Literatura y política



Santiago Zorrilla,.-  Cuales son los modos en que  la política atraviesa la literatura y cómo la literatura interviene en prácticas o lineamientos políticos a la largo de la historia en la provincia de Entre Ríos.


Pensar la la relación entre estos dos campos, en el sentido que Bourdieu le da al término, implica no solo pensar la obra literaria en sí, sino los contextos en los cuales están escritas. Es decir que no se pueden leer los cuentos de Juan Rulfo sin tener presente la Revolución Mexicana y sus consecuencias o abordar la narrativa de Pedro Lemebel sin considerar el gesto político que implican sus desafíos a la
sociedad católica y conservadora chilena.

Pero volviendo a la pregunta inicial, a lo largo de la historia de los últimos dos siglos establecer esta relación ha sido muy compleja, ya que no es fácil establecer la división entre uno y otro campo debido a que en muchos escritos aparece la literatura política y a su vez  muchas obras literarias fueron escritas por personas muy ligadas a la política. A su vez hay que tener en cuenta que a veces la literatura habla el lenguaje de la política; y otras veces -muchas - la política habla el lenguaje de la literatura. Entonces uno de los interrogantes a plantear sería ¿cuáles son los efectos -si es que los hubiera- que la política produce a través la literatura, o cuales son los efectos políticos de un texto literario?

También es cierto, que en esta relación, la que corre con el caballo del comisario es la literatura, porque en 200 años seguramente si hablamos de Menem, de Alfonsín, de Cristina o de Macri, nadie -o casi nadie- lo real es que nadie lo reconozca pero sin duda si sepan de quien hablas cuando nombres a Borges, a Cortazar, al Martín Fierro o a Rodolfo Walsh.
Contestar estos interrogantes desde Entre Ríos es casi imposible porque como ya se ha escrito en este diario es imposible identificar una literatura entrerriana ya que la unidad que Entre Ríos tuvo en lo político y en lo regional a lo largo de la historia, nunca tuvo su correlato en términos literarios.



Muchas veces cuando se piensan las relaciones entre literatura y política con frecuencia la discusión se acaba en determinar si éste o aquél escritor apoya o no a cierta corriente de pensamiento o acción. Sin embargo, autores como Jaques Ranciere nos plantean que en realidad la actividad de la literatura consiste en el reparto de lo sensible, es decir que los escritores tratan con los significados y son partícipes de la construcción de las ideas sobre el mundo.

Uno de los géneros que están de moda hoy en la escritura son las crónicas, que se han convertido en una forma de visibilización de lo que antes no entraba en el reparto de lo sensible: los campesinos indígenas, las mujeres, las protestas. Ahí la relación se complejiza y aparece otro género literario: el periodismo. Y es en donde más se ve la ausencia de especificidad de una literatura entrerriana. Todas las crónicas contemporáneas -tomando como contemporáneas lo escrito desde el regreso de la democracia hasta hoy- imitan, por lo general sin descollar en talento, los cánones nacionales, los cuales en realidad son porteños. Y cada vez más, globalizados. Además de adoptar esos cánones, adoptan con evidencia los clivajes de época y hasta la temática porteña. El seguidismo, a medida que nos vamos acercando en el tiempo al hoy, se acrecienta.
No es diferente de lo que pasa en otras ramas de la literatura.

De esta manera, para leer la relación entre literatura y política en Entre Ríos, hay que mirar una paulatina relación de sumisión a los cánones porteños, hasta el punto que se termina diluyendo cualquier identidad. Tanto en la política como en la literatura.
Y eso es todo un diagnóstico, también, de nuestra cultura política.