Obra pública, lo que hay y lo que falta



Salustriano-.Hasta ahora, el gobierno nacional no ha hecho ninguna de las grandes obras que prometió. Aunque sí ha avanzado en obras de infraestructura básica para los más necesitados en los distritos donde gobierna Cambiemos.
Es justo reconocer que el gobierno anterior, de Cristina Kirchner, anunció también algunas obras que no se hicieron (como el Estadio Único, el puente Paraná-Santa Fe, entre otras) pero sí se hicieron muchas obras públicas de magnitud e importancia y en todo el territorio provincial.

¿Será porque el gobernador de Entre Ríos no es del mismo partido político que el Presidente?
No parece ser el caso, pues Bordet ha sido rapidito para congraciarse con Macri inmediatamente. Además, muchos de los anuncios eran para Paraná, donde el intendente Sergio Varisco pertenece a la coalición del Presidente, Cambiemos. Y hasta ahora, las obras que viene ejecutando Varisco son con fondos propios.
Van dos años ya, la mitad de sus mandatos. El tiempo apremia si uno piensa cuál será el legado en materia de obras públicas de cada gobernante. Para esto hace falta pensar en grande pero también ser eficaz en la concreción, porque la gente ya está cansada de tantos anuncios que después nunca ven la luz.
En este sentido, hay que reconocer que se está trabajando en las mejoras en los accesos a Paraná con distintas obras y que se ha mejorado la trama vial que une Santa Fe con Paraná, pero en el lado santafesino.



Hay quienes cifran esperanzas en que Cambiemos siga apalancando la obra pública como hizo especialmente en la Ciudad y Provincia de Buenos Aires antes de las elecciones o en Concordia, Entre Ríos. Son obras públicas pequeñas, de infraestructura básica, que averguenzan -todo hay que decirlo- la labor del gobierno anterior, especialmente de muchos intendentes. Recordemos que recibían el Fondo Soja, que salía de las retenciones (que el actual gobierno bajó) y que la soja estaba a un precio altísimo. Ese fondo tenía un destino específico y no podía utilizarse con otros fines. El destino específico eran las obras de infraestructura, para así de paso mantener el empleo en el sector estratégico de la construcción. El gremio de la construcción tenía en Argentina 40.000 afiliados cuando comenzó el gobierno de Néstor Kirchner. Cuando finalizó su presidencia Néstor, la UOCRA tenía 400.000 afiliados. Y eso sin tener en cuenta que otra deuda pendiente del kirchnerismo fue el alto porcentaje de empleo en negro.
Lo cual habla de lo mucho que falta para que Argentina sea un país con mayor igualdad mínima. No puede ser que tengamos bolsones del tercer mundo conviviendo con sectores cuyo consumo está atado a las pautas de la globalización y las tendencias de las grandes potencias.

Sin que se comprenda, por parte de la clase política en general, la importancia estratégica de la construcción, no tendremos destino como país. La construcción aporta mano de obra local, empleo de diverso tipo -sin calificación, como los peones y changarines, mano de obra semicalificada como los albañiles y mano de obra calificada como ingenieros, arquitectos, contadores, etc- y la mayoría de los insumos son nacionales, requiere un mínimo de importación. Y a la vez si se trata de obras públicas de infraestructura básica como cloacas, viviendas pequeñas, etc, el aporte de insumos importados es nulo. Lo cual multiplica los efectos benéficos en el mercado interno y en la creación de puestos de trabajo. A la vez, esas obras públicas pequeñas dan trabajo a muchas empresas porque aún en un mercado cartelizado las grandes firmas de la construcción subcontratan a empresas locales porque les resulta más redituable. Todos estos beneficios terminan incidiendo de manera directa en el crecimiento de la economía.