¿El fin de los partidos políticos?



Gerardo Pressman-. Bordet y Macri pusieron en el centro de la escena lo que creen que es el fin de los partidos políticos. El primero, con su intento de imponer la boleta electrónica y el segundo, con la boleta única. Aunque ambos persiguen fines personales y tienen escasa formación política, hay que tomarlos en serio por la investidura que coyunturalmente tienen pero sobre todo, porque se unen al nuevo grito de la moda de la derecha mundial. Sin embargo, se equivocan.





Cuando se desató la crisis financiera de las subprime, en Estados Unidos surgieron al calor de las redes sociales y la movilización de la gente común, dos grupos exactamente antagónicos Uno era "Ocupemos Wall Street" (Occupy Wall Street en el original en inglés) que se centró en una masiva movilización de jóvenes de clase media de todo el país en las sedes financieras de EEUU, que son las principales del mundo. Su radicalización les impidió llegar a un acuerdo con el Partido Demócrata y hoy ese gran movimiento no existe ni dejó ningún legado ni tiene poder. Como contracara, el otro grupo, Tea Party, de evangélicos de extrema derecha (un poco parecidos a lo que fue originalmente el PRO, pero con un fuerte componente religioso) que se reunían en iglesias y foros online hoy cuentan con 31 congresistas y son claves para que Donald Trump pueda sacar leyes a su favor. Se afiliaron al Partido Republicano y desde ahí hicieron lobby para que se impusieran sino todas, por lo menos algunas de sus prioridades. Así, movilizando sus bases al interior de un partido político, lograron imponer una agenda cavernícola que, a diferencia de Ocupemos Wall Street, no comparte la mayoría del público estadounidense.



Este ejemplo tiene su contracara. La alianza de partidos personalistas de alquiler con que Lula logró imponer a Dilma como Presidenta del Brasil, se deshizo cuando ésta aplicó un ajuste neoliberal y pagó los costos con su destitución, votada por los partidos aliados que la habían llevado al poder, que de todas maneras giraron a la derecha. El propio Lula asumió su primer mandato con un vicepresidente que es el dueño de la Iglesia Universal del Reino de Dios y armó un partido político mercenario que es como un Tea Party a la brasileña. La economía internacional lo acompañó, por eso no tuvo crisis de gobernabilidad. Aunque su armado político, como se reveló después, era extremadamente fragil.
El sistema partidario hecho a la medida de un solo dirigente muestra en Brasil sus límites: sin Lula de candidato, el Partido de los Trabajadores queda reducido a cenizas. Lo mismo pasó en Venezuela, pasará en Bolivia y pasó en Ecuador.
No pasa lo mismo en Argentina porque el kirchenrismo nunca abandonó el Partido Justicialista. El mismo kirchnerismo y el mismo partido que hizo gobernador a Bordet, tanto como Macri jamás hubiera asumido la presidencia si no se aliaba con la UCR.
El debate sobre la boleta única o e voto electrónico da por sentado que ambos tienen buena imagen y podrían ganar solos, sin ayuda de partidos. se equivocan.
La experiencia mundial y nacional y hasta provincial demuestra lo equivocados que están.
Se están comprando espejitos de colores y a futuro, una crisis de gobernabilidad, en el caso probable de que sean reelectos (como Macri) o en el caso de que no (como todo indica hoy que le pasará a Bordet).
El consumo abusivo de encuestas fabricadas para el cliente junto al diario de Yrigoyen vuelve vulnerables a los gobernantes cuando están en el poder. Ahí pergeñan extravagancias para eternizarse y terminan después solos, con enormes deudas sociales y económicas que le hacen pagar al pueblo y con los mismos encuestadores y escribas del diario de Yrygoyen diciéndoles que son la peor lacra del mundo.
Esta historia ya la conocemos de sobra.