Al pie de la letra



Manuel Langsam-. En noviembre de 1951 se llevaron a cabo en el país las elecciones presidenciales conforme a lo establecido por la reforma constitucional de 1949.  En este caso las principales novedades fueron que  el Presidente de la Nación podía ser reelecto por un nuevo período de seis años y la gran novedad fue que las mujeres pudieron votar  por primera vez.



Es de destacar que no había ninguna duda que se impondría la fórmula Perón-Quijano por amplia mayoría. Y así fue.  Esta fórmula obtuvo el 63% de los votos contra su inmediato perseguidor, la fórmula de la UCR Balbín - Frondizi  (32%). Los demás partidos no llegaron al 3% de los votos.



Los peronistas repitieron la fórmula de 1946, Perón-Quijano, ya que no se pudo cumplir con el deseo de llevar a la vicepresidencia a Eva Perón, debido a que ya sufría la grave enfermedad que terminaría con su vida en julio de 1952. Pero se lo puso a Quijano, que también estaba enfermo, tal es así que falleció en abril de 1952 (antes que Eva Perón…)
¿Raro, no?
Otra cosa rara fue que Balbín encabezó la fórmula radical poco después de haber salido de la cárcel (enero del 51) en donde fue recluido luego de ser desaforado de su cargo de diputado “por desacato”, invento para acallar opositores…


En Domínguez, tanto como en todos los pueblos del país los oficialistas estaban eufóricos saboreando por adelantado el seguro triunfo. Y, si bien había gente respetuosa (pocos), la mayoría hacía gala de una prepotencia y falta de consideración (merced a la nutrida propaganda oficial) a los que consideraba como “cipayos, traidores y vendepatrias o enemigos del país”.

Habían llenado  el pueblo de afiches y pintadas con la fórmula Perón - Quijano, la “comisión de control de precios” visitaba con frecuencia los comercios que no tenían a la vista una gran foto de la pareja presidencial y no había empleado en cargo alguno al que no se obligara a afiliarse al partido peronista.
Asi que imagínense el estupor que causó que una mañana haya aparecido en la esquina más céntrica (el galpón cerealero de la cooperativa), una gran pintada en brillantes letras rojas que decía: “UCR – VOTE BALBIN FRONDIZI”. ¡Y el galpón quedaba  justo enfrente de donde funcionaba la Unidad Básica…!

Como en Domínguez se cortaba la luz totalmente a la una, seguramente algún audaz, en un ataque  de rebeldía, aprovechando la oscuridad reinante, tomó un tarro de pintura roja, una brocha y una escalera, y se dio el gusto de hacer figurar en forma destacada lo que se consideró como una provocación.
Las autoridades de la Unidad Básica decidieron que no se podía tolerar tal afrenta y optaron por tomar medidas de inmediato.

Para eso tenían al hombre indicado: el Gordo Simón (el nombre está cambiado). Era un muchacho “todo servicio”: barría el piso, hacía los mandados, iba a tirar cascotes a los actos de los partidos opositores. Analfabeto y cero de criterio propio.

Así que lo llamaron, le dieron una brocha, un tarro de pintura negra, una escalera, y le encargaron que esa noche, después del corte de luz, vaya y pase la pintura negra por encima de la inscripción “UCR - VOTE BALBIN FRONDIZI”,  para que al otro día no pudiera leerse.

Esa noche el Gordo Simón cumplió con su cometido al pié de la letra con el encargue. Al día siguiente las autoridades partidarias observaron horrorizados el trabajo nocturno.

El Gordo había  pintado, como le encargaron “por encima” de las letras rojas, por lo que ahora se leía lo mismo “VOTE UCR - BALBIN FRONDIZI”… ¡¡pero en negro!!