La guerra del cerdo



Ezequiel Bauman.- El curioso silencio ante un acuerdo comercial poco serio y poco transparente con los Estados Unidos que afecta a un dirigente político entrerriano en su faceta de empresario.


En ocasión de la visita a Argentina de Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, se firmó un suicida acuerdo de comercio que incluía una cláusula especialmente suicida para los entrerrianos y para uno de los principales dirigentes políticos de Cambiemos en Entre Ríos.
El acuerdo, a cambio de absolutamente nada, decía que Argentina habría libremente a Estados Unidos la importación de carne de cerdo. Una locura porque el país es prácticamente autosuficiente en su abastecimiento interno y con políticas bien hechas, podría ser un productor del mercado mundial.
Es de extrema ingenuidad considerar que en estos acuerdos no hay "efectividades conducentes" por debajo de la mesa.
Aún así, como es sabido, el legislador nacional Atilio Benedetti tiene fuertes intereses en la producción y comercialización de carne porcina.
¿Por qué su silencio? ¿Por qué el silencio del resto de los productores porcinos de Entre Ríos? ¿Por qué el silencio de Luis Miguel Etchevehere y de Gustavo Bordet?
No sabemos responder esta pregunta.
Lo que sí sabemos es que el vicepresidente de Estados Unidos fue gobernador de Indiana, un Estado con fuerte producción porcina y que él mismo es un empresario del rubro. En Indiana se concentra "el cinturón del maíz" y junto a la soja, son los principales productos de ese Estado. Pero en un país con plutocracia como los Estados Unidos, la producción porcina cobra relevancia porque el vicepresidente de Donald Trump es empresario en ese rubro.


Por si fuera poco, la carne de cerdo de Estados Unidos y de Indiana precisamente y de la granja de Pence, además, está infestada por la peste porcina y de malísima calidad en relación a la producción argentina, que además está libre de estos males.

Se puede imaginar la hipótesis de que Benedetti esté pensando en relación a la carne de cerdo en abandonar y la producción y dedicarse exclusivamente a la comercialización, utilizando carne importada. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que este acuerdo no sirvió para bajar el precio de la carne de cerdo. Es decir que no sirvió para nada a los ciudadanos.
Cabe esperar fuertes repercusiones en el corto y mediano plazo por esta medida francamente estúpida que ha contado con tantos silencios de los supuestos "defensores del campo" que, por cierto, son magníficos para el silencio, como ilustra el hecho de que no se hayan pronunciado sobre los repetidos bochornos que protagoniza Luis Miguel Etchevehere, encerrado en su burbuja de cristal a la espera de que el Presidente Macri pueda echarlo, cuando un próximo escándalo de otro ministro termine por hacer olvidar el suyo.
Y este caso, menos conocido, de suicidio empresarial que podemos bautizar, como el clásico libro de Bioy Casares, "La Guerra del Cerdo". De tanto querer tirar lo viejo por la ventana se están olvidando los pingues negocios que hicieron con el kirchnerismo, que tanto dinero les hizo ganar.