La derechización



Ezequiel Bauman-. El debate público en la Argentina se ha derechizado, de la mano de economistas neoliberales que corren por derecha al gobierno desde la TV porteña desde donde transmiten para todo el país, y de la mano de un peronismo sin ideas, como el que encarnan Bordet y Urtubey, que solo atinan al seguidismo de moda, sea en lo tiempos K como en los tiempos PRO.

Las clásicas obsesiones de los economistas de derecha vuelven como novedades para las nuevas generaciones. En realidad son tópicos de una derecha que enfáticamente desde mediados de los años 50 en Argentina, repite el mismo mantra salvador, con los mismos resultados que conducen al fracaso.
Una tibia renovación retórica y un nuevo look descontracturado, no cambian la esencia de un discurso reaccionario que nunca logró volverse sentido común en la Argentina. Ni lo está consiguiendo ahora, según mi consideración. Es lo que explica por qué los gobernantes y economistas oficialistas no hablan claro y se detienen en vaguedades como "gradualismo", "crecimiento invisible", "inflación núcleo" y otros, para no ir al grano de qué es lo que quieren y cuáles son los instrumentos de política económica para lograr esos resultados.



La industria nacional, el mercado interno, la autonomía internacional, la creación de empleos, la movilidad social ascendente, ya no son parte del debate público en la Argentina. Menos aún en la provincia de Entre Ríos.
Los tópicos del debate público son los clásicos tópicos de la derecha, aún cuando demuestre su ineficacia a la hora de buscar resultados económicos tangibles que favorezcan a las mayorías. Hablamos de los siguientes tópicos: déficit fiscal, espera eterna de mágicas inversiones extranjeras, endeudamiento, monetarismo, recetas ortodoxas para salir de la inflación. Todo esto es un cóctel que demuestra que la derecha en Argentina -por derecha hay que incluir tanto al PRO como a buena parte del peronismo- es inútil a la hora de concretar sus propias aspiraciones.
La tan evocada figura del irreemplazable doctor Frondizi, se utiliza apenas como caricatura, pues en la realidad no se evidencia que las tesis del doctor Frondizi sean puestas en práctica ni discutidas para una necesaria actualización.
Claro que además de teórico el problema en la economía argentina es práctico. Por lo tanto, la ineficacia para alcanzar las metas que la propia derecha gobernante se propone, deja en un segundo plano cualquier debate teórico por considerarlo abstracto.
 Esta ineficacia en la gestión no quita que se pierda una interminable cantidad de tiempo en debatir al cuete sobre tópicos que en abstracto no tienen ninguna utilidad. O peor, tienen intereses ocultos detrás, como por ejemplo en el negocio del endeudamiento, donde ganan los bancos y pierden los pueblos. O la tontería de las "inversiones extranjeras" que nunca llegan más que a la timba financiera, dejando el país en quiebra como en el 2001.

Parecía que Argentina había aprendido por fin del mundo y había dejado atrás esas recetas bananeras de los países industrializados para los subdesarrollados. Recetas bananeras que ni locos aplican en los países donde predican este credo neoliberal.
En un mundo donde se puede acceder fácilmente a la información económica de todos los países, seguir con la cantinela neoliberal no tiene sentido. Sin embargo, Argentina se ha derechizado de manera ilógica. Hasta la derecha de los países industrializados abandonó hace décadas la vieja receta neoliberal de ajuste, espera eterna de inversiones extranjeras, primarización de la economía, privatización y achicamiento del mercado interno. Hacia esa dirección está yendo en picada Entre Ríos, dejando a los electores sin alternativa verdadera: el PRO que se come al radicalismo y el peronismo neoliberal que vuelve de la mano de su habitual rendición ante el centralismo porteño.
Esto es lo que se ve en Salta, donde gobierna el joven y talentoso candidato presidencial Urtubey y en Entre Ríos, donde el contador Gustavo Bordet se destaca por sus formas educadas, su respeto por la oposición y la pluralidad y por su impronta de honestidad.
Sin embargo, la derechización los ha obnubilado a estos gobernadores peronistas. Su discurso neoliberal, aún cuando no sea explícito ni consciente, no deja mucho lugar para la esperanza.