Mauricio se hizo K



Ezequiel Bauman-. El Presidente no habla de la inflación, sus ministros tampoco, excepto en el exterior, donde mienten descaradamente o confiesan que no saben qué hacer, tal como hizo el bochornoso Ministro Nicolás Dujovne en España, donde hizo un verdadero papelón. Si hubiera sucedido con la doctora Cristina de Kirchner (quien tampoco hablaba de la inflación, excepto en el exterior y cuando no le quedaba otra, como en la charla a los alumnos de Harvard) los medios estarían pasando el video cada quince minutos, una y otra vez, con columnistas desglosando cada palabra y haciando análisis hasta el infinito. El blindaje mediático sin embargo, está comenzando a resquebrajarse, no solo por las noticias que llegan del exterior y que hoy son imposibles de tapar por la existencia de internet y las redes sociales, sino porque está creciendo la bronca de la gente, como se ve reflejado en las canchas de fútbol.
El gobierno reacciona como si nada estuviera sucediendo, como si fuera un kirchnerista: no importa la realidad, lo que importa es el relato que entre ellos se cuentan.



¿Es sustentable este modelo económico? La respuesta es harto sencilla: los que diseñaron este modelo económico tienen su plata afuera del país, porque no creen en la sustentabilidad a corto, mediano y largo plazo de sus propias políticas.
¿Entonces por qué persisten en el error?
Por varios factores. Uno de los principales es la corrupción. Luego de pasar por la función pública, concediendo favores y privilegios a las empresas de donde son CEOs o tienen acciones, volverán al llano siendo mucho más millonarios y con grandes empresas debiéndoles favores, o con los pagos ya hechos y escondidos en el exterior.
Para esto, la prensa juega un rol fundamental.
Recordemos que muchos le creímos a Jorge Lanata cuando hablaba de cuentas secretas en paraísos fiscales de Cristina Kirchner. Resultó ser un invento de Lanata que hoy, cuando salen a la luz a través de medios internacionales que el gobierno argentino está compuesto por una banda de evasores crónicos, no habla más del tema. Sigue machacando con el gobierno anterior que dejó el poder hace dos años, pero ya no habla de sus supuestas investigaciones (que resultaron inventos) sino que acusa a los opositores de ser golpistas y destituyentes, tal como hacía el periodismo militante K.



Los jueces no se sienten presionados por Clarín más que para encarcelar opositores, por causas irrisorias al lado de la corrupción financiera que instaló el macrismo, cuya fiesta tardaremos siglos, literalmente siglos en pagar el conjunto de los argentinos que trabajan y pagan sus impuestos, lo cual excluye a los jueces y los evasores crónicos del gobierno de Cambiemos.

En este marco, la siempre bronceada Elisa Carrió, que pasa medio año de vacaciones en el exterior, puede seguir dando clases de moralidad republicana pero cada vez es menos el público que le cree. Porque estamos hablando de un gobierno que arruinó la economía, empobreció más a los pobres, enriqueció más a los ricos y manipuló la justicia y la prensa de manera bochornosa.

La ira popular que se observa en la calle, más allá de que los medios traten de silenciarla, se explica por la desilusión que ha generado este gobierno de derecha en su propia base electoral, que creyó en el discurso desarrollista, sensible socialmente, a favor de los jubilados, de búsqueda del diálogo y el consenso. Un discurso electoral atractivo después de tanta mentira. Ahora, Mauricio Macri se hizo un K más, vive su propia realidad, miente descaradamente e incumple todas y cada una de sus promesas. 
La realidad está cayendo con todo el peso abrumador de quien sintió esperanzas y se ve frustrado una vez más en un país que se encarga de hacer trizas las esperanzas de los ciudadanos de a pie.