Rojo


Joakito.- Tati Sanguineti (1988, Córdoba) es una escritora apasionada por el género Porno Trash. Estudió Letras Modernas en la UNC y luego de hacer varios talleres literarios, en el 2016 siguió su sueño con sus escritores favoritos en Buenos Aires. De chica le dicen Tatana, deviene de atorranta, que pone el ojo donde ya no se puede ver. Actualmente conduce el ciclo de radio "Saca el porno del closet".


Pienso en el color rojo
y me viene a la mente
una frutilla
cortada en pedacitos,
llena de azúcar
y juguito.
Pienso en ese almíbar
que sale de la fruta
cuando entra en calor.
Me excita,
todo lo que es rojo y jugoso
me enciende,
me apasiona.
Me hace acordar a ella.
La conocí una noche cualquiera,
por Facebook.
Una amiga me pasó su contacto,
antes me mostró un video
bastante fuerte
que le había enviado:
sola,
en ropa interior negra,
en cuatro
en una cama,
nalgueándose.
Le pedí que parara
y que me pase su nombre
en ese instante.
Y así fue,
esa misma noche chateamos
y me paso fotos de ella,
bastante provocativas en un comienzo
y en pelotas directamente después.
Digo, en concha y en tetas.
Estaba muy fuerte la nena,
era chiquitita,
flaquita
pero con mucha forma.
Pelo castaño claro lacio y bien largo,
una cara demasiado inocentona.
Bue,
cómo iba a ser inocente su cara
si portaba unas tetas gigantes,
recién operadas, una cintura muy angosta
y unos cuartos traseros prominentes.
Yo no aguantaba más,
era como que me pedía a gritos que la coja,
que le chupe toda esa pielcita virga.
Me mandaba fotos desnuda
sin conocerme y sin que se las pida.
Yo no aguantaba más,
le dije que la iba a buscar,
pero me dio algunas vueltas.
Quedamos para el viernes.
Me preparé todo el día,
a la tarde me bañé,
me hice un baño de crema,
me depile enterita
y me puse la ropa interior más sexy.
La esperaba a las doce. ..
Doce y cuarto me escribe
y me cancela,
le dolía la panza.

Me dolió pero era esperable.
Tanto regalo así como así es difícil.
El sábado tenía un evento BDSM
así que seguro iba a coger lindo,
no me preocupaba.
Me escribió a la tarde
diciendo que me quería ver.
No creo que pueda beibi,
le respondí.
Se enojó,
me pregunto si ya no me interesaba más.
La llamé con mi voz más tierna,
le dije que la esperé anoche,
que me dejó con las ganas
pero que si tantas ganas tenía de verme,
podía hacer algo.
Le conté sobre la fiesta,
le anticipe que era bastante atrevida si venía
y me dijo que sí,
que algo de eso me quería mostrar.
Me prometió el rojo,
me dijo que esa noche lo iba a ver,
que iba a sentir su textura
como la de la frutilla
cuando se empieza a humedecer.
Me moría por empalagarla de dulces
y que me muestre su almíbar,
su flujo,
su líquido.
Y así llegó.
Mini a rayas brillantes
y un top,

sí, un top
que le tapaba las lolas
con los cinco grados centígrados que hacían afuera.
Cancanes color piel y sandalias altas.
Así se bajó del taxi,
yo la esperaba en la vereda.
Inmediatamente me di cuenta
que con la nena así
estaba en peligro en esa fiesta,
la miraban sin parar,
así que la agarré de la mano
y caminamos juntitas.
En la parte de adelante
estaban haciendo bondage,
una chica
había suspendido
a un chico
con sogas bien gruesas.
Sonaba Portishead.
La agarré de la cintura
y pasamos a la parte de atrás,
donde estaban haciendo
spanking
sobre una cruz.
A mi amigo
lo habían atado con esposas a la cruz
y lo castigaban con una plancha de cuero
bien ancha
que tenía un látigo más finito arriba.
Se había portado mal,
eso a la nena la calentaba.
Le dije que me dieron muchas ganas

de hacerle eso anoche,
que estaba muy enojada.
Se rió media nerviosa,
me dijo
que ya íbamos a ver.