¿Se puede manipular elecciones por Facebook?



Daniela Sánchez-. ¿Realmente se puede manipular al electorado desde las redes sociales? ¿No es subestimar a la gente pensar así? Porque todos los estudios científicos son concluyentes: no se puede.
Toda la teoría comunicacional basada en estudios científicos es concluyente: no se puede manipular para votar a tal o cual candidato desde las redes sociales.
Sin embargo, el reciente escándalo de Facebook con la obviedad de que vende los datos de los usuarios (como si Google, Yahoo, Twitter etc, no hicieran exactamente lo mismo siendo que ese es justamente su modelo de negocio, la recopilación de Big Data para orientar la publicidad, sea política o no) y la necesidad de simplificar los resultados electorales que no agradan a los "bien pensantes" como el triunfo de Trump en Estados Unidos, la salida de Inglaterra de la Unión Europea y la elección de Macri como presidente de Argentina, llevan a muchos a creer en esta nueva ola de Fakes News, esta vez escrita por los prestigiosos periodistas de los principales diarios de EEUU e Inglaterra, por no mencionar España y demás.

Las Fakes News se disparan a una velocidad increíble, porque estos mismos medios no pueden comprender por qué el electorado es tan estúpido de no comerse las operaciones de prensa de la "prensa independiente" y votar por la Unión Europea en Inglaterra, por Hillary Clinton y Wall Strett en Estados Unidos y así sucesivamente. Entonces ponen como excusa las Fakes News (noticias falsas) de otras empresas de medios, que hacen lo mismo que ellos pero para otros candidatos o ideologías y culpan a las redes sociales, especialmente a Facebook porque cotiza en bolsa y al malo de turno, Rusia, una ex potencia que supuestamente con 130 mil dólares logró amañar la campaña electoral de Estados Unidos. Un disparate total.
Más vale que Putin deja que digan esas tonterías, así agranda la magnitud de su poder real en el mundo, que es bastaante menos de lo que sus supuestos adversarios interesados le adjudican.

Un exaltado columnista de Página 12 desde Londres llama a cerrar la cuenta de cada uno en Facebok (o sea que él tiene, yo no) porque Facebook dice que causa una epidemia de muerte. Lo dice sin darse cuenta de lo que dice o es un pusilánime, para utilizar una palabra que él usa en su columna. Se ve que la abstinencia de los sueños revolucionarios que iba a liderar el Subcomandante Daniel Scioli vuelve un poco tontos a los desesperados que en condiciones normales, menos enajenados, se reirían de lo que escriben.
Ni los trolls generan ninguna tendencia ni la manipulación de los algoritmos puede lavar el cerebro de nadie.
La Big Data es útil y en la Argentina el que mejor la utiliza no son los partidos nuevos, sino el peronismo y el radicalismo, que con sus unidades básicas y comités en cada pueblo y cada barrio, puntean los padrones y a través de los militantes conocen vida y obra de cada vecino, incluyendo qué incentivos o qué discurso hacerles, qué preferencias políticas tiene y si está dispuesto a vender su voto o no. Los partidos sin militantes ni fiscales tienen que comprar estos datos difusos por Facebook, y pedir el voto electrónico.

Pero ni una cosa ni la otra garantizan un triunfo electoral.
Lejos de eso, los medios de comunicación, como son cada vez menos creíbles y menos interesantes -están llenos de porquerías sin ton ni son sacadas de las redes sociales o las cámaras de seguridad, pero se la dan de serios- sirven para instalar candidatos, aunque no necesariamente para que sean votados. Sirven para "hacerlos conocidos" pero eso no significa, mecánicamente, que puedan ganar una elección.
Las cosas son más complejas.




En las redes sociales, a diferencia de los medios tradicionales, hay un ida y vuelta. Casi nadie le presta atención a las redes sociales de los políticos o las fortunas que pagan para meterse hasta por el inodoro y darnos su mensaje, porque la forma de ese mensaje no le importa a nadie, dado que es unidireccional, y el contenido tampoco, ya que estamos.
Sin interaccción, las redes sociales pasan a ser aburridos púlpitos de gente mandona que habla de cosas en las que no cree.
Con interacción, se puede establecer una conversación entre supuestos pares y ahí sí que se pueden ir moldeando preferencias políticas.

Pero a no ser que se lave el cerebro de millones de personas y se las convierta en algortimo o que alguien sea tan idiota como para confiar en un troll, su injerencia es menor, sino irrelevante, a la hora de decidir el voto.