Pescadores, santos y turismo


Santiago Zorrilla.- En muchas partes del mundo la celebración del día del pescador suele ser el 29 de junio en coincidencia con la fecha del santoral donde se lo celebra a San Pedro, uno de los apóstoles de Jesús, cuyo nombre "verdadero" era Simón bar Ioná (no existen evidencias históricas concluyentes de que haya existido realmente), conocido por haber sido pescador en el mar de Galilea, donde se encontró con Jesús. Posteriormente, según la leyenda católica, fue el primer Papa: San Pedro. En muchos otros países, incluida la Argentina, se celebra en enero.

El día internacional del pescador se instauró con la premisa de homenajear a los que día a día salen a buscar el pescado para que llegue hasta nuestras mesas. Esta conmemoración es una fecha conmemorativa a nivel internacional y en nuestro país es muy celebrada en la Costa Atlántica particularmente en la ciudad de Mar del Plata donde año tras año se realiza en la semana final de enero la Fiesta Nacional del Pescador.

Sin embargo, no hay precisiones acerca del por qué se celebra internacionalmente este día en enero, los católicos clásicos suelen asociarlo ya no al santoral diario sino al día en que Jesús según el Evangelio de San Marcos realiza el milagro de la pesca diciéndole a Simón (San Pedro): “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” y San Pedro se convierte así en uno de los primeros apóstoles reclutados por Jesús. De acuerdo a la variación climática, donde esta fecha se comenzó a celebrar a fines de junio era pleno verano. Su traslado a la Argentina coincide en ésto y su conmemoración y fiesta, coincide con las vacaciones y el turismo.
Durante muchos años y hasta siglos, la pesca fue un engranaje fundamental de la sociedad. De ahí la importancia para las instituciones gobernantes -como lo fue la Iglesia Católica durante siglos en Europa y tras la conquista, en América- de celebrar un día con un santo exclusivo. Ni más ni menos que uno de los principales santos de ese credo predominante en occidente y al cual adhieren la mayoría de los argentinos creyentes.
De todas maneras, en Argentina también se celebra el día del pescador deportivo recordando la fundación del primer Club de Pescadores de la Argentina: el Club de Pescadores de Buenos Aires fue fundado el 3 de agosto de 1903. Los pescadores deportivos tienen su propio símbolo: es un pescador flaquito, que va con su caña caminando, con su cajón de pesca, su gorra y su pipa, conocido como el tradicional “Perecito”. Este símbolo ha sido adoptado por todas las federaciones de pesca de Sudamérica por lo que el 3 de agosto también es el "Día del Pescador Deportivo Latinoamericano". El día del pescador deportivo se celebra en la Argentina desde el año 1951, como iniciativa para dar impulso también a la pesca como industria. Durante el peronismo, la asociación entre trabajo, industria y deporte, era bastante común en la propaganda y los rituales culturales de la época. Sin dudas que esta asociación de trabajo,, industria y deporte era fomentada por el aparato de propaganda del Estado, dominado en su totalidad por el peronismo gobernante, pero también respondía a un clima de época que trascendía la coyuntura política argentina, un clima de época propio del llamado "Estado de Bienestar".


La pesca deportiva a diferencia de la tradicional es la que no busca pescar masivamente para el consumo o la venta, sino que se trata de perseguir la búsqueda de un solo ejemplar para luego devolverlo a las aguas. La "industria" pesquera, ya en aquellos años donde comienza a asociarse con el deporte y el trabajador, tenía técnicas avanzadas pero aún contemplaba la mano de obra como un insumo intensivo. Hoy, la mano de obra que se requiere en la pesca industrial, es menor. La pesca artesanal, por su parte, está en declive por su falta de productividad y la pesca deportiva se mantiene, a pesar de los cuestionamientos de algunas ONG que claman contra el maltrato de los peces.
 
La pesca en la provincia de Entre Ríos, fundamentalmente sobre el río Paraná es una actividad de la que dependen aproximadamente mas de 2.000 familias en forma directa, todas las cuales permanecen en la pobreza crónica debido a esta dependencia de una actividad que ya no es eficiente realizarla de manera artesanal y rudimentaria. Los trabajadores del río por lo general son personas de bajos ingresos, y con características idiosincráticas muy marcadas y propias de la vida a la vera del río. Siempre y cuando teniendo en cuenta que no tienen otra oportunidad.
No es que pesquen con una caña y un anzuelo, sino que ponen redes, como hacen las grandes firmas de pescado: el problema es la falta de eficiencia, la falta de capital y la falta de demanda sobre el pescado de río. Todos esos elementos se combinan con la falta de oportunidades, que vuelve estructural y por lo tanto cultural la pobreza de los pescadores.
Entre Ríos cuenta con por lo menos ocho ciudades donde la pesca es parte fundamental de la vida de sus habitantes en todas sus formas, como modo de vida de algunos pobres, como atractivo turístico, como deporte: La Paz, Santa Elena, Diamante y Gualeguay en el corredor del río Paraná, y Concordia, Concepción del Uruguay, Colón y a Villa Paranacito a la vera del río Uruguay, aunque también tienen una infraestructura interesante para la pesca las ciudades de Piedras Blancas, Hernandarias o Victoria. Quienes pescan cotidianamente como también los que se acercan para hacer de la pesca un paseo turístico centran su atención en determinadas especies y los mas buscados son el dorado y la boga. Naturalmente, esto termina afectando al ecosistema del río, pero en cantidades no estudiadas por las universidades entrerrianas, más preocupadas por explicarle Sartre a los franceses o Hegel a los alemanes.




Se desconoce el impacto del turismo y el atractivo de la pesca dentro de este combo en la economía local. Desde las oficinas estatales se arrojan cifras de ocupación hotelera - pasemos por alto el detalle de que los hoteles son de los mismos gobernantes y son mecanismos para lavar dinero de la corrupción, por lo tanto les conviene tener "plena ocupación" en los números- y bolazos sobre movimiento económico en base a cálculos que nunca se muestran. Por lo general, los funcionarios políticos de turismo no tienen ninguna acreditación universitaria que les otorgue seriedad para avalar per se las cifras que arrojan al viento con fórmulas de deducción secretas y los medios oficialistas repiten sin preguntar de dónde salen esos estrambóticos números que nunca varían, ni siquiera con una balanza deficitaria récord de divisas en el país por culpa del turismo como sucede actualmente. Prestar atención a esos detalles no es el fuerte de los que difunden estas tremendas pavadas sobre el turismo.

La tradición de la pesca artesanal consolida la pobreza estructural de amplios sectores de entrerrianos. La pesca deportiva, se desconoce si trae beneficios económicos o cuál es su impacto ecológico. La pesca industrial no está en manos de firmas provinciales. Las cifras oficiales son como la existencia de San Pedro: cuestión de fe.

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