadie de los que usufructúa las ganancias conoció jamás. Ni saben dónde quedan esas tierras.
Con voluntad, con fe en uno mismo, se puede salir de ese círculo vicioso de la riqueza.
Es imperioso prohibirles contratar abogados particulares y hay que arrestar y meter presos a los abogados que defienden a estos criminales, que entran por una puerta y salen por la otra.
Solo así se va a poder combatir la inseguridad. Fundando un Estado de Derecho capaz de establecer algo simple pero lejano: la igualdad ante la ley. Sin igualdad ante la ley, hay anomia.
Por eso, vote Salustriano 2019: la solución ga-ran-ti-za-da para terminar con la inseguridad.