Hegemonía de la izquierda latinoamericana



Osvaldo Quinteros-. La construcción de una hegemonía tiene la particularidad de que sus constructores no la ven, no la sienten, no la entienden.


Es necesaria cierta ajenidad para mirar objetivamente el proceso de construcción de hegemonía de la izquierda nacionalista latinoamericana. Una izquierda que mantuvo los lineamientos centrales moldeados en la década anterior, producto de distintas versiones del neoliberalismo.
Por ejemplo, en Argentina, el colchón devaluatorio de Duhalde fue fundamental para el despegue económico de Néstor Kirchner. En Venezuela no se modificó la dependencia petrolera, que en los hechos es dependencia de Estados Unidos. En Ecuador no se tocó la dolarización. En Brasil no se movió la aguja que marca que es el país mas desigual de la Tierra, aún cuando mucha gente salió de la pobreza y la indigencia.
Estos lineamientos de la década neoliberal perduraron mientras se dio la década de la centroizquierda nacionalista en Latinoamérica.
A comienzos de lo que parece ser una nueva era, queda el legado principal de lo que fue la década de la centroizquierda nacionalista, que son los planes sociales. Aún cuando ya no existen las condiciones internacionales que posibilitaron su despliegue y financiación.
Sonará raro decir esto en medio de lo que parece una avalancha del supuesto giro a la derecha en la región. Asunto que pusimos en cuestionamiento con dos notas: ésta y ésta.


Una mirada a largo plazo, entendemos que confirmará estas tesis.
Si se presta atención a los últimos acontecimientos relevantes en la región, una mala lectura puede llevar a conclusiones equivocadas. Tanto las elecciones mexicanas como las brasileñas hablan de un importante caudal de votos de la centroizquierda, pero en el caso de Brasil, hay que tener en cuenta que gobierna el vicepresidente de Dilma, quien fuera destituída cuando se rompió la coalición que la llevó al poder. Esta ruptura de la coalición se puede leer de dos formas: como una ruptura por derecha por parte de un sector (Temer, y para el caso, el dos veces vicepresidente del Ecuador de Correa, Lenin Moreno) o bien, el punto más fuerte de la hegemonía, el momento en que rompen lanzas las coaliciones preexistentes pues la hegemonía cultural ya no cabe dentro de una sola proposición política formal.

Lo que queremos resaltar es que en Latinoamèrica, el proceso político tiene como protagonistas a los dirigentes políticos surgidos del proceso que llevó a la centroizquierda al poder. Aún cuando a priori éstos aparezcan buscando otras coaliciones sociales o bien buscando rehacer las coaliciones originales.
¿De dónde salió Temer sino es de la década donde Lula fue el principal político del país en Brasil?
Lula mantiene su vigencia aún con los serios problemas judiciales que afronta, pero lo mas importante es que las políticas trazadas por Lula aún continúan en sus aspectos principales, pese al evidente intento de Temer por llevar adelante una agenda rupturista, de corte neoliberal.


Una situación que también se ve en Argentina.
En Argentina, las principales políticas sociales se mantienen y hasta se amplían, aún cuando el financiamiento de los commodities que las hizo posible hoy ya no es una realidad del mercado mundial, lo que supone un cambio abrupto en las condiciones internacionales que hacen posibles las políticas nacionales. Se recurre al endeudamiento y desde el gobierno de Macri se busca dar un giro "gradualista" pero en los hechos, no lo logra. Sea por ineficiencia, por falta de convencimiento o porque percibe los límites que encuentra en la resistencia de la sociedad. Ahí es donde conviene retomar la categoría de Gramsci de hegemonía y preguntarse si no es aplicable a Latinoamérica.