¿Para reírse o para llorar?


Ezequiel Bauman-. El ¿blooper o lapsus? del gobernador de Chubut que encendió la alarma sobre la fragilidad de las economías provinciales en Argentina.





Hace poco falleció el gobernador de Chubut, en pleno ejercicio de su mandato, Mario Das Neves. Era un dirigente peronista con larga trayectoria y experiencia, querido por su pueblo.
Al fallecer asumió la gobernación su vice, Mario Arcioni.
Estando ya en funciones, Arcioni anunció un refinanciamiento de la deuda provincial parecida a la que hace todos los meses el gobierno de Entre Ríos. Al frente del gobierno de Entre Ríos tenemos a un Contador Público Nacional que jamás cometería el error de principiante que cometió Arcioni, lo cual sería una anécdota menor y hasta chistosa sino revelara la naturaleza de fragilidad económica de las provincias argentinas.
En Chubut no tienen esa suerte de tener un gobernador que al menos cuide sus palabras. De manera que Arcioni al anunciar el refinanciamiento de la deuda chubutense confundió la palabra refinanciamiento con reestructuramiento.

Refinanciar una deuda es siempre festejado por el "mercado" financiero pues implica tomar una nueva deuda para pagar los vencimientos de una deuda anterior. Es como ir a sacar un crédito a una financiera para pagar las cuotas de un crédito bancario. Ya conocemos el final de esa película: la persona termina quebrando. Pero es peor en este caso provincial porque en general solo se pagan los intereses de la deuda vieja, en vez de estar pagando el capital. Peor para las poblaciones que deben sufrir la ineptitud de los gobernantes adictos al endeudamiento. Especialmente el endeudamiento externo, como está aconteciendo en la Argentina de estos días.
Los gobernantes de turno después dejan sus cargos pero el que venga tarde o temprano tendrá que pagar, desde ya que el pago lo realizarán los pobladores del lugar sufriendo una injusta carga impositiva. Que como ya sabemos es una estructura fiscal regresiva donde paga más el que menos tiene.
Reestructurar una deuda, en cambio, es declararse en quiebra: como una provincia no puede pagar su deuda, se declara en quiebra y abre una negociación con sus acreedores. Tal como aconteció en el 2001. Reestructurar es declarar un default.



Aunque no soy un entendido en psicología, es sabido que Freud consideraba los errores como lapsus del inconsciente. Es decir, como reveladores de una verdad que se quiere reprimir.
El blooper del gobernador chubutense puso en alerta a los sensibles mercados financieros del exterior que hacen un enorme negocio con la irresponsabilidad fiscal de los gobernadores y el gobierno nacional argentino. Prestan dinero a tasas exorbitantes por el riesgo de que nadie pueda pagar esas deudas luego. Tengamos en cuenta que la mayoría de estos endeudamientos, como en el caso de Entre Ríos, se realizan en el exterior, a tasas elevadísimas y con la coparticipación federal como hipoteca. De lo que se deduce que el ingreso al default de una provincia argentina impactará negativamente en todo el país, en su precaria arquitectura financiera basada en el oscuro negocio de endeudar el Estado y que los próximos gobernantes paguen la fiesta de los actuales gobernantes.

Rápidamente y presionado por los estudios jurídicos que se dedican a cobrar suculentas comisiones por "colocar" estos bonos provinciales, desde el gobierno de Chubut salieron a explicar el furcio.
Sin embargo, el lapsus llamó la atención sobre la fragilidad de las economías provinciales y la irresponsabilidad fiscal de los gobernadores adictos al endeudamiento serial.

La lupa puesta sobre las precarias finanzas provinciales nunca es una buena noticia. Porque implica que subirán las tasas de los préstamos, aún más altas de lo que ya son. También subirán las comisiones de los bancos, operadores y estudios jurídicos que están en medio de este opaco pero frenético y lucrativo negocio de endeudar a la población para que los gobernantes gasten sin rendir cuentas.