Para qué sirvió el pacto de Olivos



Ramiro Pereira-. Con su avance en los bordes de la constitucionalidad, el oficialismo dejaba poco margen de maniobra  al principal partido de la  oposición: Menem estaba dispuesto a forzar la legalidad hasta la consecución del objetivo de procurarse la chance de un nuevo período en la Casa Rosada, pero ese mismo proceso de avanzar por sobre la legalidad (y por sobre las debilidades  de la UCR) contenía una búsqueda de entendimiento para la reforma constitucional, sobre la base de la posibilidad de reelección para el entonces presidente. Este escenario presentaba  menores costos a pagar por un objetivo de cualquier modo indeclinable.   



Los conflictos aparentemente insolubles en que se había adentrado la UCR, con la imposibilidad de definir y concretar una estrategia unificada y concertada entre los principales sectores, dirigentes y distritos; un estado de anarquía partidaria resultante directo de la crisis de la derrota del ’89 y la imagen de la salida anticipada del gobierno en el marco de la hiperinflación; todo esto agravado por la presencia de una conducción nacional que era el reflejo de los conflictos irresueltos y no contaba con capacidad de decisión, llevaron al dirigente con mayor control de la estructura partidaria a girar su posición ante la coyuntura y aceptar el diálogo con el presidente Menem. De hecho, Raúl Alfonsín había sido una de las voces mas críticas  hacia los aspectos centrales de la política implementada por el peronismo en el gobierno (y siguió siendo, en los años siguientes, una de las voces mas críticas) y su enfrentamiento con el presidente Menem llegaba a tonos muy elevados, visualizados en algunos medios de prensa como un enfrentamiento de características personales entre el ex presidente y su sucesor. 

Alfonsín mantenía asimismo, dentro del radicalismo, una de las posiciones mas duras con respecto a los intentos reeleccionistas del menemismo, razón por la cual el pacto de Olivos fue percibido como una claudicación (para muchos, una claudicación mas) del líder radical. 



Una gestión del ex ministro del Interior  Enrique Nosiglia programó una reunión secreta  que se realizó el 4 de noviembre en la casa del ex canciller y diputado radical Dante Caputo  y de la cual participaron Alfonsín, Losada y Nosiglia,  por la UCR, y Menem, Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo, el secretario general de la presidencia Eduardo Bauzá y Carlos Corach, por el PJ. La reunión culminaba la ofensiva menemista en el sentido que lograba que el radicalismo (y Alfonsín, con las posiciones mas críticas hacia el gobierno) aceptara dialogar sobre la instrumentación de una reforma constitucional con posibilidad de reelección presidencial. A cambio se introducirían reformas contempladas en el proyecto del Consejo para la Consolidación de la Democracia (C.C.D.), creado durante la presidencia de Alfonsín, reformas de carácter genéricamente progresistas que en el campo del discurso político, actuarían como justificantes del radicalismo  pactista. Respecto de esa reunión, dice Alfonsín: “directamente planteé la propuesta, en coincidencia con Losada: yo creía que podría obtener la conformidad de mi partido para la reforma de Constitución si volvíamos al acuerdo logrado con Cafiero”.

Se refería al acuerdo con Antonio Cafiero cuando este era titular del Consejo Nacional del PJ y Alfonsín aún presidente de la nación, que consideraba deseable la elección de una Convención Constituyente simultáneamente con las elecciones presidenciales de 1989. Dicho acuerdo se referenciaba en el proyecto del C.C.D. “Puse especial énfasis en la necesidad de limitar las facultades  presidenciales […] Finalmente estuvimos de acuerdo en comenzar la discusión sobre la base de las coincidencias a que habíamos arribado con Cafiero, el levantamiento del plebiscito y la no consideración del proyecto del diputado Durañona y Vedia sobre la interpretación del artículo 30 de la Constitución”.



Tras aquella reunión,  urgía a Alfonsín comunicar y convencer sobre la conveniencia del acuerdo que impulsaba  como respuesta del radicalismo frente al PJ, que era también un cambio absoluto en el trazo grueso de sus propias posiciones manifestadas públicamente hasta entonces.  Alfonsín necesitaba evitar que la disputa interna por la conducción partidaria que lo tenía como principal protagonista, se conjugara con un eventual rechazo a un acuerdo con el gobierno por parte de importantes sectores del radicalismo, y esto redundara en una fractura de hecho del partido. La insoluble conflictividad del radicalismo, que había impedido la articulación de estrategia alguna, es un factor de primer orden para explicar el giro realizado por Alfonsín, esto es, la adopción de una estrategia que, como dijimos, tenía como objetivo impedir una dispersión política del partido y vertebrarlo, con una respuesta concreta ante el desafío del oficialismo. Así, el ex presidente debía convencer a sus correligionarios, tanto  allegados como adversarios internos, de la conveniencia de seguir el derrotero esbozado en la  reunión con Menem,  tarea para la cual  precisaba ganar la interna por la conducción radical, es decir, mantener en reserva el encuentro realizado con Menem, mientras daba pasos tendientes a preparar el terreno en la dirección del acuerdo con el PJ. En esta dirección, Alfonsín remitió una carta a los delegados al Comité Nacional de su partido que ya habían comprometido el apoyo a su candidatura, en donde se podía entrever un cambio de postura en el ex presidente: de encaminarse las cosas como se estaban dando, “el daño para la democracia sería irreparable, porque generaría enfrentamientos definitivos y las imprevisibles consecuencias del rechazo y desconocimiento de la nueva institucionalidad”, por tanto, era menester “trabajar de inmediato con el propósito de evitar los graves riesgos” e “intentar un acuerdo […]  que permita desandar un camino que conduce a deformaciones inadmisibles”. Al mismo tiempo, se iban generando rumores de posibles acuerdos con el gobierno que hacían incierto el panorama. La reunión estuvo tan sólo 3 días fuera del conocimiento del público: en efecto, el 8 de noviembre el diario “Ambito Financiero” informaba de ella.