Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Un punto de divorcio entre la UCR y la gente (2)

Ramiro Pereira-. El día después del acto eleccionario de 1993, comenzó la operación reformista tendiente a lograr la reelección. Por lo pronto, el oficialismo tenía dos frentes que atender: de un lado, el frente interno, ya que en setiembre anterior se había frustrado la aprobación del proyecto de reforma por decisión de los senadores José Octavio Bordón y Antonio Cafiero, integrantes ambos del bloque justicialista.




Por otro lado,  el  presidente de la Nación comenzó a explorar la posibilidad de lograr un  entendimiento -lógicamente desde una posición favorable de fuerzas tras las elecciones- con el principal partido de la oposición, y en esa dirección se inscriben las palabras pronunciadas el 4 de octubre, de alta consideración a importantes referentes de la UCR, principalmente hacia su antecesor Raúl Alfonsín con quien no descartó la posibilidad de reunirse para discutir la cuestión de la reforma constitucional: “De ser posible, dialogaremos con otro de los jefes del radicalismo, el Dr. Alfonsín”, señaló a la prensa. Nótese aquí la expresión “otros de los jefes”, en contraposición con el carácter excluyente que en el radicalismo había tenido el liderazgo alfonsinista desde 1983. Estos otros jefes a los que hacía referencia eran esencialmente el diputado electo y cabeza de lista en la provincia de Buenos Aires Federico Storani, el gobernador rionegrino Horacio Massaccesi, y principalmente el gobernador cordobés Eduardo Angeloz, fortalecido tras la victoria radical en su provincia frente al candidato del ministro de economía Domingo Cavallo, entonces atravesando por un momento de gran aceptación pública como padre del plan económico que había superado el proceso hiperinflacionario.



La omisión del dirigente porteño Fernando De La Rua era clara. El senador De La  Rua, había sido hasta las elecciones de octubre el eje de una alianza interna con los sectores enfrentados al alfonsinismo en la provincia de Buenos Aires, nucleados en la línea Convergencia que lideraban Juan Manuel Casella y el ex dirigente de la Junta Coordinadora Nacional Federico Storani. Tras las elecciones,  había pasado de ser la figura presidenciable del radicalismo con mayor índice de aceptación en la sociedad -de acuerdo a los resultados que arrojaban las encuestas de opinión- a verse cuestionado en su liderazgo en el radicalismo de la Capital Federal. La derrota del radicalismo porteño sepultaba las aspiraciones presidenciales de De La Rua para 1995. En cambio, Angeloz quedaba como principal figura convocante del radicalismo hacia la sociedad, tras la victoria de la UCR cordobesa frente al “PJ cavallista” de  Juan Carlos  Schiaretti. 
El ex presidente Alfonsín quedaba fortalecido hacia adentro del partido, en consideración a sus aspiraciones de retornar a la presidencia del Comité Nacional tras haberla dejado en 1991.

Alfonsín había declarado el lunes inmediato a la derrota radical que, en poco tiempo mas, cuando se convirtiera en titular del radicalismo, tomaría la iniciativa y le pediría una entrevista a Carlos Menem, al mismo tiempo que instaba al gobierno a abandonar el proyecto de perpetuación en el poder y continuaba como el líder radical con mayor perfil de confrontación con el gobierno, tanto en los aspectos de la política económica, como en lo concerniente al rechazo del proyecto reeleccionista del presidente.

En principio el oficialismo buscaba acordar con la UCR: “Sólo si el radicalismo se mantuviera en una posición irreductible o reclamara condiciones inaceptables –por caso la renuncia de Menem a la reelección- el gobierno comenzaría a pensar el llamado a una consulta popular”, observaba Eduardo Van Der Kooy desde su columna del diario Clarín de la capital. En todo caso, este periodista prefiguraba y acaso sugería la necesidad de un acuerdo entre los dos principales dirigentes de la sociedad argentina como salida a la crisis político-institucional en que iría sumergiéndose la República: “Los dos presidentes de la democracia han hastiado a la sociedad con acusaciones mutuas y peleas que siempre alejaron la posibilidad de una convivencia entre peronistas y radicales. Quizás ellos mismos sean los mas habilitados para poner las cosas en su lugar”.