...Y la fama es puro cuento



Manuel Langsam-. ¡Pobre Hipólito Bergara! Me gustaría saber dónde fue a parar en su autoexilio y como terminó su vida. Desapareció del pueblo porque no podía conseguir trabajo y un poco también por vergüenza.



Nació y creció en Domínguez. Trabajó desde joven en changas diversas y como bolsero en épocas de cosecha. Luego, ya más grande, tuvo un vuelco fundamental en su vida cuando, por recomendación de un puntero político, entró como agente de policía.

Corría la época del primer gobierno de Perón. Él ya había dado muestras de su credo peronista y manifestaba abiertamente su posición favorable al gobierno.

Tuvo oportunidad de demostrarlo en 1951.

En 1949 se había reunido un  congreso constituyente a pedido del Poder Ejecutivo para reformar la constitución de 1853. Nadie podía negarse a un pedido del Ejecutivo.

Así que entre otras reformas, se introdujo la posibilidad de la reelección presidencial por otro período de  seis años, cosa que hasta entonces estaba impedida. Tal es así que tanto Roca como Irigoyen, con todo el poder que tuvieron, debieron saltear un período para poder ejercer un segundo mandato.

Para sorpresa de muchos, el Gral. Perón, a principios de 1951, manifestó que no estaba seguro de aceptar su postulación para un nuevo mandato. Ante esa circunstancia la CGT, encabezada por el “compañero José Espejo”, lanzó inmediatamente  y por su  cuenta la fórmula presidencial para las elecciones a llevarse a cabo a fines de ese año que sería Perón – Perón, esta vez con Eva Perón como acompañante en la vice-presidencia.

Esta fórmula fue adoptada de inmediato por el Partido Peronista y comenzaron rápidamente las manifestaciones en su apoyo. También se impuso una moda de querer manifestar el deseo de la reelección por esfuerzos individuales para demostrar la fe peronista. Tomaron la iniciativa los hermanos Gálvez (Oscar y Juan) que decidieron hacer un raid de 14000 kilómetros en su auto de turismo carretera por todo el país llevando la inscripción Perón-Perón. También recuerdo al atleta Raúl Ibarra que se largó a unir las  ciudades de Entre Ríos a pié en apoyo de la reelección…

Y así surgieron en todo el país personas e instituciones que quisieron destacarse batiendo algún récord o haciendo un gran esfuerzo para luego dedicarlo como anhelo a la fórmula Perón-Perón.

Domínguez también tuvo su voluntario para hacer un gran esfuerzo en apoyo a la reelección: Hipólito Bergara.

Se impuso la tarea de estar una semana seguida en servicio sin descansar y sin dormir, haciendo la guardia en la estación del ferrocarril, único lugar en el pueblo en que había gente trabajando durante las 24 horas.

Y ahí se presentó Hipólito, de uniforme y Mauser al hombro dispuesto a cumplir con su objetivo. Al principio marchó todo bien. La gente concurría a la estación a palmearlo y darle ánimo. También le traían comida. Nunca en su vida comió tanta fruta, empanadas, pizzas, tartas o golosinas.

Cuando pasó la novedad, ya entrando al tercer día los acompañantes comenzaron a ralear, el sueño a impedirle su paso marcial por el andén, los paquetes con comida se terminaron y solo le quedó el mate compartido con el auxiliar y el cambista ferroviario…

Y el sueño empezó a jugar contra su esfuerzo. Ya casi no podía mantenerse despierto, se quería sentar, pero si se quedaba en reposo empezaban a cerrarse sus párpados y le caía la cabeza. Así que intentaba caminar, ponía su cabeza debajo del chorro de la canilla de agua fría, pero apenas arrastraba los pies y el Mauser le pesaba una tonelada….

Sobre el final de la tercer noche sin dormir, se abrazó a una columna, bajó la cabeza, se quedó dormido de parado y fue deslizándose lentamente hasta quedar tendido en el suelo.

Entonces el  auxiliar ferroviario de turno llamó al comisario imponiéndole la situación. Al poco tiempo llegaron el comisario, otros agentes, el médico, lo subieron a un auto y lo llevaron al hospital. Luego de una revisación, lo bañaron, lo acostaron en una cama y lo dejaron dormir durante un día  completo.

Acá termina la historia del récord de Hipólito Bergara. Pero no termina la crónica…

Nuestro personaje siguió  desempeñándose como policía y luego de las elecciones  cuando comenzó el segundo mandato presidencial fue ascendido a cabo.

Pero llegó septiembre de 1955. Cayó Perón, asumió el Gral. Lonardi y luego Aramburu. Se nombraron interventores en todas las provincias, pueblos y municipios. El peronismo fue proscripto y se convirtió en palabra prohibida. Al mismo tiempo comenzó el desplazamiento de todos los personajes que durante los nueve años anteriores impusieron su prepotencia con los pobladores a los que consideraban “enemigos del pueblo trabajador, cipayos y vendepatrias”.

Pero, como suele suceder, esos  personajes que vivieron durante  los años de peronismo coimeando comerciantes amenazándolos con cerrarle los negocios por violación a la inventada “Ley de Lucha Contra el Agio y la Especulación”, los mismos que se quedaron con la mayor parte de los fondos llegados para solventar los juegos deportivos Evita, a esos no se los molestó mayormente…

Pero había que demostrar obediencia a los nuevos dueños del poder y hacer algo de limpieza de peronistas en la función pública. Y… ¿Quién fue el único despedido? Pues, sí. Lo despidieron a Hipólito Bergara de la policía…

Y desde ese día quedo convertido en un paria en el pueblo. Sus amigos de ayer lo desconocieron, le resultó imposible conseguir otro trabajo. De famoso ídolo popular, pasó a ser enemigo del pueblo…

Y se fue. Desapareció. Nunca más volvió a Dominguez. Y a nadie le intereso averiguar que fue de  la vida del que intentó batir un record en apoyo a la reelección de Perón.