La Unisectorial selfie contra el tarifazo

Pablo Mori-. Con la humildad -de convocatoria- que los caracteriza, se realizó en la Plaza 1º de Mayo de Paraná una concentración para manifestarse en contra de los aumentos en los servicios públicos.

Encuentro con René



Manuel Langsam-. ¿Cómo puede ser? ¿Las cosas suceden por casualidad, o están ya predeterminadas? Un hecho que sucedió hará ya casi 3 años atrás me vino a la memoria la semana pasada, me pareció merecedora de llevarla una crónica, la termino de escribir y la guardo el día martes 20 de marzo de 2018 y, como lo hago habitualmente, la voy a enviar el jueves 22 a los diarios para ser publicada los sábados . Me entero que justamente ese mismo día fallece el protagonista de la historia. Difícil de explicar. Como sea, entonces, además del recuerdo, vaya esta crónica como ultimo homenaje a ese gran –y humilde- ídolo popular. Chau René. Descansa en paz.




El día 5 de agosto de 2015 se jugaba en la cancha de River la final de la Copa Libertadores entre el local y Tigres de México.

A pesar del pronóstico de fuertes lluvias para esa noche, como ya teníamos las plateas reservadas, fuimos mi hijo y yo con dos esperanzas: que River ganara la copa y que el pronóstico de lluvia estuviera errado.

Acertamos a medias. River ganó por 3 a 0, se consagró campeón, pero ni bien comenzó el partido se largó una lluvia torrencial que ya no paró a lo largo de toda la noche. Nos habíamos provisto de impermeables plásticos descartables pero a la media hora ya estábamos empapados. Pensé que para volver tendríamos que tomar un barco… Pero no importaba. Habíamos ganado.

Cuando salimos nos fuimos hasta  una parada en Avenida del Libertador para buscar la forma del regreso. Era imposible. La lluvia seguía muy fuerte, los colectivos pasaban llenos y no paraban. Taxis, ninguno a la vista.

Entramos en  al bar que había en la esquina para dejar pasar el tiempo, tomar algún café y esperar que se descongestione un poco la zona.

Así estuvimos hasta casi las tres de la mañana. A esa hora la lluvia no era tan fuerte y se veía pasar muy poca gente.

Nos ubicamos nuevamente en la parada de colectivos y nos quedamos confiados en tener esta vez mejor suerte con un colectivo o taxi.

Ahí estábamos cuando vimos venir directamente en nuestra dirección a una persona que, primero nos  pareció un jovencito, para luego, ya más cerca nos dimos cuenta que era un hombre mayor. Bajito, delgado, caminando lentamente con las manos en los bolsillos y las solapas levantadas para protegerse algo de la llovizna.

Vino directamente hacia donde estábamos nosotros, se paró al lado y nos dice: “señor, ¿podría convidarme con un cigarrillo?”

Nos asustamos bastante. Pero, lo miré bien y lo reconocí. Me parecía mentira la situación, pero me repuse de inmediato y le dije: vea, nosotros no fumamos, pero espéreme un momentito. Volví hasta el bar, compré dos atados de cigarrillos y un encendedor descartable, volví y se los ofrecí. Los tomó y me dice: “gracias señor”.

No, el que le quiere agradecer, soy yo. Gracias por la gran alegría  que nos dio en el 78. Permítame  estrechar su mano.

Me dio la mano, saludó y siguió su camino.

Si. Ese hombre era René Orlando Houseman. El mismo Houseman campeón con Huracán en el 73, el mismo que jugó dos mundiales (Alemania 74 y Argentina 78 –campeón-) el mismo que se crió y vivió siempre en la Villa del Bajo Belgrano, detrás de la cancha de Defensores, el mismo que cuando Huracán le compró un departamento en Parque Patricios, vivió en él una semana y luego dejó un cartel que decía “no nací para estar preso”, y se volvió a la villa…Un gran ídolo del futbol solo comparable a Garrincha o Corbatta en su puesto. A ese mismo hombre, tuve el gusto de dejarle un pequeñísimo agradecimiento en recuerdo de sus días de gloria.