La cara oscura de la demagogia punitiva

Joakito.- En Entre Ríos, según el último informe disponible de mayo del 2017 hay mas de 1800 personas privadas de su libertad repartidas en 9 unidades penitenciarias ubicadas en Paraná, Gualeguaychú, Concordia, Concepción del Uruguay, Victoria, Gualeguay y Federal. Las condiciones en las que viven son de abandono y hacinamiento, esto sin contar, los detenidos -irregularmente, por cierto- en comisarías cuyas condiciones son aún peores.

Tanto es el grado de abandono al que se ven sometidas estas personas que hasta el propio Supremo Tribunal de Justicia -que no se caracteriza por trabajar, mucho menos en verano- tuvo que realizar gestiones para que el Servicio Penitenciario de Entre Ríos, clausure un sector completo en la cárcel de Federal. El sector clausurado -el de aislamiento- es un sector que es muy utilizado a pesar de que un informe sobre las cárceles y las condiciones de detención en la Argentina realizado por el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de Naciones Unidas, criticó fuertemente el uso de este tipo de celdas de castigo como también la arbitrariedad con que se aplican sanciones disciplinarias por parte de los guardiacárceles.

Las condiciones de hacinamiento no es algo que se diga solamente desde la tribuna, lo dijo también en un dictamen la Jueza Cecilia Bértora a cargo del Juzgado de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad Nº 1 quien sostuvo que "el problema del hacinamiento carcelario y las malas condiciones de higiene y salubridad ha sido reflejado reiteradamente en las actas de visitas de cárcel, donde incluso se adjuntan fotografías para ilustrar el grado de deterioro existente en los edificios de las unidades penales, como así también, las reparaciones o modificaciones edilicias que se han ido haciendo en el transcurso del tiempo".

¿El hacinamiento de las cárceles es un problema de infraestructura? ¿Hacen falta cárceles nuevas?
Sin dudas que es necesario la construcción de nuevos edificios para la detención con las condiciones mínimas que garanticen la salubridad y la convivencia pacifica entre los presos, pero no es la solución. Por más que se construyan nuevas cárceles, es evidente que la cantidad de internos va ir creciendo debido a la aplicación -casi coercitiva- del nuevo Código de Procedimiento Penal, que aceleró los tramites judiciales y logra condenas en tiempos récord. ¿Por qué? Porque este nuevo código establece los llamados juicios abreviados por el que la mayoría de los nuevos presos han optado.
Estos juicios abreviados son aceptados por recomendación de los propios abogados defensores (oficiales, en la mayoría de los casos, dado que se detiene princialmente a la población pobre), y estos abogados suelen actuar sin escrúpulos, ya que el Ministerio Público de Defensa es casi inexistente.
A esto hay que sumarle, que nunca desde la Casta Superior de Justicia se gestionó ante el Poder Ejecutivo Nacional la construcción de un Unidad Penal propia para quienes cometen delitos federales, incrementando la población del Servicio Penitenciario Provincial.

Es cierto que el problema carcelario no es propio de Entre Ríos, de hecho la mayoría de quienes se encuentran privados de la libertad en Argentina, con excepción de quienes fueron condenados por delitos de lesa humanidad alojados en Marcos Paz y El Palomar, sufren no solo el encierro sino también la promiscuidad, el hacinamiento, los malos tratos, la mugre, los olores lacerantes. Y de hecho tampoco es un fenómeno propio de la Argentina, sino que va a asociado al avance de políticas neoliberales en todo el mundo y el encierro carcelario puede ser visto tranquilamente como un observatorio privilegiado de la cuestión social de estos tiempos, ya que el encarcelamiento y el endurecimiento de las penas se han convertido en la moneda de cambio al pedido de la sociedad de "mas seguridad".
Ok, pero...
¿Ha resuelto el problema de superpoblar las cárceles?


Es evidente que no, ya que los delitos no han disminuido.
Y si tenemos en cuenta lo que dijo el psicólogo social Alfredo Moffat "las cárceles son la universidad del delito" y que en nuestras cárceles la mayoría de los internos no tienen condena firme, y a su vez la vida en las cárceles significa además del aislamiento geográfico, el aislamiento intra carcelario entre 18 a 20 horas diarias en celdas individuales, una oferta educativa y laboral limitada e improductiva, condiciones de vida degradadas, prácticas institucionales violentas, reglamentos disciplinarios formales complementados con suplementos punitivos informales y la mercantilización de los derechos humanos de presos y presas a cambio de “beneficios penitenciarios”.