¿Un gobierno de ricos para ricos?



Lucas Carrasco,-. La simplificación es efectiva, tal cual. Pero nunca aborda la complejidad que requiere un diagnóstico sobre el gobierno operando como parte de la realidad. Y errarle en el diagnóstico puede conducir a tácticas equivocadas.




En el año 2012 cuando en Clarín arreciaban las eficaces denuncias sobre cuentas en paraísos fiscales de Cristina Kirchner, nadie hubiera creído que 5 años después, siendo senadora por la minoría, presentaría un proyecto para prohibir que puedan ser funcionarios públicos quienes tengan cuentas en paraísos fiscales. Es lo que ha sucedido y habla de la mutación que ha sufrido la percepción de por lo menos un sector de la sociedad argentina. La dinámica fluida de la realidad es la ola que deben surfear los dirigentes para no ser archivados en el olvido fácil de la gente.



¿Es el gobierno de Cambiemos un gobierno para ricos? Bueno, sí: la desigualdad social ha aumentado, la promesa electoral de Pobreza Cero se ha invertido en mayor pobreza, la bicicleta financiera deja en pocas manos fabulosas ganancias, se bajaron las retenciones y el impuesto a los bienes personales, y los trabajadores formalizados perdieron frente a la inflación a la par que aumentó el desempleo, la precarización del trabajo y el trabajo en negro.

De acuerdo.

Pero también hay chispazos con la Unión Industrial, Federación Agraria y el sector turístico nacional, los cuales conforman bloques de poder fugaces y poco delimitados (la renta está diversificada, por lo tanto, en un contexto volátil los intereses empresariales, también). Los clásicos problemas de la economía argentina aparecen con mayor fuerza y el gobierno no muestra pericia técnica ni mínima decencia indispensable para arbitrar reglas claras del funcionamiento del modelo dirigista vigente, el cual tiene una orientación dirigista hacia los sectores empresariales menos dinámicos como la banca, la energía, el eslabón financiero del agro y los grandes sindicatos del negocio de (la falta de) salud pública. Este sesgo dirigista es clásico también de los gobiernos conservadores populares, que también, como el actual gobierno, tiene una política social clientelar, asistencialista y de eternización de la pobreza; puntos más, puntos menos en relación a los jubilados y la Asignación Universal por Hijo. No hubo nuevas moratorias para nuevos jubilados sin aportes, en un país con un tercio del trabajo en negro, pero sí se amplió el abanico de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.

Por eso es que está tan sobreactuado el drama ideológico y se desplaza, por su falta de contenido, a las crónicas policiales y los peores jueces federales se siguen comportando como siempre: como punteros penales del oficialismo de turno. Probablemente, a Macri se le haya ido la mano con esta táctica autoritaria, pero sin caretaje el asunto no es nuevo, lo que es nuevo es el grado de intensidad. Lo cual quizás ponga un piso elevado para el próximo gobierno, sea del origen político que sea, en la constante degradación institucional.


Algunos raptos de la sana tradición del liberalismo clásico colorean los matices: se suele remarcar que Macri es el primer presidente que no es radical ni peronista, lo cual constituye una novedad, por cierto. Pero no la más importante, dado que los partidos "atrápalotodo" de Argentina son cáscaras vacías que se alquilan a cualquier ideología. Sin embargo, hay algo más importante, otra novedad que se pasa por alto. Macri es el primer presidente argentino en toda la historia que no es católico. Que demostró con gestos grandilocuentes que no es católico. Recordemos algunos al pasar: los subsidios a un chanta indio que vende libros sobre cómo respirar, su televisado casamiento con su actual esposa, luego de dos divorcios, su familia ensamblada y el Papa Francisco poniendo un gesto de niño enojado al lado del recién electo presidente. Son puestas en escena fuertes, que le permitieron por primera vez en la historia a un presidente argentino hablar del aborto en una asamblea legislativa y sugerir al Congreso Nacional que lo discuta. No es un tema que esté en la agenda de los ricos, que saben cómo y dónde abortar sin riesgos.


Para los simplificadores crónicos, a los que el vocabulario de Twitter les queda grande, éste es un gobierno de ricos o bien un gobierno que impidió que seamos Venezuela. La realidad suele ser más compleja pero en la simplificación hay una efectividad que sirve para apuntalar e interpretar los humores sociales. Eso sí, no sirve ni para gobernar ni para hacer una oposición seria.