Esdrújulas



Manuel Ibiza-.



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Iba Sartre y volvía Focault
Iba Cortázar y el subte y la discusión sobre Borges
y Deleuze y los postestructuralistas y el mozo del bar,
un semicalvo que nunca hablaba.
Nos servía cerveza.
Una y otra vez.
Juntábamos, al final, monedas para pagarle.

Artaud, Arlt, la vieja escuela.
Bukowski, hoy satanizado, por la ola moral
del conservadurimo punitivista.
Sade, Miller, Bob, Oliverio.

Las chicas lindas se iban con mis enemigos
mis amigos se aburrían de mí
a los curiosos se les hacía tarde
todos tenían algo que hacer.

El mozo, cuando yo me quedaba solo,
me traía otra ginebra.
A veces de fiado.
Mientras yo miraba por la ventana
la llovizna y los bondis irse
a ninguna parte.
Cuando todas las partes eran ninguna parte.



Soñando, enamorado, de todas las mujeres del planeta.
El mozo, esa vez, la última vez, me trajo una ginebra.
Fiada.
-Ustedes, los que hablan con esdrújulas...
dijo, refiriéndose a los estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA.
Ustedes, siempre terminan solos.

Tenía razón.

Y aún la tiene.