La UCR y los años 90



Ramiro Pereira-. En el presente trabajo se pretende hacer una aproximación hacia las  causas por  las cuales el radicalismo no pudo accionar en forma unificada como organización política nacional.  Cuales fueron las razones de  ese estado de inacción y desestructuración del radicalismo frente al carácter manifiestamente arrollador de la ofensiva desatada por el peronismo, fundamentalmente en relación al principal instrumento de aquella ofensiva, el plebiscito no vinculante con fecha para el 21 de noviembre para la reelección de Menem: ¿Por qué resulto tan demoledor el accionar del oficialismo en su avance reeleccionista?



Enfrente había un partido que, si bien había perdido su cuarta elección nacional consecutiva frente al peronismo, no obstante había obtenido  cinco millones de votos en todo el país, mejorando los resultados de las anteriores elecciones en 1991, en tanto que los guarismos nacionales del PJ no dejaban de ser moderados y previsibles, mas allá del triunfo inesperado en la Capital Federal?



Para responder a esto hay que indagar en la estructura y funcionamiento de la UCR como sistema, inclinándome por la hipótesis de la existencia de insalvables trabas para el surgimiento de un liderazgo nacional superador del ejercido por Raúl Alfonsín; en esta dirección valen  las apreciaciones de Novaro y Palermo, en cuanto a las dificultades que enfrentan las fuerzas opositoras al peronismo a nivel nacional. Para estos autores, las dificultades del radicalismo radicaban, en buena medida, en “la dimensión del salto que debe dar un dirigente local, incluso el de una provincia o distrito importante como son Córdoba o la Capital Federal, para transformarse en una figura nacional cuando se carece de un partido unificado a nivel nacional”.

Esto se había visto reflejado en el Comité Nacional de consenso presidido por el senador misionero Mario Losada de 1991 a 1993, que no logró unificar en una estrategia común de acción política a los distintos sectores y actores políticos del radicalismo. La conducción formal del partido se vio superada tanto por la vigencia del liderazgo de Alfonsín,  la fortaleza de los liderazgos locales, en clave de caudillos territoriales (Montiel, Usandizaga, y de alguna manera el mendocino Victor Fayad)  así como también de liderazgos locales con  proyección nacional (Angeloz, De La  Rua) que no lograban afianzarse, todo lo cual se puso de manifiesto cuando el menemismo aceleró los tiempos haciendo saltar las piezas del rompecabezas radical.     



Ante la ofensiva del PJ de un plebiscito para votar a favor o en contra de la reforma constitucional, el radicalismo no lograba concretar una posición definida. Mientras Alfonsín y De La Rua planteaban impulsar el voto negativo a la reforma como posición del partido, Angeloz, el radical mejor posicionado para las elecciones  presidenciales de 1995, tenía una postura ecléctica. “Esa discusión vuelve a colocar frente a frente a (los) dos máximos referentes (radicales). Angeloz se convirtió en él más ferviente impulsor de la abstención, mientras Alfonsín no descartó todavía sus aspiraciones de colocar a la UCR a la cabeza de un  ‘comando del no’ que nuclée a buena  parte del arco opositor”. Alfonsín sostenía que el radicalismo no podía “regalar espacio antimenemista a otras fuerzas menores” y así argumentaba su defensa de la intervención en el plebiscito votando no, en consonancia con Fernando De La Rua quien veía la amenaza de las fuerzas de centroizquierda hacia las cuales se había fugado buena parte del voto radical en las reciente elecciones legislativas.

Angeloz, autodefinido como “reeleccionista”, se diferenció claramente de De La Rua y Alfonsín comprometiéndose ante el presidente Menem a no realizar campaña por el ‘No’.



Mientras tanto, al apoyo a la reforma con posibilidad de reelección presidencial que expresaban los gobernadores radicales de Río Negro y Chubut, y el ex titular de la bancada radical de diputados nacionales Cesar Jaroslavsky, se sumaban dirigentes del interior que iban tomando posiciones concordantes con la posición del gobierno. El intendente radical de Río Grande, Jorge Colazo, anunció que le efectuaría un pedido al presidente de la nación para que iniciase la campaña por el ‘Si’ en aquella ciudad de Tierra del Fuego; el senador nacional por Entre Ríos Ricardo Laferriere “salió a pedir –a cinco días de haber votado en contra del proyecto reformista- que su partido  acuerde con el oficialismo una reforma consensuada que acepte la posibilidad de reelección presidencial y pedir la suspensión del plebiscito” (aunque por cierto, la UCR entrerriana estaba unificada en el voto negativo a la reforma); el diputado radical por Santa Cruz Héctor Di Tulio afirmaba que votaría a favor de la reforma constitucional en el congreso nacional; el caudillo radical de Santiago del Estero, José Zavalía, reciente triunfador en las elecciones del 3 de octubre en su provincia, se entrevistaba con el presidente Menem y  le anticipaba su decisión de abstenerse de realizar una campaña por el ‘No’ en el plebiscito convocado.



Simultáneamente, la mesa directiva del Comité Capital de la UCR, presidida por  Felipe Figuerero, anunciaba la conformación de una comisión especial para impulsar el voto negativo en el plebiscito, la convención del radicalismo de la provincia de Tierra del Fuego contrariando las afirmaciones de su dirigente con mas inserción popular se declaraba en contra “de este modelo de reforma constitucional” instando al electorado a adherir a la fórmula “votar no o no votar”, y el congreso provincial de la UCR entrerriana se manifestaba contrario a la reforma constitucional.

A su vez,  la convención provincial del radicalismo de Chubut ratificaba las posiciones sentadas por el gobernador Maestro: “de la premisa que históricamente somos reformistas en nuestro partido, no podemos darle la espalda a esta realidad que vive el país” afirmaba el órgano partidario. El radicalismo se mostraba como una fuerza en dispersión, con caudillos territoriales negociando separadamente con el gobierno.