¿Se vienen las privatizaciones?



Ezequiel Bauman-. El mal llamado "gradualismo económico" o bien, con su nuevo nombre "reformismo permanente" se sostuvo hasta ahora por dos políticas económicas que no podrán repetirse, por lo menos de la misma manera y en la misma magnitud.

El gobierno nacional financió el déficit fiscal -que en campaña prometió reducir y en los hechos aumentó por la quita de retenciones y otros impuestos que agradaron solamente a los más ricos- con dos instrumentos de política económica. Por un lado, un exitoso blanqueo de capitales provenientes de la evasión, la delincuencia de guante blanco y la elusión a paraísos fiscales. Los principales empresarios, sindicalistas y políticos (especialmente del PRO) ingresaron a ese blanqueo de capitales que permitió financiar un tiempo el creciente déficit fiscal.
Por otro lado, el gobierno sobrendeudó al país, siendo un récord histórico la magnitud del veloz crecimiento de la deuda externa con tasas exorbitantes. En campaña declararon que esas tasas de interés iban a bajar una vez que "Argentina vuelva al mundo".
Esto es especialmente delicado para el caso de Entre Ríos porque el contador Gustavo Bordet hipotecó por varias generaciones la coparticipación federal para pagar gastos corrientes (en campaña también dijo que haría lo contrario). Y además, el contador Bordet no tiene nada para privatizar pues ya el peronismo -en su faceta menemista primero, kirchnerista después, pero siempre con los mismos dirigentes- privatizó lo más rentable. Queda solamente SIDECREER que bate el récord mundial de pésima administración: en el país con mayor bicicleta financiera del mundo, una tarjeta de crédito que tiene como rehenes a la totalidad de empleados públicos de Entre Ríos, encima pierde plata.


Agotados estos dos instrumentos de política económica claramente neoliberales (pero que fueron usados también por el entonces joven Ministro de Economía, Axel Kicillof) la pregunta que se cae de madura es: ¿y en el 2018 cómo se financiará el déficit?

Dejando de lado la magia de los economistas neoliberales que responderían "con crecimiento de la economía y ajuste en gastos corrientes" dado que son dos cuestiones que atañen a la mala gestión de Cambiemos en el poder: por un lado, porque no logran hacer crecer la economía ni siquiera en el umbral mínimo necesario para la incorporación de las nuevas generaciones al mercado (calculado en un crecimiento del 3% anual), por otro lado, porque la mayoría del gasto corriente son los sueldos de los funcionarios y sus parientes, en tanto que el pago de intereses de la deuda es mayor al presupuesto de varias áreas de inversión social, exceptuando las jubilaciones, donde ya hubo una poda al igual que en la Asignación Universal por Hijo.
Dejemos de lado por consiguiente la magia que venden los economistas ortodoxos. Han fracaso de manera estruendosa así que seguir escuchando su cantinela es una pérdida de tiempo.

La carga fiscal sobre los trabajadores ya alcanzó un pico que resulta casi confiscatorio. Recordemos que en campaña electoral el gobierno prometió eliminar el Impuesto a las Ganancias y bajar el IVA (Impuesto al Valor Agregado, el impuesto más regresivo del país y a su vez, el principal ingreso del estado nacional). Lo mismo se puede decir de los impuestos provinciales, donde recientemente el gobernador Bordet volvió a otorgar subsidios fiscales a los empresarios del agro (con frecuencia, los mismos políticos que están de los dos lados del mostrador, como os casos más conocidos de Etchevehere y De Ángelli) y a aumentar la carga fiscal sobre los trabajadores entrerrianos. No queda mucho margen por este lado para sostener la bomba de tiempo del sobrendeudamiento.


Tanto el gobierno nacional como el provincial, avanzaron en algunas privatizaciones. En el caso de Entre Ríos, se privatizó la liquidación de salarios y se trató de privatizar SIDECREER. La falta de liderazgo del gobernador impidió la privatización de la tarjeta de crédito y la falta de transparencia del gobierno provincial dejó en el limbo la privatización de las liquidaciones.
El gobierno nacional, por su parte, avanzó en privatizaciones menores, subiendo en escala: de vender campos del Ejército a privatizar Transener. En el camino, echó empleados públicos por sus creencias ideológicas pero llenó de parientes y cargos políticos inventados con sueldo exorbitantes en el estado. Así, el resultado final fue mayor gasto en salarios.
Los neoliberales argentinos son curiosos. Dicen no creer en el estado pero se aferran a los cargos políticos con desesperación: desde el entrerriano Fabián Rogel que nada sabe sobre asuntos militares pero es un alto funcionario de la cartera de Defensa o Luis Miguel Etchevehere que se hace pagar un bono por la Sociedad Rural porque tarda en cobrar su sueldo de Ministro (luego de acomodar a toda su familia en el Estado Nacional) hasta Triacca, Bergman, Aranguren, etc. Ministros de una enorme ineficacia rodeados de escándalos que en cualquier país serio o si fueran personas con dignidad, ya no estarían ahí, en este caso se aferran desesperados al cargo político.
Creen en el estado cuando se trata de ellos, sus empresas y sus familiares. Creen en el mercado cuando ven los catastróficos resultados sociales de sus políticas.



Estos ingresos extraordinarios del sobrendeudamiento y el blanqueo se podrán suplir con privatizaciones como las de YPF, Astilleros, Aerolíneas. Pero seguiríamos teniendo los mismos problemas, solo que pateándolos para adelante y empobreciendo al estado y al país. En el medio, algunas pocas familias -tal y como es la propia historia de la familia del Presidente- se enriquecerán aún más. Para luego, como pasó con el Correo Argentino, traspasar las deudas al Estado culpando al Estado por tener una deuda tan grande que hace inviable el país y luego fugando sus capitales a Panamá que luego blanquearán con las sucesivas moratorias. Esa es, a grandes rasgos, la historia de SOCMA (Sociedades Macri).
En un principio, parecía que el ingeniero Mauricio Macri realmente quería cambiar esa cultura de rapiñaje a los bienes públicos. Hoy hay que ser ingenuo para seguir creyendo eso.
Aunque también hay que señalar que el faltante de cemento se debe al boom en la obra pública, aún cuando en términos reales el presupuesto para obra pública es menor que hace dos años. Eso explica los bolsos de José López, por ejemplo.