El lanzamiento del MODESO



Ramiro Pereira-. Ya  a mediados de 1993,  las elecciones internas del 9 de mayo en los distritos de Capital Federal y provincia de Buenos Aires habían  esbozado un esquema de lo que podría llegar a ser la futura conducción radical, dando lugar al despliegue de alianzas entre sectores internos del radicalismo que mantenían entre sí diferencias ideológicas, expuestas estas en el marco de una visión progresista de centroizquierda cercana a la socialdemocracia europea (el alfonsinista Modeso, el alfonsinismo “crítico” del porteño Ateneo del Centenario de Jesús Rodriguez, y la Convergencia bonaerense de Casella y Storani) y de un radicalismo aggiornado a los tiempos (el angelocismo, con escasa representación en la Capital pero con  aliado al Movimiento de Recuperación Radical liderado por el intendente de San Isidro Melchor Posse) y de tinte moderado y tradición mas liberal (el delarruismo, mayoritario en el distrito porteño). Para enfrentar a la alianza entre Casella y Storani, el alfonsinismo unió fuerzas con  Posse, mientras en la capital el Ateneo del Centenario, el Modeso y la Línea Federal (angelocista) disputaban y conseguían la representación como minoría en el distrito.



La alianza interna entre  el delarruismo y la Convergencia  importaba  una apuesta de está última corriente interna por las importantes chances presidenciales de Fernando De La Rua para 1995, desde su gran victoria  sobre el candidato de Menem, Avelino Porto, en las elecciones porteñas de 1992 para senador nacional. Igualmente la voluntad de terminar con el período de liderazgo de Alfonsín, oponiéndose a su retorno a la presidencia del Comité Nacional. Storani nunca había logrado hacer pie en la ciudad de Buenos Aires  y De La Rua sólo contaba en “la provincia” con los lazos del balbinismo histórico. Storani se consagró como primer candidato a diputado para las elecciones de octubre venciendo a la lista que encabezaba Melchor Posse, imponiéndose Alfonsín en forma ajustada sobre Casella para delegados al Comité Nacional.

Pasadas las elecciones internas, el ahora candidato a diputado en primer termino del radicalismo bonaerense, sostenía respecto a De La Rua que “nadie puede dudar sobre la legitimidad de su postulación”, y daba por terminado el liderazgo excluyente de Alfonsín en el partido “la realidad emergente de los comicios impone la búsqueda de una conducción integrada por el consenso de todos los sectores. La interpretación correcta es que sin liderazgos excluyentes tampoco puede haber excluidos. El consenso es con todos, Alfonsín debe sumarse al acuerdo”.

 

Con su triunfo sobre Casella, había quedado en pie el proyecto de Alfonsín de volver  a la presidencia de  la UCR, proyecto que había comenzado con el lanzamiento el año anterior de un nuevo sector interno de alcance nacional, el Movimiento para la Democracia Social –Modeso- que concentraba en gran medida el discurso radical mas fuerte contra el nuevo conservadurismo expresado en las políticas  del gobierno.

No obstante el acuerdo con Angeloz y la posición conciliadora de los convencionales del  alfonsinismo ortodoxo en la Convención Nacional del 30 de octubre, la candidatura de Alfonsín para presidir la UCR aparecía cuestionada por el gobernador cordobés. Este empezaba a ver en la continuidad de Losada una alternativa frente a la conducción férrea que seguramente imprimiría Alfonsín al partido: “la gestión del actual presidente, el senador Mario Losada, constituye, sin duda, un ejemplo que debe hacer reflexionar a los señores delegados en el momento de la votación. Bajo su gestión  las distintas corrientes, cuantas veces fue necesario, recurrieron a él  y siempre la respuesta fue una muestra del pluralismo, de la apertura y de la tolerancia”.

En el mismo documento expresaba, en obvia alusión a las fuertes críticas hacia el gobierno nacional que venía realizando el ex presidente, que “como principal fuerza política opositora la Unión Cívica Radical debe ocupar ese espacio ejerciendo esa función en forma constructiva […] decididamente el “oposicionismo”, la oposición por la oposición misma, no en la respuesta de un partido creíble y responsable”. Por su parte, De La Rua salía al cruce de las declaraciones de Alfonsín, quien había dicho que el 12 de noviembre volvería a asumir la presidencia del partido, sosteniendo su negativa a que este volviese a conducir el partido: “es inconveniente identificar a todo el radicalismo con la figura del ex presidente”,  “un liderazgo dominante en el partido [..] afectaría a la fórmula presidencial para 1995”.

Losada, presidente saliente, no valoraba como viable su continuación por un nuevo período al frente del Comité Nacional y declaraba su decisión de no votar contra la candidatura de Alfonsín (“mi única definición, por el momento, es que no voy a votar en contra de Alfonsín”) al tiempo que afirmaba la necesidad de encontrar la unidad partidaria a través del consenso: “si el radicalismo se divide en dos mitades, será ingobernable”, sostenía.