En defensa de Octavio Frigerio



Lucas Carrasco-. En el correcto decreto contra el nepotismo, el Presidente Macri cometió una enorme injusticia: sacar a Octavio Frigerio, uno de los cuadros políticos, técnicos y científicos más importantes de su gobierno, con el cual (por si a alguien le interesa y hace falta aclararlo) no coincido en términos ideológicos.



Aunque estaba al tanto de su historia, personalmente lo conocí en Canal 26 durante el 2015 cuando me desempeñaba como columnista en el programa de Santiago Cúneo y compartimos con Octavio Frigerio muchas charlas, por su interés particular por la situación de Entre Ríos. A mí me interesaba su profusa historia y su peculiar mirada sobre cómo debe desempeñarse el desarrollismo tras la crisis del Estado de Bienestar.
Cuando asumió Macri, a quien él apoyaba, fue nombrado en el directorio de YPF. Su nombramiento me pareció acertado.
En el periodismo se lo conoce por su larga etapa, durante los años setenta, como secretario de redacción de Clarín. Menos se conoce que su profesión es la de ingeniero agrónomo, que se formó en el país y en los Estados Unidos, que en Argentina fue docente universitario e integró las autoridades de la Universidad Católica.
Durante los noventa, atraído por las políticas de Carlos Menem, se integró al Justicialismo. En su anecdotario personal se despliegan anécdotas sobre Perón, Frondizi, Balbín y los principales dirigentes políticos y empresariales del país. Su pensamiento ideológico es sólido, complejo y siempre interesante, aunque no se coincida. Es un hombre que, a la vez, ha estudiado las principales corrientes políticas del mundo de las ideas. Es decir, es un rara avis en el mediocre paisaje local de la política: un hombre que incorpora saber científico, saber práctico y conocimiento del ámbito académico a la desagradable tarea de la política. Como pocas veces se ve en un gobierno, estaba sobrecalificado para su puesto. Y digo estaba porque fue obligado a renunciar.

El fundador de la mítica consultora Economía y Regiones, que fue fundamental (aún sigue existiendo, para ya no es lo mismo) para la comprensión real de la economía de la totalidad del país y sus vectores industriales y provinciales, tuvo que irse del gobierno dado que su hijo, nacido por accidente en Entre Ríos, es Ministro del Interior y Obras Públicas del gobierno nacional.

Dudo mucho que el cargo en cuestión le haya interesado por su salario. Es un hombre de buen pasar y muchas ofertas laborales en el país y en el extranjero le aguardan, aunque desconozco si tras esta renuncia forzada se retirará. Tiene ochenta años.
Su legado en el marco de su pasión, la política, quedará para la historia. Y es injusto que su nombre se mancille al lado de acomodados y entenados sin experiencia ni sapiencia para el cargo, como los familiares del impresentable Jorge Sandrita Triaca, que motivó el correcto decreto contra el nepotismo. O Luis Bono Etchevehere, que es hijo y abuelo de quienes pregonaron buena parte del ideario de Octavio Frigerio y su padre, aunque Luis Bono Etchevehere no heredó el gen del trabajo.
Para que Ocativio Frigerio no quede en el mismo fango del desmerecido escarnio público, desde este humilde lugar, escribo estas líneas.