Soja, agroquímicos y peronismo

2 de marzo de 2017



Joakito.- Por estos días se está discutiendo en el ámbito legislativo la regularización del uso de agroquímicos sobre todo en lo que respecta a las fumigaciones en zonas urbanas. El uso de agroquímicos se da fundamentalmente en las plantaciones de soja. La soja es uno de los productos estrellas del campo en cuanto a su capacidad de exportación.



Haciendo un repaso histórico sobre el cultivo de la soja uno se encuentra que ya en la década del 70 la soja fue introducida a la cosecha. En la vecina provincia de Santa Fe un diputado peronista en 1973 presentaba un proyecto para promover la siembra de la soja en la provincia, sus beneficios entre los consumidores y la participación del Ministerio de Educación en su difusión en las escuelas junto a los estudios para su desarrollo. Si bien no se pudo asentar como el producto estrella,  mediante los famosos grupos CREA(Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola) de pequeños y medianos productores, la producción de soja fue creciendo durante el tercer gobierno de Perón.
El mismo Perón que sostuvo en su Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo en 1973 que  hay que “… comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo, que el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que renunciar a alguna de las comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible que los recursos naturales resultan aceptables y por lo tanto deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población es aumentar la reducción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales como la educación y la salud pública, y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel que los bienes y servicios superfluos juegan actualmente en la vida del hombre.”, es el mismo Perón que generó las condiciones para que ingrese y se permita el cultivo masivo de soja en la Argentina.

Después, a pesar de la caída del gobierno constitucional, los CREA continuaron con el cereal cuyo destino era la exportación.
El crecimiento del cultivo fue constante, pero a ritmo cansino, durante la última dictadura y el Gobierno radical de Raúl Alfonsín.
En los 90 y  durante el gobierno de Carlos Menem, fue el hoy diputado nacional y ex gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá quien le da el empuje necesario para que la soja se convierta en el principal producto de exportación con máxima ganancia debido a la poca utilización de mano de obra y de tecnologías para su cosecha. Solá ocupaba la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, y tomó la decisión política de permitir la utilización del gen RR (resistente al Roundup, una de las mayores marcas de herbicida), que hace resistente la soja a los venenos combativos de otras malezas. De esta manera, con la utilización de glifosato y el método de siembra directa, la oleaginosa recibe el impacto más importante para su impresionante expansión, triplicando en pocos años la superficie sembrada y casi cuadruplicando los rindes por hectárea. Sin embargo, a pesar de la demonización que se le hace hay que rescatar que Solá tuvo una impecable gestión al frente de la Agricultura llegando incluso a crear el hoy extinto Instituto Nacional de Semillas (INASE) que no generaba gasto para el Estado ya que se financiaba con las regalías de las semillas.



Este año se cumplen diez años del conflicto político mas arduo que tuvo el peronismo desde la restauración democrática: el llamado conflicto con el campo a raíz de la resolución 125 sobre la implementación de las retenciones móviles a la soja. Si bien el peronismo - en su versión kirchnerista- perdió la batalla, desde entonces comenzó una nueva etapa nunca antes vista que llevó a la profundización del modelo biotecnológico, una profundización hacia la producción de biocombustibles y hacia una mayor concentración en el uso de la tierra, esto último provocado por los fondos de inversión que llegaron, con crecientes pérdidas de tambos y de otros cultivos, que se pasarían a la sojización, abriendo serios riesgos de crisis alimentaria.