Soy Superman y me chupan la pija

Lucas Carrasco-. Llevo muchos años aguantando golpes de la corporación política y periodística.  Y sin embargo, resucito y resucito. Nací para romper las pelotas.

Las redes antisociales



Salustriano-. De gran promesa de democratización de la palabra a cueva de mentiras. La manipulación de la realidad comienza con los trolls pagos y termina con los medios de comunicación que alimentan esos mitos, a través de supuesto "periodismo de investigación" para luego volverse sentido común.



Lo que parecía una promesa de democratización de la comunicación, se ha convertido en una mera ilusión. Las redes sociales son redes antisociales. Donde el anonimato lleva a envalentonar a personas que escriben barbaridades, difaman y siembran de mentiras y odios la red. Personas que en su vida cotidiana son personas normales. Son personas tranquilas. Son personas educadas y comunes. Pero en los comentarios de los sitios online dicen enormes barbaridades que no se animarían a decir en una reunión social con desconocidos cuando una red social o la participación en un hilo de comentarios en un sitio online es igual a eso, una reunión social con desconocidos. Pero si a esos desconocidos les dieran un teléfono para que se escuchen entre todos y los pusieran detrás de un biombo a cada uno, se volverían los monstruos que pueblan las redes sociales. Evidentemente la naturaleza humana no deja de sorprendernos.
La era la posverdad es la era de la manipulación a niveles nunca vistos en la historia de la humanidad con la creación de realidades paralelas, mentiras que se convierten en sentido común al ser instaladas en las redes antisociales por los trolls del gobierno y una vez que ya forman parte del sentido común se refuerzan con supuestas "investigaciones" de los medios oficialistas que no hacen más que reforzar lo que priori se instaló como sentido común.



La suma de cuentas hechas en Argentina en las redes antisociales más famosas como Twitter, Instagram y Facebook supera la cantidad de habitantes, al igual que la cantidad de teléfonos celulares que existen en Argentina supera el número total de la población. Esamos hiperconectados.
Esto quiere decir que la tecnología de la comunicación invade todas las clases sociales y no hace distinción de credos, ideologías, color de piel. En ese sentido parecerían democráticas, un avance civilizatorio. Pero son cada vez más los que ponen en duda esta afirmación. Entre apocalípticos e integrados, los primeros volvieron a cobrar vigor ante lo que está sucediendo con la revolución digital.
En sus comienzos, las redes sociales fueron exaltadas como las nuevas vías para una mejor comunicación. Para democratizar la palabra. Para que todos nos sintamos protagonistas.
Si bien en la red se decían muchas mentiras, en un principio, se detectaba el origen de la patraña y rápidamente se diluía sin mayores créditos. Hoy a través de la manipulación, al credulidad e ignorancia de mucha gente y el fanatismo de pequeñas minorías intensas, esas mentiras se multiplican hasta volverse parte del sentido común.



Como en la caverna de Platón, los internautas creen que la realidad son las sombras, no el fuego que proyecta las sombras de ellos mismos en sus cavernas.
La hegemonía, que Gramsci definió como la creación del sentido común hasta el punto de que los de abajo crean lo mismo que los de arriba, con lo cual las creencias de los opresores se vuelven sentido común, "realidad y verdad" también para los oprimidos, hoy podemos verla a diario a través del trabajo fino de la manipulación, que comienza en las redes antisociales.

¿Qué se puede hacer?

La educación debería crear ciudadanos conscientes de esta manipulación en las redes antisociales y un periodismo serio debería estar atento, en vez de potenciar los falsos rumores y operaciones, para desenmascarar estas constantes mentiras que nos rodean. Pero para el periodismo es más fácil montarse a la ola, para así conseguir clicks a sus notas sin importarles la difamación, el morbo, la bajeza, la calumnia. Así se retroalimenta un círculo vicioso tóxico donde es difícil escapar porque se corre el riesgo de parecer loco si uno contradice lo que parece una manada de fanáticos o se corre el riesgo de quedarse solo por no convalidar ese ambiente tóxico.
Con una educación de calidad y un periodismo serio, las redes antisociales podrían convertirse en redes sociales y servir para muchos fines positivos, sin lugar a dudas. De hecho hoy mismo sirven también para ser solidarios, para volver masiva la búsqueda de una persona desaparecida, para ayudar a los artistas sin espacio en los grandes medios, para descubrir nuevos talentos, informarnos de cuestiones serias, ayudarnos a estudiar e investigar.
Es el costado oscuro de las redes sociales lo que hay limitar difundiendo la consciencia crítica. Para que las redes antisociales sean verdaderas redes sociales.