El narcomenudeo y los transas punitivistas



Osvaldo Quinteros-. ¿Por qué será que los transas más beneficiados por la ilegalidad de algunas sustancias lúdicas festejan cuando la demogogia y la corrupción de los políticos hacen que se endurezcan (supuestamente) con los traficantes de medio pelo?



Porque ahí está el gran negocio. 
Es tan obvio que cansa repetirlo.
En las próximas semanas, Entre Ríos vivirá otra ola de demagogia respecto de la política reaccionaria contra las drogas que Estados Unidos combate fuera de sus fronteras pero consume (legalmente, además) fronteras adentro.
Con la mentalidad colonial de los enanos fascistas, hay mucho dinero en negro en juego en la provincia para que se alegren los Ministros, Jueces y Comisarios, sonriendo como el Sargento García, que cobran sus impuestos sin declarar para permitir el tráfico y encarcelar la competencia, para agrandar estadísticas que contribuyen a elevar los fabulosos márgenes de ganancia, pero teniendo siempre a raya a los pobres, que hacen la parte dura del negocio arriesgando hasta su vida a cambio de moneditas, mientras los narcotraficantes grandes se llenan los bolsillos con billetes ensangrentados y aportan a las campañas electorales a cambio del endurecimiento de las penas a los dealers. Un negocio redondo.



A esta altura, a nadie se le escapa que la ilegalidad de ciertas drogas es inútil, peligroso para la salud pública y extremadamente violento. Pero además ha creado la fabulosa industria del "combate al narcotráfico". Es decir, que legislar con conocimiento de causa, sin intereses oscuros bajo la mesa y mirando la normativa de los países más avanzados en el mundo, debilitaría el fabuloso negocio de vender drogas y el fabuloso negocio de combatirlas.
Por eso, Entre Ríos discute legislación en el mismo sentido que las dictaduras y los planteos de extremistas religiosos y terroristas. En la misma dirección, con las mismas premisas y con la misma obsesión punitivista.
Que fracasen una y otra vez y que las realidad se les ría en la cara, les importa poco a los demagogos.
Eso sí, estos demagogos solo pueden hacer de las suyas cuando la población está distraída, es constantemente bombardeada con mensajes publicitarios medievales y cuando se prohíbe el debate científico sobre las drogas, el negocio de venderlas y el negocio de combatirlas.

 El negocio de vender drogas y el negocio de combatirlas, alimenta las cajas negras de la política y la policía, pero además corrompe los juzgados, chupa el presupuesto estatal para fines serios como salud y educación y embrutece a la población en una carrera violenta que no tiene sentido. No hay clínicas de rehabilitación pero sí más dinero para meter pobres en las cárceles por asuntos menores de drogas. Agravando el problema que dicen querer combatir.

Es tan grande el negocio que las leyes a favor de los narcotraficantes, como la que se va a sancionar en Entre Ríos contra el narcomenudeo, solo busca que quede una tajada de este negocio multinacional en la provincia. Esa tajada, más bien tajadita, la pagarán los contribuyentes -de los impuestos sale el financiamiento a la industria de combatir las drogas- y los pobres, cuyas tasas de criminalidad van en aumento y son a la vez quienes más padecen esta criminalidad derivada del negocio de vender drogas al por menor. Con ganancias que apenas superan, en el mejor de los casos, la mitad de un salario mínimo, vital y móvil, son la única esperanza laboral para miles de entrerrianos que viven en las villas miserias. No fue magia, fue demagogia.
La hipocresía no tiene fin. Ni partidos políticos. En esta cruzada a favor de los narcotraficantes la clase política se pelea por ver quién es más demagogo y propone cosas que, hasta quizás crean en su fuero íntimo porque no se molestan en estudiar, que combaten a los narcos, cuando en realidad los terminan favoreciendo.