¿Unidad o "rejunte de dirigentes"?

 Lucas Carrasco-. Tras ser traído por una cigüeña desde París, el gobernador Leonardo Simons dijo que no le gustan los "rejuntes de dirigentes" y que otros deben hacerse cargo de su derrota.



Tras ser traído por una cigüeña desde París al ritmo de "Sí, se puede", Leonardo Simons dijo que no le gustaban los rejuntes de dirigentes como el que hizo Urribarri para ungirlo gobernador sin internas, y que otros debían hacerse cargo de su derrota electoral del 2017.
En una de las pocas, sino única vez, donde el gobernador dijo una frase con contenido, Leonardo Simons siguió hablándole a su jefe, Rogelio Frigerio. Y de paso, dinamitando todo intento de "unidad" que no es más que una excusa para sostenerlo al propio Leonardo Simons, a pesar de que cuando dice algo que tenga sentido es para bardear a los que aún lo aguantan. No hay novedades de que en la Sociedad Rural lo ovacionen, en Recoleta le griten "Sí, se puede", Elisa Carrió le otorgue la Norma Iram de Moral Ajena, los mercados financieros le bajen la tasa africana o que Mauricio le regale alguna obra pública para su cumpleaños. El microclima del poder, para quienes se marean fácil, hace que las personas se vuelvan personitas y este es un ejemplo simpático, porgue lo de Leonardo Simons no es más que la manifestación, con su taimado vocabulario, de la guerra que Rosario Romero, la Multipartidaria, libra contra el peronismo en los tribunales del lumpenaje judicial junto a sus hagiógrafos del Periodismo Patrullero.

El fetiche de la unidad solo aparece cuando no hay un líder consolidado y fuerte, tal y como le sucede hoy al peronismo entrerriano. Esto lo intuye Leonardo Simons y por eso, lo que parece un tiro por elevación contra el kirchnerismo (que en su debilidad, les surgen brotes verdes de una tierna alabanza a la pluralidad y el fetiche de la unidad selectiva) termina siendo un disparo en la sien. El "rejunte de dirigentes" lo hizo él en octubre del 2017 y así le fue. Porque el fetiche de la unidad es un pasaje transitorio que define los mecanismos de selección del nuevo liderazgo. Traducido al lenguaje académico, en el peronismo, cuando te hablan de unidad, es porque te están cagando. Pero también, cuando ya estás solito en un laberinto y te estás quedando sin oxígeno, te están ayudando. Entender la diferencia entre uno u otro escenario es lo que definirá, en buena medida, la suerte de la reelección de Leonardo Simons, al frente de un gobierno mediocre, antifederalista y con ribetes patéticos, como el gobernador en una villa de Concordia aplaudiendo a un enajenado que le canta el Feliz Cumpleaños mientras en todas las canchas, recitales y concentraciones, al enajenado le cantan que se vaya a la puta madre que los parió.

La contraposición teórica entre "rejunte de dirigentes" y "unidad" selectiva es inconducente para los actores involucrados: pero tomar una u otra posición, para luego irse a suicidar en conjunto como una de esas sectas yanquis de Texas, implica también una lectura sobre la derrota de octubre del 17 y un trazado de un rumbo para las elecciones del 2019, una vez muerta la Boleta Única por una columna de opinión de José Cáceres, que tuvo la gentileza de no hacerlo en Twitter porque ahí sería tan humillante como cuando una novia te deja con un mensaje de audio en WhatsApp (ni se molesta en escribirte...). La muerte de la mega-archi-ultra-requete-profunda Reforma Política fue sin velatorio y a cajón cerrado. Pasemos a otro tema, diría el filósofo Andrés Calamaro.



Tanto la "unidad" como el "rejunte de dirigentes" son las dos maneras, una por la positiva y con buena onda, la otra por la negativa y con una soberbia comprada con cheques sin fondos; de decir lo mismo: hay que definir los mecanismos de selección del nuevo liderazgo, porque el método que lo hizo a Leonardo Simons presidente del PJ, cargo que viene en paquete con la gobernación, al igual que el bastón, la bandera, el helicóptero y Canal 9; ese método, el dedazo, ya no va más. Porque lo que Leonardo Simons toque con su dedo, por ejemplo la candidatura del Sobreviviente Designado, Juan José Bahilo, a la diputación nacional, garantiza que le armen diez (10) listas internas en contra y que pierda por paliza hasta en Gualeguaychú y Concordia.
Por supuesto, Leonardo Simons se autoseñala a él mismo con su meñique quebrado creyendo que tiene un dedal gigante y está muy bien, cada cual cree lo que quiera, pero corre el riesgo de quedar como su amigo de cumpleaños, saludando a la multitud que solo existe en su cabeza: