Pavón: ejemplo de una mentira



Gonzalo García Garro-. La historia es un violento territorio de disputa entre los distintos grupos sociales, económicos y políticos que componen la sociedad. Y esto es así, por el alto potencial argumentativo del hecho histórico, es decir: lo que fue de una manera, sostiene lo que es hoy y toda visión del pasado justifica un estado de cosas en forma más o menos permanente.


Has comprobado también, cómo la historia moviliza fuerzas psicológicas e ideológicas muy potentes, y es razonable que así sea porque irreversiblemente se plasma siempre en la práctica la sentencia de G. Orwell que en su novela “1984” le hace pronunciar a uno de sus personajes: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controle el presente controla el pasado”. Eso es así de irrefutable.



La falsificación de nuestra historia (para controlar nuestro futuro), comienza con el último disparo en la batalla de Caseros. Los liberales, fanáticos unitarios antirrosistas, de vuelta del exilio, comienzan a adulterar el pasado reciente. Los diarios y folletos de la época inmediatamente posterior a Caseros convierten al gobierno de Juan Manuel de Rosas en una orgía de crímenes y sangre. Se esparce la semilla de la mentira que, con el transcurro de los años, se habría de institucionalizar a través de la Academia de Historia. A partir de la historia falseada se escribieron los manuales escolares de Grosso y de Levene que se le impondrían a las nuevas generaciones de argentinos, en su mayoría descendientes de inmigrantes y por ende, desvinculados de la tradición oral.



Dos métodos convergentes fueron adoptados por la falacia histórica:



a) La omisión y falsificación de los acontecimientos y

b) Las interpretaciones torcidas y tendenciosas de los hechos.



Consideremos un ejemplo que te aclare estos dos conceptos: Las generaciones que se instruyeron en las escuelas públicas liberales (pensemos en nuestros padres, por ejemplo) jamás tuvieron conocimiento de la verdad de los hechos de la batalla de Pavón. En ese choque armado se enfrentaron las fuerzas de la Confederación al mando de Urquiza y los ejércitos de Buenos Aires conducidos por Mitre. Los textos escolares siempre ponen de relieve el triunfo de Mitre en la contienda (falsificación), pero nunca mencionan (omisión) que el ataque de las fuerzas de la Confederación desmantelaron y derrotaron al ejército mitrista. No dan cuenta, de la “misteriosa” retirada de Urquiza del campo de batalla, suceso que Mitre conoce después, cuando ya estaba embarcado hacia Buenos Aires dejándole así Urquiza, (al menos en los papeles) el laurel de la victoria. Pavón es paradigmático para comprender la mentira orquestada por el mitrismo. Y, menos aún se puede explicar desde la historia oficial, al menos racionalmente, la reclusión de Urquiza a su feudo, en San José donde se instaló hasta que fue asesinado en un tiroteo por las montoneras de López Jordán. Y por qué durante todos esos años, los gobiernos centrales unitarios respetaron la vida, la fortuna y la influencia política del “vencido” de Pavón.  Desde ya, no se hace ninguna referencia (se omite) a la entrevista que concretaron Mitre y Urquiza en la jornada anterior de la batalla convocada por la logia entonces dominante a la que ambos pertenecían. En realidad, en esa reunión secreta, no mencionada por la historia oficial, no solo se selló la suerte de la batalla sino el destino de la Argentina para el futuro.