La Unisectorial selfie contra el tarifazo

Pablo Mori-. Con la humildad -de convocatoria- que los caracteriza, se realizó en la Plaza 1º de Mayo de Paraná una concentración para manifestarse en contra de los aumentos en los servicios públicos.

Cuánto le cobré a Urribarri por defenderlo



Lucas Carrasco-. Ante las previsibles críticas por mi texto riéndome del lumpenaje judicial  y su persecución al caído, quiero contarles lo mucho y mutuo que es el amor con Urribarri y Pedro Báez.


Cuando asumió Néstor Kirchner yo fui un entusiasta declarado y abierto de su , entonces, débil gobierno. Como antes lo había sido, durante apenas 5 días, de la presidencia de Adolfo Rodríguez Saá. Fueron los únicos momentos de mi vida donde apoyé a un gobierno, una experiencia inédita, que me atormentó y me llenó de confusión. Mi trabajo, desde que tengo 15 años, fue el periodismo.
He visto la mugre, mucha mugre y pequeños gestos altruistas, en la cocina de muchos medios de comunicación. He estado en la lona y en la gloria, desocupado o sentado frente a contratos de dinerales que jamás soñé (y jamás firmé, a pesar de las tentaciones).

Desde mi adolescencia he sido un lector empedernido, voraz, pasaba días enteros leyendo libros y libros y libros. Y escribiendo. En cuadernos que quemaba, en la parrilla del patio de mi casa, cuando los cuadernos llenaban hasta el techo y todo el piso de la habitación que compartía con uno de mis seis hermanos. Una vez, el hermano que compartía conmigo la habitación, se puso a ordenar la pieza. Y fue apilando, cuidadosamente, como si los valorara, los cuentos, novelas, ensayos, poemas, que el adolescente que fui, comenzaba en la pubertad a escribir en cantidades industriales, como había hecho desde la infancia, solo que la pubertad me había dado nuevas fuerzas, pasaba menos tiempo enfermo, tenía más acceso a más libros. Lo vi ordenando mis cuadernos, con tanto respeto, que tomé una decisión, que entonces no sabía que iba a ser tan importante para el resto de mi vida: agarré todo lo que llevaba ordenado y le dije que había que quemarlo. Me miró, asombrado, raro. Yo agarré todo y lo llevé a la parrilla. Después busqué un bolso y metí todo papel que había en la habitación y por tandas, fui llevando todo a la hoguera de la churrasquera del patio, que ardía.
Hoy no escribo en papel, pero borro un 90% de lo que escribo en la computadora para mí mismo. Y no tengo libros en mi casa. Los regalo o los tiro, después de leerlos, si los leo. No he leído ninguna de las dos docenas de libros que hablan de mí. No me importa.

Luego de la asunción de Kirchner, al que yo apoyé con abierto entusiasmo desde una radio donde estaba a las 6 de la mañana y un programa de TV los domingos, vinieron las elecciones provinciales. Ganó Busti (en los medios donde trabajaba se apoyaba al Conde Ramos y a Sergio Varisco, para gobernador, respectivamente: yo apoyaba, contra cualquier línea editorial, a Emilio Martínez Garbino en ese 2003) y en el 2005, mi viejo amigo José Cáceres, que había sido un dedicado columnista antimenemista, en pleno menemismo, de un semanario cultural que yo dirigía, me llamó para trabajar en el IAPV.  El Ministro de Gobierno, Sergio Urribarri, se opuso porque yo era amigo de Oscar Mori, el ex funcionario de Busti que fue condenado por corrupción. Mori fue dueño de varios medios, en los que jamás trabajé, pero sí todo el periodismo patrullero, que cuando Mori cayó en desgracia se limpiaron sus pasados con la sarasa de siempre, y desconociendo a quien le lamían las pantuflas. A mí me divertía la amistad con Mori y aprendí mucho con él. Un peronista formado en Guardia de Hierro, de una increíble cultura y artesanía intelectual. Yo era un marxista con inquietudes hacia el revisionismo histórico, un pibe de izquierda nacional altanero, sobrador y lleno de sueños.
Sergio Urribarri me echó antes de empezar.
El tiempo pasó. Busti, siendo gobernador, me necesitó muchas veces, pero Busti (y Urribarri) siempre se caracterizaron por su ingratitud. A ambos los ayudé cuando fueron gobernadores porque yo creía genuinamente en el kirchnerismo, y ambos se dedicaron, meticulosamente, a joderme la vida y que yo no tuviera ningún espacio en los medios. Cuando el kirchnerismo entrerriano me pidió -una vez que yo, harto, me había ido a trabajar a Santa Fe y Bs As, porque Urribarri y Báez no me dejaban trabajar en los medios entrerrianos- que los ayude en Entre Ríos, viajé una vez por semana, a LT14 (manejada por el gobierno nacional) donde Urribarri exigía salir todas las semanas. Yo viajaba desde Bs As, pagándome el pasaje, hacía el programa y volvía a Bs As. Urribarri y Báez trabaron el cobro del equipo con el que trabajaba -yo no solo trabajaba gratis, sino que gastaba mucho dinero pero seguía viniendo, por lo cual arremetieron contra mi equipo- y lograron lo que buscaban, que yo me vaya. Me fui.
Luego, se cebaron y todos los medios entrerrianos eran oficialistas. Así que en el 2012 llamé a cinco periodistas -si supieran los nombres...- para proponerles dirigir un diario online, que yo financiaría -siempre gané bien en Bs As, con mi laburo, relacionado a la escritura y el mundo editorial, fuera de la política- y me dijeron que no, porque Urribarri iba a ser presidente. Hoy son los principales denunciantes de Urribarri y Báez. Caraduras enormes.
Así que en el 2013 alquilé un departamento en Paraná y me puse yo al frente de Noticias Entre Ríos. Para el 2015, yo viajaba a Bs As los jueves para grabar el programa de TV donde era columnista (que ganó el Martín Fierro por ese año) y me quedaba un par de días y volvía a Paraná. A veces tenía que volver de inmediato y pasaba apenas horas en Bs As. Una rutina semanal que me costaba horrores, pero me permitía financiar lo que en su momento fue el único medio que contaba la verdad sobre Entre Ríos y, además, se mofaba del poder.

Hoy los veo en el púlpito a los exchupamedias de Urribarri y Báez despotricando contra la corrupción. Saraseando. Hijos de puta. Hoy los veo besando nuevas chancletas, con la misma altanería moral de siempre, tratando como hace 20 años de hacerme mierda, igual de genuflexos con el poder de verdad, el que está en las sombras, igual que siempre. Cagones ante los bancos, los capos del juego, los lavadores de dinero, las corporaciones, la oligarquía. Con el mismo cagazo de siempre, pero ahora en versión renovada: son fiscales de la moral ajena.
Bue.
Váyanse a la concha de la lora.