La Unisectorial selfie contra el tarifazo

Pablo Mori-. Con la humildad -de convocatoria- que los caracteriza, se realizó en la Plaza 1º de Mayo de Paraná una concentración para manifestarse en contra de los aumentos en los servicios públicos.

La chamarrita en vías de extinción

 Antonina Della Marisa-. La chamarrita, como otras expresiones identitarias de la entrerrianidad, van quedando en el olvido.





Hace algunos años, un amigo me dijo "el rock es el folclore de la globalización". Lo decía despectivamente tanto hacia el rock como hacia la globalización.
La verdad es que la música está globalizada. En todas partes del mundo se escucha lo mismo. Van quedando pocas expresiones musicales autóctonas y las que quedan se fusionan con otras para darle un tinte globalizador porque a la vez los canales de distribución de la música son canales globales, como internet, por donde hoy en día pasa casi todo. Desde la música hasta las conversaciones, las fotos, las películas, las protestas sociales que se copian de un lado y se llevan a otro, las noticias mismas que se repiten en todo el globo. Si el soporte es el mismo es natural que se vayan volviendo uniformes los gustos culturales, en este caso, la música.
Es así que llegamos a considerar como algo ajeno las expresiones musicales de nuestro lugar de origen. Así como a la inversa nos parece cercano algo que esté a miles de kilómetros de distancia.



Cualquier argentino en Europa, en especial en los países latinos como España e Italia incluso Francia, habrá oído que le pregunten por el tango. Como si una escuchara tangos desde chiquita por ser argentina. En primer lugar, solo en la ciudad de Buenos Aires se escuchan tangos. En segundo lugar, son canciones de autores que están casi todos fallecidos y hay algunos tangos clásicos que tienen 70 años. Lo normal es que se conozcan diez como mucho canciones de tango sin tener mucha precisión sobre quiénes son los autores verdaderos, apenas un poco sobre los intérpretes. Pero de esos diez tangos ninguno tiene menos de 40 o 50 años. Por supuesto que hay nuevos músicos y nuevos compositores pero no es cierto que sean masivos ni atractivos para las nuevas generaciones en Argentina. En Buenos Aires no lo son porque las nuevas generaciones están mas conectadas a la cultura global y el tango es algo marginal o de culto, solo para entendidos en música que creen en otros países que en Argentina se baila tango en todas las esquinas. Fuera de Buenos Aires a la vez nadie escucha tango y la música autóctona, por lo menos la que se estudia en la escuela como tal es música folclórica, donde en cada provincia hay un ritmo distinto. En Entre Ríos es la chamarrita.
Por supuesto que si uno explica esto fuera de Argentina la única manera de volverlo comprensible es remitiendo a la figura del gaucho, que es otra superstición sobre Argentina y que es compartida incluso en Buenos Aires donde creen que lo que ellos llaman "el interior" es un lugar de vacas y gauchos. La chamarrita está en vías de extinción y el principal culpable es el propio entrerriano, al que no le interesa preservar su propia cultura. Por otra parte hay que entender que esta es la actitud normal en muchas partes del mundo incuso en culturas que se suponen cerradas como las distintas culturas árabes que emigran a Europa la mayoría de los jóvenes quieren integrarse a las nuevas sociedades donde viven y comparten sus gustos musicales y sus expresiones culturales aunque a menudo van incorporando elementos de su propia cultura que enriquecen la cultura general. A veces por cuestiones económicas estos inmigrantes quedan en la marginalidad siendo obligados a un repliegue entre los suyos donde la cultura de origen es el elemento de cohesión. Ahí está el caldo de cultivo del fanatismo religioso y el extremismo político.



Los entrerrianos no tenemos nada de eso porque somos el resultado de una gran asimilación de distintas culturas universales, incluso de árabes, en lo que se conoce un poco cándidamente como "crisol de razas" pero que si uno rastrea en la cultura que caracterizó a los entrerrianos encontrará semillas de verdad: aportes de distintas culturas, etnias y nacionalidades que se fueron juntando durante un siglo durante la inmigración. Por eso quizás también exista poco ánimo en preservar una identidad cultural fuerte y no se sienta ni nostalgia ni necesidad de defender algunas expresiones culturales que están en vías de extinción simplemente porque ya no representan a las nuevas generaciones, las cuales a su vez no sienten la necesidad de tener una identidad lugareña.