A la derecha de Patricia Bullrrich



Osvaldo Quinteros-. En la cultura popular, el dealers y más aún, el gran narcotraficante, ha reemplazo a los superhéroes de los comics. Estos sucede en el propio corazón de los Estados Unidos y tiene un enorme impacto en cómo la gente comienza a cambiar su percepción punitivista sobre las drogas.




Lejos quedaron las tramas de las películas con malos guiones que para explicar un crimen solo bastaba con apelar "a la venta de drogas". Los éxitos de las series que retratan a los narcotraficantes, reales o ficcionales, reflejan el lento pero persistente cambio de la población en general en su percepción sobre el negocio de las drogas. Y la inutilidad de volcar recursos públicos para perseguir a los más pobres, las minorías inmigrantes y las "razas" oprimidas.

Sabido es que Estados Unidos comenzó la "guerra contra las drogas" tras el avance de los derechos civiles que le daban igualdad jurídica a los afrodescendientes cuyos abuelos habían sido esclavos. Las cárceles, tras estas leyes de "guerra contra las drogas" se llenaron de afroamericanos jóvenes y pobres. Luego se sumaron los latinos y juntos a los supremacistas blancos -neonazis de baja escolaridad, de piel blanca e hijos de la clase obrera industrial en declive- en las cárceles se graduaron de delincuentes, formando pandillas cada vez más violentas.



Así como la prohibición del alcohol creó la mafia de Al Capone, entre otros, también creó el negocio de Eliot Ness de combatir a los que vendían alcohol.
Con las drogas, la cuestión no es muy diferente. Cuando se levantó la prohibición del alcohol, bajaron las tasas de mortalidad por ingesta alcohólica, ya que pasó a ser regulado, controlada su calidad y se abrieron centros de rehabilitación y grupos de ayuda mutua. A la par que el gobierno costeaba estos centros de desintoxicación con los impuestos derivados del alcohol y redirigía sus fuerzas policiales a combatir el crimen real.
Argentina se encuentra en esta encrucijada. En ese marco, en Entre Ríos, los planteos sobre el narcomenudeo están a la derecha de Patricia Bullrrich. 
Es llamativo el silencio del Colegio de Médicos (silencio que se repite en el caso del aborto) y de las universidades entrerrianas, especialmente la de Trabajo Social. Solo hablan la policía, los jueces y los políticos demagogos: precisamente, las personas que se benefician de su propio fracaso en la "guerra contra las drogas" y las que no quieren, porque no les conviene, estudiar la legislación vigente en el mundo y el avance imparable de la despenalización, como único camino para reducir la cantidad de adictos, tener recursos para rehabilitarlos, bajar los niveles de violencia y garantizar que los productos que se vendan no sean mortales.
El negocio de las drogas legales, especialmente los opiáceos, está hasta el tuétano metido en la cuestión del narcotráfico, pero así como nadie quiere meterse con los narcos reales -los que no tocan las drogas ni el dinero, sino que se dedican al lavado de los fondos ilícitos y son los que se llevan las fabulosas ganancias- nadie quiere meterse con los laboratorios farmacéuticos.
La mentalidad pacata, hipócrita y moralista de los demagogos en relación a las drogas, que tantos réditos de todo tipo les da, es la única voz que se escucha, con argumentos banales que infantilizan a la población. Que por suerte, ya no les cree nada.