La debilidad de la oposición



Gerardo Pressman-. Los distintos movimientos de unidad del peronismo parecen consolidar la fragmentación, justo cuando el gobierno nacional más necesita tener una oposición débil para afrontar su propia debilidad.



El gobierno nacional atraviesa su peor etapa. La economía es un desastre, los encarcelamientos de opositores ya no dan los mismos réditos, la Justicia adicta está empezando a quedar aislada dentro de la corporación judicial, la política exterior se muestra errática y los escándalos de corrupción hacen que la prensa oficialista ya no resulte eficaz ni creíble a la hora de desviar la agenda.
Los globos de ensayos en la construcción de la agenda mediática se pinchan cada vez mas rápido, en buena medida porque no se sabe cuál es el rumbo del gobierno o si tiene un rumbo. A su vez, su falta de eficacia en la gestión hace que los globos de ensayo se pinchen más rápido porque nunca se termina de concretar nada.
La inflación galopante y una economía desastrosa, marcada por la impericia y la corrupción -lo que la prensa oficialista llama "conflictos de intereses" - tendría que haber despertado al gigante dormido, el peronismo.  Como en el microrrelato de Augusto Monterroso "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", Cambiemos sigue analizando cómo seguir en el poder luego del 2019.
El oficialismo aún es hábil para maniobrar. Ha logrado tener un puñado de gobernadores sumisos como Gustavo Bordet, que militan para el PRO a cambio de nada. Lo que quita margen de negociación a los gobernadores con gestión para mostrar, triunfos electorales y liderazgo en el peronismo de su provincia, lo que Bordet carece. Es el caso de Uñac en San Juan, Manzur en Tucumán e Isfrán en Formosa.
Las distintas reuniones de "unidad" han logrado avances. Por un lado, en San Luis, se reunió el kirchnerismo con Rodríguez Saá y Hugo Moyano, los dos actores con poder real. La prensa oficialista resaltó la presencia de los kirchneristas estigmatizados, pero el poder real de esa convocatoria no pasaba por ahí. Por otro lado, en Hurlingam, sin la presencia de ninguno de los Saá, se reunió el PJ bonaerense con la gente de Massa. También estuvo Moyano.
Estos encuentros de unidad terminarán con una reunión del peronismo PRO en Gualeguaychú .donde Bordet fue ampliamente derrotado, por paliza, pero para Cambiemos es su lugar fundacional por el Congreso de la UCR que decidió apoyar a Macri. De Gualeguaychú es oriundo el senador que era ultraK Pedro Guastavino, quien llamó a votar en blanco en la interna del PJ local porque lo dejaron afuera todos los grupos. La curiosidad es que la totalidad de los votos en blanco que recogió su prédica fue de uno: un solo voto en blanco. Se supone que ni su esposa, que fue diputada nacional (también ultraK) y toda su familia, ahora volcada al PRO, ni siquiera le hicieron caso. Un curioso antecedente para el anfitrión del peronismo PRO, el único sector que es explícito en sus intenciones de fragmentar la oposición para posibilitar la reelección de Macri. Tienen un solo problema: no tienen votos propios. Accedieron a los cargos que ostentan por el voto K, pero ni Pichetto ni Bordet ni Urtubey pudieron ganar una elección con su camiseta PRO. Así que su destino en política es más bien el olvido. Les queda un año de gestión y mientras tanto harán todo el daño posible al peronismo para luego tratar de ser funcionarios de un eventual nuevo gobierno del PRO, como hizo Juan Manuel Abal Medina, hoy funcionario político de tercer rango del gobierno de Cambiemos.


Estas tres postales de "unidad" del peronismo no hacen más que mostrarlo fragmentado. Con el agravante de que la gente no quiere la unidad del peronismo, eso lo quieren los dirigentes. La gente espera un proyecto político consistente, un liderazgo renovado con ideas frescas y la garantía de que se puedan arreglar los problemas que heredará el próximo gobierno, tras la pesada herencia de la deuda externa, la inflación galopante y el crecimiento de la desigualdad. Por ahora no hay un proyecto opositor que se destaque.
Quién sabe si para fin de año comenzará a asomar alguno de este estilo.
Lo que es casi seguro es que no surgirá de encuentros cupulares de dirigentes para componendas que no consultan con los militante. Y menos que menos del peronismo PRO, destinado al olvido tras la próxima ronda electoral, donde difícilmente lleguen a tener siquiera un candidato a presidente que supere el dígito en la primera vuelta.