Llamado de emergencia

Joakito.- Lorena Leonhardt, es de Gualeguaychu. Su hermana falleció el año pasado sin que exista un diagnóstico certero que explique el proceso de deterioro de su cuerpo a lo largo de un mes de internación.

Aborto, religión y Estado


Joakito.- La presentación por primera vez en la historia de un proyecto para despenalizar el aborto en el Congreso Nacional reavivó el debate sobre la incidencia de los credos en general y de la iglesia católica en particular sobre las políticas estatales.

Haciendo un repaso a la historia observamos que con el cristianismo surge - cinco siglos después- la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, religión que se consolida con la conversión de los  emperadores romanos a esta religión, de esta manera los líderes de la iglesia (sacerdotes, obispos, cardenales y papas) en la medida en que obtenían mayor poder fueron olvidando el mensaje de Cristo: el poder terrenal era demasiado fuerte y tentador, pues les abría la posibilidad de obtener riqueza material, de esta manera la iglesia empezó a meterse más en los asuntos de Estado. En la época medieval los papas tenían el poder de quitar y poner reyes, cuando una orden o disposición papal no se cumplía, era el propio Papa quien organizaba y dirigía un ejército para combatir al reino rebelde para destituir al rey. Las imposiciones de la iglesia llegaron a ser tan insostenibles que algunos reyes empezaron a dar síntomas de cansancio.

En el siglo XIV, Enrique VIII, rey de Inglaterra, rompe con el Papa y organiza su propia iglesia que llamó anglicana. A partir de aquí los ingleses se apartaron de la influencia de la iglesia católica. En Francia esta separación se produce con la Revolución Francesa.

Es necesario que el Estado separe tajantemente sus decisiones de cualquier tipo de influencia religiosa, si uno ve los Estados Modernos la separación  del Estado de los asuntos de la iglesia católica, son los que han proporcionado a sus pueblos, desarrollo económico y paz social como por ejemplo en Inglaterra, Estados Unidos, Francia.

La Argentina no es un Estado religioso al estilo de los musulmanes o del Estado de Israel, sin embargo, no existen mecanismos políticos que  defiendan el derecho a la laicicidad de cualquier  ciudadano, dejando la práctica de la religión en el estricto ámbito de la privacidad y separándola así de todo acto oficial y cívico (al día de hoy muchas dependencias estatales tienen crucifijos o vírgenes en sus edificios) dejando la financiación cualquier iglesia a cargo exclusivamente de sus fieles.
Por otro lado es altísima la cantidad de dinero que se le otorga a la Iglesia Católica ya sea mediante transferencia directas pagando sueldos a los sacerdotes que ofician de vicarios como también los aportes que se le realizan a las instituciones educativas religiosas que se inscriben como escuelas públicas de gestión privada. Los obispos, por ejemplo, cobran un plan social equivalente al sueldo de un Ministro de la Nación, pero a diferencia de los planes sociales para los pobres, esta dádiva clientelar multimillonaria anualmente, es sin contraprestación.
Es más, históricamente, la iglesia católica ha jugado un papel sustantivo en la conformación identitaria de la sociedad argentina y, en diversas oportunidades, se ha constituido como una de las principales fuentes de legitimidad de los procesos políticos. La práctica del Tedeum por ejemplo no está prescripta en ninguna legislación, pero su permanencia y continuidad denota con
claridad el indiscutido y naturalizado papel protagónico que detenta la iglesia católica.

Esta influencia de la iglesia católica se expresa incluso en el Código Civil que en su artículo 33 sostiene que la Iglesia Católica (con mayúsculas del original) es una persona jurídica de carácter público, al igual que el Estado Nacional, las provincias, los municipios y las entidades autárquicas. Un disparate que nos devuelve a la Edad Media.
Este estatus legal que se le da solamente a la religión católica, le otorga a la iglesia beneficios comparables con cualquier institución estatal, haciendo por ejemplo, que sea inembargable.  A su vez muchos artículos del Código Procesal Penal de la Argentina le otorgan beneficios a la iglesia católica: el artículo 250 por ejemplo les da a "los altos dignatarios de la Iglesia" el mismo derecho que al presidente, los gobernadores o los rectores de las Universidades que no están obligados a comparecer (como testigos) ante la justicia.

La iglesia católica tiene un estatus privilegiado y en este sentido, la iglesia como cualquier otro grupo (corporaciones, sindicatos, etc.) intenta influir en el debate público, es por eso, que hasta el día de hoy se siguen penalizando determinadas prácticas (el aborto y la eutanasia por ejemplo) a partir de valores morales impuestos por la religión católica.

La discusión que se va a dar dentro del Congreso Nacional respecto al aborto adquiere un sentido importante para seguir avanzando en una secularización del estado nacional acorde a los tiempos que corren. La Argentina no se ha modernizado aunque a tenido algunos avances. Si bien se mantiene la invocación a Dios en el Preámbulo de la constitución, la reforma de 1994 suplantó el artículo 76 que indicaba que para ser elegido presidente o vicepresidente de la Nación era requisito “pertenecer a la comunión católica apostólica romana”. Con su anulación, no existe actualmente ningún requisito de carácter religioso que condicione la posibilidad de acceder a los máximos cargos del Estado argentino. También fue eliminado el artículo 80 que prefijaba el compromiso de juramento que el presidente y vicepresidente debían cumplir para tomar posesión de sus cargos -ante Dios Nuestro Señor y los Santos Evangelios-. Los presidentes ya no deben fingir que creen en supercherías. De hecho, el actual presidente, Mauricio Macri, que no es católico y se divorció dos veces (lo cual lo excluye de la iglesia, aunque si es el que firma los cheques estatales, se lo dejan pasar) no podría haber asumido si no se quitaba esa disposición medieval de la Constitución.
En este sentido como dato de color y llamativo es que por primera vez en la historia tenemos un presidente y su vice presidente que son divorciados y casados en segundas nupcias, algo poco común a una derecha clásica acostumbrada al conservadurismo religioso y civil.