Fellner afuera, alivio momentáneo


Lucas Carrasco-. Los consumidores de poder temen las siguiente escena: Hola, soy Miguel Ángel y hace tres días que no consumo poder. Un grupo pequeño de gente de todos los colores y formas, sentados en círculo, lo aplaude. Algunos tienen una medalla: llevan hasta tres o cuatro años sin consumir poder. Saben que el primer paso para salir de la adicción es reconocerla: pero la adicción al poder se caracteriza por no dejarla, es el poder el que te deja. Por eso el temor es el fundante de la adicción al poder. Por eso el temor es el fundante del poder. Un temor rizomático, yendo en todas direcciones.
El temor es el arma disciplinaria del poder. No hay poder sin temor.

Eduardo Fellner fue uno de los protagonistas estratégicos de la revolución guevarista que durante 12 años erradicó la pobreza, devolvió la política al pueblo, terminó con los monopolios y democratizó la cultura. Pasa que por su perfil de ladrón, su reconocida xenofobia, sus convicciones conservadoras, su astucia para construir poder y conservarlo, era menos vistoso en la galería de Patriotas Latinoamericanos: su prisión hizo preocupar a los ex kirchneristas ahora seguidores de la renovación y la transparencia de un líder carismático aclamado por los obreros como Luis Barrionuevo. Por ejemplo, Bordet: Leonardo Simons está acostumbrado a ser humillado por el macrismo a cambio de que jamás se audite su pasado político en tribunales. Tocar a un fascista norteño, acomodaticio y sagaz, a quien agrandado el macrismo en situación de calle como el propio Simons, Urtubey y Bertone consideran un par; es romper un pacto. Un límite. Y se lo hicieron saber. Con el valiente recurso de un escueto comunicado de prensa, con vocación de telegrama. Para luego hincarse y rogar disculpas ante la eminencia gris Rogelio Frigerio. Qué momento. Cuánta tensión contenida. Horas de miedo.
Por suerte, Fellner ya salió.
¿Es que el macrismo, al encarcelar a Fellner, se dio cuenta que se le fue la mano o las primeras 24 hs de toda su vida en que el empobrecedor sistemático de Jujuy no durmió en cuna de oro sirvieron para recordarle al macrismo en situación de calle que su lugar es el de mendigos, que si rompen las pelotas con bostezar cuando Macri les canta el feliz cumpleaños pueden terminar en cana?
Los políticos sin talento se suelen distinguir por su paranoia, es probable que rumien la segunda opción. Que Macri les está mostrando, que además de la zanahoria de no estar presos por su lejanísimo pasado de hace dos años, también hay palos aguardando. El miedo, entonces, no cesa. Y el miedo paraliza. Lo saben todos los que viven de sembrar miedo. Como en el Chaco.


El recurso de la prisión política tiene sus límites. Un derecho no escrito. No puede ir nunca preso un ladrón de verdad, alguien que hace de su vida un robo, sea que se dedique a la política o a los negocios con la política, lo que comúnmente, por falta de imaginación literaria, en el lumpencapitalismo argentino se denomina empresarios. Mangueros que tienen su club en el Coloquio de Idea. Al que llaman El Coloquio. Demostrando que ya llevan más de cuatro generaciones de punguismo contratista: es lo mínimo que se les pide para pertenecer, para que el pasado se les formatee. Para no parecer un arribista como los Macri, los Manzano, los Pierri, los Noble; gente que a lo sumo lleva dos o tres generaciones de rapiña, tres generaciones apenas hablando castellano. Imperdonable. Como Cristóbal López. Los de apellido López, como Gutierrez, Báez, Pérez (sin Companc, como el binguero de Canal 9 Litoral) serán siempre considerados cacos, graciosos como el Chómpiras, feos como la Chimoltrufia, cuyo nombre era, recordemos, María Expropiación Petronila Lascuráin y Torquemada de Botija, un nombre que (de no ser por el Expropiación....y el Lascuráin) caería bien en El Coloquio.

Los Fellner iban recorriendo el largo camino de sumar generaciones para ser aceptados. Iban de la manito con los Alperovich, los Romero, los Urtubey (que van más adelantados), y un par de narcos sojeros con asiento en Santiago del Estero. Venían bien. Era uno de los nuestros. Un preso político inadmisible. La cacería de presos políticos no puede no tener límites, no ajustarse a derecho, así sea el derecho no escrito. Eso le recordaron a Macri. Pero no saben si en realidad Macri les estaba recordando lo mismo a ellos.
Los límites del derecho no escrito son límites, obviamente, que no están escritos. Y ese puede ser un punto de inflexión. El momento donde Mary Shelley se olvida del moderno Prometeo. Esa criatura -en la novela original- no tiene nombre. Como el temor. Su orfandad lo hace inasible. De ahí la eficacia de su técnica de propagación.
Fellner está libre.
Por ahora.