Cambiemos y el consenso



Pablo Mori-. El gobierno nacional muestra su poca o nula convicción en torno al consenso con su comportamiento al interior de Cambiemos, coalición que se evaporó para ser el mero brazo displicente del gobierno. Esto tiene consecuencias en el accionar del gobierno.


El gobierno nacional está cuanto menos atrasado en cuanto a sus promesas electorales de crear consenso. El consenso no puede ser una virtud personal, un favor, un deseo. Tiene necesariamente que ser la creación de instituciones novedosas que apunten hacia el consenso. Cambiemos, en este sentido, ha representado un claro retroceso en materia de consenso. Por ejemplo, al no convocar al Consejo del Salario. O al conflictuar de manera extremada, impidiendo el normal funcionamiento de las paritarias. O al desmantelar varios organismos colegiados como el AFCSCA y reemplazarlo por la arbitrariedad de un ministro, que encima resultó un nepotista como Oscar Aguad. A eso hay que sumar la pésima política universitaria, el desmantelamiento innecesario del Ministerio de Ciencia (y el conservamiento en el cargo de ministro de un funcionario clave de la gestión K)

Los intelectuales de Cambiemos, lejos de reconocer esta realidad evidente (de la que en esa nota solo mencionamos algunos ejemplos aislados, pero hay más en el área de Cancillería, de la Oficina Anticorrupción, de Deportes, etc) se ensimisman en la creación del enemigo interno, una teoría de la realidad que usó y abusó el kirchnerismo, para justificar esta falta de avances en el área de la institucionalidad, que es donde se mide la voluntad real de construir consensos. En este sentido, se callan los avances en la materia para no poner el tema en agenda. Porque en algunas áreas hubo evidentes avances. Por ejemplo, el Ejército dejó de hacer espionaje ilegal como durante el gobierno de Cristina con Milani al frente del mismo. También hubo avances en tratar de terminar con el nepotismo en el Poder Ejecutivo. También, uno muy importante, en el área de la estadísticas públicas, las cuales a través del INDEC recuperaron credibilidad internacional, hasta el punto que la oposición toda pero en particular el kirchnerismo que destrozó el INDEC se sirve de su actual credibilidad para cuestionar los indicadores sociales y económicos.
Pero no puede dejar de reconocerse los retrocesos. Por ejemplo, en el área de Inteligencia, donde todo sigue igual que durante el kirchnerismo: negociados, carpetazos, espionaje ilegal, funcionarios turbios. Lo mismo en el paisaje de la libertad de expresión: el apriete a los medios disidentes, con allanamientos inclusive, es una verguenza, especialmente para el radicalismo y su tradición democrática de respeto a la pluralidad. El silencio de la UCR en este tema es preocupante pues habla de que la doctrina del PRO, al cual la institucionalidad republicana le importa poco y nada, se impone al interior de Cambiemos, desvirtuando esta coalición para dejarla como mero instrumento de los caprichos de Mauricio Macri, que de esta manera no encuentra un freno a su cesarismo.



Un claro ejemplo de esto que decimos se ve en la bochornosa Patricia Bullrrich. La Ministra de Seguridad hace teatro tras teatro, con actuaciones bochornosas que enrojecerían hasta a un experto en las mismas como Donald Trump, en pos de congraciarse con el Presidente de la Nación brindándole el favor de que la economía se borre de la agenda mediática, para de esta manera también la ministra ocultar los fracasos en materia de seguridad. En esta entelequia, vale cualquier cosa. Aún la justificación de asesinatos racistas, el insulto a los jueces, la imposición de la pena de muerte sin juicio previo y un largo rosario de etcéteras. Desde Cambiemos hubo silencio. Un silencio cobarde que se pagará, tarde o temprano, un precio muy alto por dejar de lado las convicciones para ganarse el favor de los medios de comunicación a los que ya se les entregó cuanto privilegio pidieron.
Alfonsín debe estar revolcándose en su tumba.

Esto solo se explica por la falta de consenso del gobierno. El gobierno muestra su total desprecio por el consenso al abolir cualquier instancia de debate al interior de la coalición que lo votó y lo hizo Presidente.
Es normal que mucha gente esté empezando a arrepentirse.
Pero es culpa de la totalidad de los dirigentes de Cambiemos que saben que esto está mal y guardan silencio con la excusa, luego de que trasncrriera el 60% del mandato presidencial, de que si hablan vuelve el populismo.
El populismo volverá si nadie le señala al gobierno que por este camino no está construyendo algo mejor.